Audioclasica

18-XII-2017 Volver a casa por Navidad

MADRID. Temporada de Ópera. Teatro Real YOLANDA AUYANET, Mimí. PIERO PRETTI, Rodolfo. ALESSANDRO LUONGO, Marcello. CARMEN ROMEU, Musetta. MANEL ESTEVE, Schaunnard. FERNANDO RADÓ, Colline. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. PAOLO CARIGNANI, director. Dirección escénica de RICHARD JONES. Giacomo Puccini: La Bohème Aforo: 1.746 Asistencia: 99 % El Teatro Real retorna en esta temporada a los grandes éxitos operísticos, y en el caso de Puccini lo hace sin arriesgar, apostando por lo sabido y congraciándose con el sector del público que quedó huérfano durante la etapa artística previa. Se corre el riesgo de no ofrecer nada nuevo, y del mismo modo que en…

Una escena del Acto II de La Bohème en el Teatro Real (crédito fotográfico: Javier del Real)

Una escena del Acto II de La Bohème en el Teatro Real (crédito fotográfico: Javier del Real)

MADRID. Temporada de Ópera. Teatro Real

YOLANDA AUYANET, Mimí. PIERO PRETTI, Rodolfo. ALESSANDRO LUONGO, Marcello. CARMEN ROMEU, Musetta. MANEL ESTEVE, Schaunnard. FERNANDO RADÓ, Colline. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. PAOLO CARIGNANI, director. Dirección escénica de RICHARD JONES.

Giacomo Puccini: La Bohème

Aforo: 1.746 Asistencia: 99 %

El Teatro Real retorna en esta temporada a los grandes éxitos operísticos, y en el caso de Puccini lo hace sin arriesgar, apostando por lo sabido y congraciándose con el sector del público que quedó huérfano durante la etapa artística previa. Se corre el riesgo de no ofrecer nada nuevo, y del mismo modo que en las notas al programa de mano encontramos más o menos un refrito de la monografía pucciniana de Mosco Carner, en el escenario encontramos más o menos una planicie de ideas, que alcanza su cota más alta en la elegante y esbelta escenografía modular de base realista de Stewart Laing (especialmente bien resuelta en el cambiante acto del barrio Latino). Inexplicablemente, nos encontramos también con una dirección de actores de la vieja escuela escasa en imaginación, en la que sufre sobre todo un Rodolfo desnortado entre el ideal de amante romántico que pretende encarnar y una indefinición psicológica que acaba desembocando en una irrelevancia dramática casi absoluta.

Puccini es víctima una vez más de su tan cacareada moderna sensibilidad, la cual parece excusar a los responsables escénicos de proponer algo nuevo, y eso que en esta obra encontramos ingredientes para levantar un espectáculo verdaderamente moderno. No estamos ante una ópera convencional, y así el autor nos hace saber que estamos frente a unas simples “escenas de la vida bohemia”. Es decir, retazos de vida sin pretensión de continuidad, y cuyos personajes son tanto la miseria y el maltrato como, accidentalmente, lo son los bohemios y sus amantes. Ciertamente, el libreto idealiza la pobreza y nos oculta las discusiones de la pareja principal (a la vez que presenta en tono humorístico las de la pareja secundaria), mientras Puccini se encarga con su música de dulcificar a sus personajes y difuminar los momentos más oscuros de la acción dramática. Pero a la postre estamos ante un escenario de marginalidad en el que los personajes femeninos luchan por su supervivencia y realización personal en un mundo masculino que les obliga a elegir entre los roles de santa y de puta. Y en el que, por cierto, la segunda corre mejor suerte que la primera.

Amparados en una dirección orquestal colorista y ágil, pero dispuesta a subrayar algunos momentos escogidos de la partitura para evitar la monotonía, el éxito de la propuesta se confió por entero a las voces que, en el caso del segundo reparto, respondieron de forma muy satisfactoria. Brilló de forma especial Yolanda Auyanet como Mimí, con momentos flojísimos como actriz (el desmayo y su instantánea recuperación en el Acto I, seguramente no ayudó la ausencia de mobiliario), pero excelsa en lo vocal, tanto por la belleza como por el control del material, una lírica inequívocamente pucciniana que convirtió sus intervenciones solistas en un regalo a los oídos. Cumplió sobradamente Piero Pretti como Rodolfo, quien mantuvo sin problemas aparentes los Do agudos que marca la tradición y acometió el rol con oficio y talante juvenil sin sufrir sobresalto alguno. El resto del reparto de bohemios -desde la Musetta de Carmen Romeu hasta el Colline de Fernando Radó- atestiguaron la buena salud de las nuevas generaciones.

Pese a la cálida respuesta del público -aplausos y tímidos vítores al final de las arias-, creemos que las emociones despertadas por este espectáculo no fueron todo lo intensas que podrían llegar a ser. Solo queda despedirse hasta el próximo Puccini, esperando que, esta vez sí, tenga algo nuevo que ofrecer.

 

RAFAEL FERNÁNDEZ DE LARRINOA

essay writing servicepay for essaybuy custom essays