Audioclasica

4-X-2017 A Trifonov le sale barba

Crédito: Darío Acosta.
El pianista Daniil Trifonov

BARCELONA L’AUDITORI DANIIL TRIFONOV, piano. Obras de F. Mompou, R. Schumann, E. Grieg, S. Barber, P. I. Tchaikovsky, S. Rachmaninov y F. Chopin. Aforo: 2.203 Asistencia: 95% Cada nueva visita de Daniil Trifonov a nuestro país ha de saludarse con entusiasmo, y no solamente porque el ruso es sin debate el pianista más deslumbrante de su generación, sino porque ello nos permite ir resiguiendo la senda de su evolución artística. En esta última comparecencia, hemos constatado que a Trifonov le ha salido barba, y no nos referimos solo a su aspecto físico –que también–, sino sobre todo a su lectura,…

Crédito: Darío Acosta. El pianista Daniil Trifonov

Crédito: Darío Acosta.
El pianista Daniil Trifonov

BARCELONA

L’AUDITORI

DANIIL TRIFONOV, piano.

Obras de F. Mompou, R. Schumann, E. Grieg, S. Barber, P. I. Tchaikovsky, S. Rachmaninov y F. Chopin.

Aforo: 2.203 Asistencia: 95%

Cada nueva visita de Daniil Trifonov a nuestro país ha de saludarse con entusiasmo, y no solamente porque el ruso es sin debate el pianista más deslumbrante de su generación, sino porque ello nos permite ir resiguiendo la senda de su evolución artística. En esta última comparecencia, hemos constatado que a Trifonov le ha salido barba, y no nos referimos solo a su aspecto físico –que también–, sino sobre todo a su lectura, más aún, a su vivencia de la partitura y a su concepto musical. Ese crecimiento, que era previsible en el caso de un adolescente prodigio, resulta ahora ya evidente pese a la juventud del artista. Y no es solo que Trifonov haya ganado en introspección o en intimismo, sino que, hoy por hoy, su profundidad interpretativa le discute ya el protagonismo a su celebrado virtuosismo técnico. Este Trifonov se explora –y nos obliga a explorarnos– en lo más recóndito de la partitura, alterna con sabiduría la elegancia, la exaltación, la reflexión, la delicuescencia o incluso el humor –privilegio este último de los artistas auténticos–.  Escucharle es hoy ya un ejercicio exigente, un diálogo con su madurez.

A todo ello viene a contribuir el interés y la coherencia de un programa de buena factura arquitectónica –en el que se basa también su último álbum doble editado por DG–, cuya primera parte se construye sobre páginas de homenaje a Frédéric Chopin, dejando para la segunda dos obras del propio compositor polaco. Es difícil decidir en qué parte del concierto haya que elogiar más la interpretación de Trifonov: tal vez con las Variaciones sobre un tema de Chopin de Frederic Mompou soprendiera ya a algunos por su intimismo, pero las perlas breves de Schumann, Grieg, Barber o Tchaikovsky resultaron inolvidables y en las Variaciones sobre un tema de Chopin de Rachmaninov desplegó un abanico expresivo y un rubato mesurado fascinantes. Los dos títulos chopinianos eran bien diferentes entre sí: con las Variaciones sobre ‘La ci darem la mano’ el pianista volvió a hacer gala de su abrumadora facilidad para la prestidigitación, mientras que la Sonata n. 2 en Sí bemol menor op. 35 –con su popular marcha fúnebre del tercer movimiento– fue servida con excelente balance entre tiempos. Las tres propinas que le siguieron –una versión del tercer movimiento de la Sonata para violoncelo, op. 65, la Fantasia-Impromptu en Do menor, op. 66, y el Vals en Do menor, op. 64 núm. 2– solo vinieron a ratificar que para Trifonov apenas si tiene ya secretos el  repertorio chopiniano. Y que esperamos su siguiente visita con la inquietud de los grandes acontecimientos.

Javier Velaza