Audioclasica

24-X-2017 Andsnes high quality

© Özgür Albayrak

MADRID CICLO GRANDES INTÉRPRETES 2017. FUNDACIÓN SCHERZO AUDITORIO NACIONAL DE MÚSICA DE MADRID. SALA SINFÓNICA LEIF OVE ANDSNES, piano Obras de Sibelius, Widmann, Schubert, Beethoven y Chopin Aforo: 2.324  Asistencia: 60% Pasado el parón estival, Scherzo reanudaba su ciclo en curso con Leif Ove Andsness. Ante una escasa pero no menos ruidosa asistencia, el pianista noruego se presentaba en la Sala Sinfónica del Auditorio con un inspirador programa, tanto por su interés como por su carácter poliédrico, teniendo el estilo romántico como eje del mismo. Y como embajador ilustre que es de la música de origen nórdico, difícilmente igualables son…

© Özgür Albayrak

© Özgür Albayrak

MADRID

CICLO GRANDES INTÉRPRETES 2017. FUNDACIÓN SCHERZO

AUDITORIO NACIONAL DE MÚSICA DE MADRID. SALA SINFÓNICA

LEIF OVE ANDSNES, piano

Obras de Sibelius, Widmann, Schubert, Beethoven y Chopin

Aforo: 2.324  Asistencia: 60%

Pasado el parón estival, Scherzo reanudaba su ciclo en curso con Leif Ove Andsness. Ante una escasa pero no menos ruidosa asistencia, el pianista noruego se presentaba en la Sala Sinfónica del Auditorio con un inspirador programa, tanto por su interés como por su carácter poliédrico, teniendo el estilo romántico como eje del mismo. Y como embajador ilustre que es de la música de origen nórdico, difícilmente igualables son sus registros sobre su paisano Edvard Grieg, no podía faltar un compositor de aquellas tierras como en esta ocasión lo fue Jean Sibelius. Andsnes proponía una selección de cinco breves piezas dentro del nada desdeñable y muy desconocido corpus pianístico del finlandés. Así sonaron El abedul op.75 nº4, Impromptu op.97 nº5, Rondino II op. 68 nº2, El pastor op.58 nº4 y Romanza op. 24 nº9. Piezas cuyos refrescantes aromas folclóricos, de aparente sencillez, sirvieron a Andsnes para poner de manifiesto desde el principio su elegante y modélica concepción de la interpretación, a la luz de una sonoridad de exquisita delicadeza e infalible nitidez que hizo audible hasta el último detalle de estas partituras.

Una delicatesen que lejos de servir como simple aperitivo, destapó un tarro de esencias que vendría a constatarse con “Idyll y Abyss” Seis reminiscencias de Schubert, del alemán Jörg Widmann, figura emergente dentro del panorama compositivo actual. Es muy de agradecer que intérpretes de esta talla saquen los pies del gran repertorio para volver su mirada hacia la música de su tiempo, evidenciando que pasado y presente entrelazan una vez más sus manos para que la música continúe su inagotable viaje. Y qué mejor ejemplo de ello que estas seis sugerentes reminiscencias schubertianas creadas por Widmann. Andsness, con la partitura sobre el atril y provisto de gafas que remarcaban el sofisticado aspecto enfundado en un inhabitual traje gris marengo, completó una formidable lectura, tan enérgica como sutil sobre el contraste de atmósferas sonoras que Widmann propone en una suerte de diálogo entre su reflexiva visión y la evocación del espíritu musical del genio vienés. Que el expectante final en un delicado pianísimo se viera importunado por una horrenda tos no logró arruinar una más que gratificante sensación visible en la asistencia ante la brillante interpretación de Andsnes.

La lógica programática imponía que la siguiente obra perteneciese obviamente al propio Schubert, con ese monumento redivivo de la literatura pianística que son las Tres piezas D.946, nuevamente presentes esta temporada tras la excelente versión de Perianes en marzo. Una vez más el noruego dejó una interpretación de indudable belleza en el cuidado de una sonoridad límpida, alrededor de un evocador tono poético, que sin embargo pudo acusar cierta languidez, lejos del ardor expresivo imperante en las dos primeras piezas, apoyadas sobre unos tempi algo pesantes que no dejaron fluir con claridad el torrente de lirismo que caracteriza su fraseo. Aspecto que no obstante compensó en el Allegro de la tercera, pleno de intensidad y carácter, sin perder un ápice de la claridad que acostumbra.

Un vigor interpretativo que mantuvo para afrontar la siempre compleja Sonata Nº17 en Re menor op. 31/2 “La tempestad” de Beethoven, en una luminosa versión, impecable en la articulación y la distinción de dinámicas y planos sonoros. Impetuoso y pasional en el Largo-Allegro, sobresaliente en la concepción de su desarrollo formal, con instantes sublimes como el pequeño recitativo que concluye la exposición. Un adagio hermoso aunque por momentos algo acelerado, sobre todo en los elementos ornamentales, y un absolutamente soberbio Allegretto final, deslumbrante por su impulso rítmico y contundencia. Beethoven en estado puro con un Andsnes en verdadero estado de gracia, arrancando enfervorecidos bravos en el público.

No fue menos el capítulo final dedicado a Chopin, con un deleitable Nocturno en Si mayor op. 62 Nº1, uno de los más singulares de la colección en el que sencillamente resultó magistral la definición de la línea melódica, dando paso sin solución de continuidad a una de las interpretaciones más extraordinarias y trascendentales que se puedan haber escuchado de la celebérrima Balada Nº1 en Sol menor op. 23, a la que tal vez se le podría haber pedido algo más de contención en el tema inicial pero que resultó insuperable por su desarrollo posterior, en una intensidad creciente que circuló con fluidez hasta el apoteósico final. Una versión de tintes épicos.

Anunciada por el propio Andsnes, lo que es muy de agradecer, tomen nota el resto, ofreció como propina nada menos que la Balada Nº3, también del compositor polaco. Bien podría haber formado parte del programa, pero la sorpresa resultaría grata, primero por la sorpresa en sí y también porque terminó por convertirse en una de las interpretaciones más desatacadas de la velada junto a su homónima anterior. No obstante sería una deliciosa y virtuosística pieza de Sibelius la encargada de cerrar un círculo comenzado por su figura y trazado con maestría por un intérprete de referencia, en una fascinante fase de madurez cuyas señas de identidad son la elegancia, la precisión y la absoluta fidelidad tanto a la partitura como a la calidad del propio sonido. Un intérprete high quality.

Juan Manuel Rodríguez Amaro