Audioclasica

15-XI-2017 Jaroussky inteligente, Händel comunicativo

Philippe Jaroussky en el Palau de la Música de Valencia. Créditos: Eva Ripoll.

Valencia Otoño 2017. Abono 6. Palau de la Música. Sala Iturbi PHILIPPE JAROUSSKY, contratenor. ENSEMBLE ARTASERSE. Obras de George F. Händel Aforo: 1.817 Asistencia: 90% La última vez que Philippe Jaroussky estuvo en Valencia fue para presentar su disco sobre composiciones sacras de Vivaldi en 2014. Entonces, invitado por el Oceanogràfic de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, aprovechó para cantar con las belugas que el centro custodia. Puede parecer una excentricidad pero este hecho, según cuenta él mismo, le llevó a escuchar los sonidos de estos animales, al tiempo que a reflexionar sobre su emisión y su sentido…

Philippe Jaroussky en el Palau de la Música de Valencia. Créditos: Eva Ripoll.

Philippe Jaroussky en el Palau de la Música de Valencia. Créditos: Eva Ripoll.

Valencia

Otoño 2017. Abono 6. Palau de la Música. Sala Iturbi

PHILIPPE JAROUSSKY, contratenor. ENSEMBLE ARTASERSE.

Obras de George F. Händel

Aforo: 1.817 Asistencia: 90%

La última vez que Philippe Jaroussky estuvo en Valencia fue para presentar su disco sobre composiciones sacras de Vivaldi en 2014. Entonces, invitado por el Oceanogràfic de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, aprovechó para cantar con las belugas que el centro custodia. Puede parecer una excentricidad pero este hecho, según cuenta él mismo, le llevó a escuchar los sonidos de estos animales, al tiempo que a reflexionar sobre su emisión y su sentido comunicativo. Precisamente es en este doble ámbito donde hay que situar sus preocupaciones como cantante: investigación técnica y expresión.

Desde esta perspectiva Jaroussky ha abordado trabajos como Green (2015), un doble CD en el que revisita, como lo había hecho en Opium (2009), algunas mélodies cuyo nexo de unión son los textos de Paul Verlaine. A finales de 2016 prestó su voz a un pastiche que ensarta arias de Monteverdi, Rossi y Sartorio para contar La Storia di Orfeo (Erato, 2017). En el campo vanguardista Kaija Saariaho compuso para él Only The Sounds Remain, grabada en la Dutch National Opera y recién presentada en blue-ray. Esta ópera se verá en Madrid en la próxima temporada. Y como propósito, el francés tampoco descarta adentrarse en territorios electrónicos antes de que la prestancia de su voz se vea mermada por la edad. Él mismo pone fecha al final de su carrera: dice haber recorrido la mitad de su camino cuando se acerca a los cuarenta.

Este vasto campo no es extraño en el mundo de los contratenores, desde Alfred Deller (1912-1979) y Russell Oberlin (1928-2016), quienes formaron pareja en algún momento con Michel Tippett, Benjamin Britten y Leonard Bernstein, hasta los más jóvenes, David Daniels, Bejun Mehta o Carlos Mena. No hace mucho escuchamos a William Purefoy en Café Kafka de Francisco Coll. Esta multiplicidad de facetas tampoco es ajena al presente de la corriente historicista en la que se sitúa este tipo vocal. Vean si no lo que hace Chirstina Pluhar y Valer Sabadus con un Händel asalvajado, inmerso en una jam session. No obstante, como el propio Jaroussky declara, la de contratenor es una voz bastante nueva. Es diferente a la de los castrati que cantaban la mayor parte de roles como los que aborda en The Händel Album: Senesino, Andreoni y Gizziello, y a la de las mujeres a las que dejaron un mínimo porcentaje.

Desde la perspectiva técnica, Jaroussky hace tiempo que trabajó su instrumento para mejorar la proyección y hacerla más natural. Aunque su sonido no es demasiado grande llega con definición y claridad a la última fila del auditorio, cosa que con otras cantantes del mismo repertorio no sucede. En este recopilatorio el solista ha ajustado la tonalidad de las arias, las ha subido, para que le resulten más cómodas, un procedimiento habitual en el Barroco. Sus graves tienen poca entidad, aunque a veces los abre hábilmente. Además llena su sonido de infinitos matices, tanto en color como en dinámica. El filado de algunos versos de “Se potessero i sospir’miei” de Imeneo fue hermoso y llama la atención la delicadeza de sus trinos. Es ágil en los ornamentos y aunque muestra su carácter en las arias de bravura su canto es reposado, lo cual favorece su escucha atenta.

Este último aspecto entra en el apartado comunicativo. El concierto fue ganando en tensión a la vez que en expectación. Pocas veces se percibe un público tan inmerso en la música. Toses hubo bien pocas. Para ello, Jaroussky fluctúa entre el suspense del recitativo “Son stanco”  y la amargura de “Deggio morire oh stelle!” de Siroe, muy bien presentados por el Ensemble Artaserse, y el genio cambiante de “Rompo i lacci” de Flavio, con unos floreos de mucho vuelo. Entre una y otra pasó por la turbación de “Vieni d’empietà” de Radamisto y la languidez de  “Che più si tarda omai” de Tolomeo. La deleitación en el fraseo y en la intención llegó a su máximo grado en el primero de los bises: “Susurrate, onde vezzose” de Amadigi di Gaula. Le siguió “Sì, la voglio e l’otterrò”, de Serse, ambas incluidas en el compacto, en un divertido juego de espejos entre solista y músicos. Finalmente, el contratenor tuvo la habilidad de ofrecer “Ombra mai fu” como tercer bis y conclusión. Una pieza conocida entre otras menos populares que produjo gran satisfacción en quien la esperaba, lo cual fue muy evidente en un sector del público que al salir formó una larga cola para que le dedicase el disco y hacerse fotos.

El engarce de piezas instrumentales y arias es tan inteligente que apenas deja parpadear. Una lleva a la otra y solo cuando solista y ensemble lo consideran conveniente permiten aplaudir. Una gracia. Jaroussky es el director artístico del Ensemble Artaserse, al cual dice dirigir artísticamente pero no físicamente. Así se vio en este recital. Cuando no canta se sienta detrás del clave para volver a aparecer sin dar la más mínima indicación a los músicos. De ello se encarga Raúl Orellana, quien comanda una sección de violines límpida y un conjunto disciplinado, contrastante también en tímbrica y afectos. Me pareció interesante el compacto bloque formado por la sección del bajo continuo, al igual que el oboista que dio continuidad al “Adagio” del Concerto grosso op. 3 nº 3 en el aria “Rompo i lacci” de Flavio. En manos del conjunto estuvo la obertura de Radamisto, algunos números de los Concerti grossi op. 3 y 6 y la sinfonía del oratorio Solomon, “Arrival of the Queen of Sheba”, no prevista inicialmente. Otro guiño popular.

DANIEL MARTÍNEZ BABILONI