Audioclasica

17-II-2018 Una Salomé de excepción

BILBAO TEMPORADA DE LA ABAO. Palacio Euskalduna HOLLOWAY, BRENNA, SILINS, KOMLÓSIZ, ATXALANDABASO, MINARELLI. BILBAO ORKESTRA SINFONIKOA. CORO DE LA ÓPERA DE BILBAO. FRANCISCO NEGRÍN, director de escena. ERIK NIELSEN, director musical. Richard Strauss: Salomé Aforo: 2124  Asistencia: 88,7% Siempre he encontrado sorprendente que una opera como Salomé, cuyo texto bucea en las mas bajas pasiones hasta casi resultar desagradable, y cuya música es de difícil recepción incluso para el oyente mas preparado, haya tenido un éxito continuado desde su estreno en Dresde en 1905. Éxito de público, que no de crítica ya que en su momento se mostró implacable sobre…

copyright ABAO-E. MORENO ESQUIBEL

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BILBAO

TEMPORADA DE LA ABAO. Palacio Euskalduna

HOLLOWAY, BRENNA, SILINS, KOMLÓSIZ, ATXALANDABASO, MINARELLI. BILBAO ORKESTRA SINFONIKOA. CORO DE LA ÓPERA DE BILBAO. FRANCISCO NEGRÍN, director de escena. ERIK NIELSEN, director musical.

Richard Strauss: Salomé

Aforo: 2124  Asistencia: 88,7%

Siempre he encontrado sorprendente que una opera como Salomé, cuyo texto bucea en las mas bajas pasiones hasta casi resultar desagradable, y cuya música es de difícil recepción incluso para el oyente mas preparado, haya tenido un éxito continuado desde su estreno en Dresde en 1905. Éxito de público, que no de crítica ya que en su momento se mostró implacable sobre todo con la temática de base. Nuestro recordado divulgador José Luis Pérez de Arteaga nos cuenta como Richard Strauss, en pleno proceso creativo interpretó al piano algunos pasajes para Mahler y que éste, tras una representación en Berlín en 1906 declaró: “es la obra de un genio…y una de las más importantes de nuestra época”. Fauré también dio su aprobación a lo que definió como “un poema sinfónico con partes vocales añadidas”. La presencia permanente de Salomé en los escenarios pone a prueba a los directores de escena y no menos a los fosos de los teatros de ópera. La orquesta Sinfónica de Bilbao, con su director titular Erik Nielsen, fue una de las protagonistas de la velada. Sonido espectacular y total integración en el drama, con un cuidado especial en las dinámicas y en el tratamiento de los leitmotiv que dan soporte a personajes y situaciones. Impresionante Jennifer Holloway como Salomé. Perfecta para este personaje que raya lo imposible exigiendo un registro lírico spinto con altísimas dosis de dramaturgia para atrapar al público. Egils Silins fue un Jochanaan perfecto con físico y voz para enfrentarse a este papel de barítono de centros impresionantes con efusiones en el agudo que deben sobrecoger. Al parecer Strauss no comulgaba con los tenores en los que veía el rancio italianismo. Incluso ironizó con ellos en su ópera El caballero de la rosa. Pero esto no impidió que escribiera grandes papeles. Herodes exige un tenor lírico-ligero de muchos quilates, muy bien defendido por Daniel Brenna. No deja de sorprendernos la evolución vocal de Mikeldi Atxalandabaso que, partiendo también de la base lírico-ligera, se consolida en papeles que se adentran en terrenos de más peso como el capitán sirio Narraboth, enamorado hasta el suicidio. La escena recoge las esencias del texto de Oscar Wilde que Richard Strauss respetó y revalorizó en su libreto. Ominipresencia de la luna como astro que influye en la conducta humana y a la vez celda del profeta a decapitar. Llegado a este punto, es de agradecer que la puesta en escena de Francisco Negrín nos mostrara el cuerpo inerte del profeta con una bandeja de plata bajo su cabeza simbólicamente cortada, y no separada entre las manos ensangrentadas de Salomé.

 

Daniel Garay

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