Audioclasica

7-X-2017 Atreverse con Mahler

1_Barcelona_10_07_2017

BARCELONA PALAU DE LA MÚSICA CATALANA MARÍA ESPADA, soprano. ANNA ALÀS, mezzo. COR MADRIGAL (MIREIA BARRERA, directora), POLIFÓNICA DE PUIG-REIG (JOSEP MARÍA CONANGLA y EMMANUEL NIUBÒ, directores). ORQUESTRA SINFÒNICA DEL VALLÈS. VÍCTOR PABLO PÉREZ, director. Mahler: Sinfonía n. 2 “Resurrección” Aforo: 2.049 Asistencia: 85% Ninguna partitura de Mahler es baladí y menos todavía su Segunda Sinfonía, ese monumento musical que no solo requiere de una formidable orquesta, sino también de un coro poderoso y de solistas a la altura de la circunstancia. Pero es sabido que la fortuna ayuda a los atrevidos y en esta ocasión ha venido a premiar…

1_Barcelona_10_07_2017BARCELONA

PALAU DE LA MÚSICA CATALANA

MARÍA ESPADA, soprano. ANNA ALÀS, mezzo. COR MADRIGAL (MIREIA BARRERA, directora), POLIFÓNICA DE PUIG-REIG (JOSEP MARÍA CONANGLA y EMMANUEL NIUBÒ, directores). ORQUESTRA SINFÒNICA DEL VALLÈS. VÍCTOR PABLO PÉREZ, director.

Mahler: Sinfonía n. 2 “Resurrección”

Aforo: 2.049 Asistencia: 85%

Ninguna partitura de Mahler es baladí y menos todavía su Segunda Sinfonía, ese monumento musical que no solo requiere de una formidable orquesta, sino también de un coro poderoso y de solistas a la altura de la circunstancia. Pero es sabido que la fortuna ayuda a los atrevidos y en esta ocasión ha venido a premiar el estupendo trabajo llevado a cabo por Victor Pablo Pérez al frente de la Orquesta Sinfónica del Vallès y con el apoyo de la coalición entre el Cor Madrigal y la Polifònica de Puig-reig.

Desde una administración prudente de los tempi –quizás exageradamente lento para algunos gustos el del Allegro maestoso inicial– el director ha conseguido en todo momento unas dinámicas compensadas y, sobre todo –lo que sin duda constituye su mérito más destacable– ha subrayado esos juegos de texturas que son inherentes a la partitura mahleriana. A sus órdenes, el comportamiento de la orquesta ha sido en términos generales muy notable, más allá de algunos deslices puntuales de los metales –ajetreados tal vez con tanto salir y entrar del escenario– y alguna tosquedad de las maderas, nada lo suficientemente importante como para restar mérito al balance final del conjunto.

La exigente parte vocal estuvo asimismo bien satisfecha por los grupos corales y por las dos solistas –muy bien Anna Alàs en la parte de la mezzo y correcta también la soprano María Espada–, y entre todos condujeron a ese particular clímax final de la obra a un público entregado que premió a todos los intérpretes con una ovación larga, calurosa y verdaderamente merecida.

Javier Velaza