Audioclasica

22-I-2018 Un elisir infalible

© A. Bofill
Un momento de la representación de L’elisir d’amore

BARCELONA Gran Teatre del Liceu. Temporada 2017-2018 PRATT, BRESLIK, BORDOGNA, CANDIA, GANCEDO. ORQUESTRA SIMFÒNICA I COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. RAMÓN TEBAR, DIRECCIÓN MUSICAL. MARIO GAS, DIRECCIÓN ESCÉNICA. MARCELO GRANDE, ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO Gaetano Donizetti: L’elisir d’amore Aforo: 2286 Asistencia: 90% Por tercera vez desde 2005 subía a la escena liceísta la exitosa producción de Mario Gas para L’elisir d’amore que, pese a las tres décadas ya transcurridas desde su primera concepción, no ha perdido su frescura y su acertado balance entre lo cómico y lo melodramático en su viaje hacia los suburbios romanos de la década de los…

© A. Bofill Un momento de la representación de L’elisir d’amore

© A. Bofill
Un momento de la representación de L’elisir d’amore

BARCELONA

Gran Teatre del Liceu. Temporada 2017-2018

PRATT, BRESLIK, BORDOGNA, CANDIA, GANCEDO. ORQUESTRA SIMFÒNICA I COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. RAMÓN TEBAR, DIRECCIÓN MUSICAL. MARIO GAS, DIRECCIÓN ESCÉNICA. MARCELO GRANDE, ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO

Gaetano Donizetti: L’elisir d’amore

Aforo: 2286 Asistencia: 90%

Por tercera vez desde 2005 subía a la escena liceísta la exitosa producción de Mario Gas para L’elisir d’amore que, pese a las tres décadas ya transcurridas desde su primera concepción, no ha perdido su frescura y su acertado balance entre lo cómico y lo melodramático en su viaje hacia los suburbios romanos de la década de los treinta del pasado siglo. La impecable dirección de actores, la sencillez y eficacia de los gags –por ejemplo, el inicio en falso, sin director, del segundo acto–, los coups d’effet de las entradas de Belcore y Dulcamara y del sorpresivo saludo final, así como el colorido de la fiesta de compromiso que inaugura el acto segundo contribuyen de manera decisiva a redondear una propuesta siempre bienvenida, como demostró la ovación tumultuosa que refrendó la velada.

© A. Bofill  Jessica Pratt y Pavol Breslik

© A. Bofill
Jessica Pratt y Pavol Breslik

Escasos reproches cabe mencionar para el reparto: la coqueta y caprichosa Adina estuvo defendida por la apropiada coloratura de Jessica Pratt, de graves cuidadosos y reguladores ajustados, con momentos de gran despliegue vocal, caso de la escena con Dulcamara “Quanto amore!” y la espléndida cabaletta “Il mio rigor dimentica”; tampoco fueron a la zaga sus duetos con el cándido Nemorino de Pavol Breslik, de buen fiato y voz cálida y con cuerpo, cuya esperada “Una furtiva lagrima”, dicha con sentimiento y ejecución muy notables, recibió sin embargo menor aplauso del merecido. Por su parte, sorprendió el timbre penetrante de Mercedes Gancedo (Giannetta) y cumplieron con creces Paolo Bordogna (Belcore), desigual en registros pero poderoso en la zona aguda, y Roberto de Candia como Dulcamara, flexible en la articulación y especialmente entonado en el segundo acto.

El coro, nítido y equilibrado, y la orquesta, fresca y con protagonismos solistas bien resueltos, se amoldó con suficiencia a la visión lírica y danzante de Ramón Tebar, vivaz en los perfiles rítmicos cambiantes, de tempi muy controlados y moderado en los ritenuti: una dirección elegante para un “elixir” de efectos probados…

Germán Gan Quesada