Audioclasica

29-IX-2017 El día de todas las esperanzas

Crédito: © Julia Wesely. El violinista Julian Rachlin

BARCELONA L’AUDITORI JULIAN RACHLIN, violín. OBC. KAZUSHI ONO, director. Obras de L. van Beethoven y Piotr Ilich Tchaikovsky. Aforo: 2.203 Asistencia: 90% El de la inauguración de la temporada es el día de todas las esperanzas. Después de ese impase demasiado prolongado que suponen las vacaciones musicales en esta atribulada ciudad, el espectador regresa a la sala de conciertos ya con las decepciones casi curadas y las ilusiones todavía intactas, curioso y ávido a partes iguales. Así que la obligación de cualquier concierto inaugural es la de alimentar esas expectativas, cargar de razones a quienes han renovado religiosamente su abono…

Crédito: © Julia Wesely. El violinista Julian Rachlin

Crédito: © Julia Wesely. El violinista Julian Rachlin

BARCELONA

L’AUDITORI

JULIAN RACHLIN, violín. OBC. KAZUSHI ONO, director.

Obras de L. van Beethoven y Piotr Ilich Tchaikovsky.

Aforo: 2.203 Asistencia: 90%

El de la inauguración de la temporada es el día de todas las esperanzas. Después de ese impase demasiado prolongado que suponen las vacaciones musicales en esta atribulada ciudad, el espectador regresa a la sala de conciertos ya con las decepciones casi curadas y las ilusiones todavía intactas, curioso y ávido a partes iguales. Así que la obligación de cualquier concierto inaugural es la de alimentar esas expectativas, cargar de razones a quienes han renovado religiosamente su abono e intentar fidelizar a aquellos que todavía vacilan en hacerlo.

Pues bien, el que este año ha abierto la temporada de la OBC ha cumplido de sobras con esos objetivos. Se fundamentaba en un programa sin desperdicio, de esos que un purista encontraría tal vez un punto condescendiente, pero en realidad entrañaba un compromiso serio para la orquesta y su director titular, porque abría y cerraba programa el Beethoven más heroico, primero con la obertura Egmont, después con la imponente Tercera. Oue realizó de ambas una lectura contenida, sin demasiadas sorpresas ni altibajos, aunque no faltaron desajustes que deslucieron el conjunto: especialmente discutible resultó la prevalencia de los metales, como si se hubiera querido depositar en ellos toda la heroicidad de las partituras, con el consiguiente detrimento de los matices aportados por las maderas.

Los títulos beethovenianos enmarcaron un Concierto para violín de Tchaikovski servido por el Stradivarius “ex Liebig” que empuña Julian Rachlin y allí se alcanzó el clímax absoluto de la velada. El violinista letón deslumbró con su técnica inapelable, pero todavía más con una sonoridad y una expresividad rutilantes. Hacer fácil lo dificilísimo de la partitura tchaikovskiana fue uno de los valores principales de su interpretación: dialogó espléndidamente con la orquesta –no sin provocar en aquella, por cierto, algunos apuros– y dejó unas cadencias de admirable virtuosismo –en especial la del Allegro moderato del primer movimiento–. Fue la mejor manera imaginable de abrir temporada y dejar la esperanza en todo lo alto.

Javier Velaza