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5-IV-2018 Byron toma la palabra

Il corsaro de Giuseppe Verdi
Palau de Les Arts
26-3-2018 València
Fotografías Miguel Lorenzo / Mikel Ponce

Il corsaro, Palau de Les Arts de Valencia. Fotografías Miguel Lorenzo / Mikel Ponce Valencia Temporada 2017/2018. Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal MICHAEL FABIANO. EVGENY STAVINSKY. KRISTINA MKHITARYAN. OKSANA DYKA. VITO PRIANTE. IGNACIO GINER. ANTONIO GÓMEZ. NICOLA RAAB, director de escena. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANCESC PERALES, director. ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. FABIO BIONDI, director musical. Giuseppe Verdi: Il Corsaro Aforo: 1412 Asistencia: 100 % Después del intenso Peter Grimes vivido en febrero este Verdi escasamente  representado se antojaba poca cosa. Sólo Barcelona en concierto (2004) y Bilbao con una puesta clásica (2010) han precedido a Les…

Il corsaro de Giuseppe Verdi Palau de Les Arts 26-3-2018 València Fotografías Miguel Lorenzo / Mikel PonceIl corsaro, Palau de Les Arts de Valencia. Fotografías Miguel Lorenzo / Mikel Ponce

Valencia

Temporada 2017/2018. Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal

MICHAEL FABIANO. EVGENY STAVINSKY. KRISTINA MKHITARYAN. OKSANA DYKA. VITO PRIANTE. IGNACIO GINER. ANTONIO GÓMEZ. NICOLA RAAB, director de escena. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANCESC PERALES, director. ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. FABIO BIONDI, director musical.

Giuseppe Verdi: Il Corsaro

Aforo: 1412 Asistencia: 100 %

Después del intenso Peter Grimes vivido en febrero este Verdi escasamente  representado se antojaba poca cosa. Sólo Barcelona en concierto (2004) y Bilbao con una puesta clásica (2010) han precedido a Les Arts. El italiano escribió Il Corsaro para concluir su contrato con el editor Francesco Lucca, quien estaba peleado con Ricordi por los derechos de Nabucco. El compositor la terminó sin saber qué teatro la acogería y, según se dice, cuando estuvo preparada para el Teatro Grande de Trieste, en octubre de 1848, se desentendió. Su costumbre era la contraria: solía cuidar al máximo los detalles de cada estreno. La ópera no tuvo éxito.

Pese a la revolución y a los conflictos independentistas su presencia en el libreto es escasa. Verdi estuvo tentado de poner música a este poema autobiográfico de Byron, versionado por Piave, en varias ocasiones pero en ninguna lo logró. Y a pesar de que se ha presentado como una obra enigmática la trama es esquemática. Corrado es un corsario huraño, impulsivo y tendente a la melancolía. Medora, su amante, le previene de embarcar contra el turco, ya que tiene funestos presentimientos. Él la desoye. En tierra infiel el pirata libera un serrallo y Gulnara, la favorita del Bajá Seid que mora  allí, se enamora de él. No obstante, lo apresan y lo condenan a muerte, pero la odalisca huye con él. Y al volver ambos a la isla muere hasta el apuntador.

Nicola Raab, quien debutaba en una coproducción propia de este teatro con la Opéra de Monte-Carlo (en 2012 vimos su Thaïs del GöteborgsOperan), acude al monólogo interior y funde en una misma persona a poeta y protagonista. Por tanto, el espectador asiste a la creación literaria en directo: en forma de recuerdos, como relecturas de lo escrito o frustración ante la página en blanco. En algún momento prende la llama del ingenio y en otros es la llama la que prende los esbozos desechados, y la escena. Así hasta que los fantasmas del escritor lo envuelven y lo destruyen. Es un planteamiento interesante, pero supone un riego que no tuvo correlación en su ejecución.

Para crear ese mundo interior George Souglides recurre a videocreaciones y cortinajes de plástico transparente que desfiguran a quien está detrás a modo de alucinación (Corrado/Byron parece que bebe absenta). Como localizaciones se proyectan fragmentos de pinturas románticas orientalistas que más bien parecen láminas de un calendario. Es tal la abstracción que se pierden las referencias espaciales y dramáticas más allá del harén. Incluso hay muertos que no mueren. El movimiento de algunos figurantes como sombras fue sugerente, pero apenas hay directrices para los actores. El vestuario es feo, sin paliativos: el pachá parece un títere de cachiporra y el coro no se sabe bien qué es. El conjunto fue abucheado por el público en su presentación.

Fabio Biondi, quien concluyó estos mismos días la integral de los Conciertos de Brandemburgo en este coliseo, redujo la orquesta al tamaño y a la disposición que pensó Verdi: vientos y percusión a la derecha, cuerdas a la izquierda con cuatro contrabajos al fondo. Además, elevó el foso para acercarla a las tablas, y con ello los decibelios. Esas voces interiores a las que aludía la escena están justificadas en la partitura (por ejemplo, en el agitato del duetto de Medora y Corrado en el primer acto) pero cobraron excesivo protagonismo con la forma en la que aparecieron. Por tanto, las partes que contribuyeron al subrayar lo psicológico fueron las instrumentales: el clarinete en el Preludio o un magnifico dúo de chelo y viola en la escena de la prisión.

En lo vocal, Michael Fabiano lució un sonido poderoso, ancho y maleable. No obstante, su vigor le llevó a balancear el duetto antes mencionado a su favor y a evitar fundir su timbre con el de Kristina Mkhitaryan, muy bonito. La rusa fue delicada en la expresión. Perfila sus líneas melódicas con muchísimo gusto y minuciosidad. Oksana Dyka mostró un sonido grande y desproporcionado, a veces áspero, con formas rudas. Vito Priante fue quien más sufrió el volumen orquestal. Sin embargo, sus dificultades para proyectar fueron compensadas por un estilo impecable. El resto de papeles menores, entre ellos el Giovanni de Evgeny Stravinsky, cumplieron con creces, al igual que los miembros del coro a solo o en conjunto.

La siguiente función a la comentada se transmitió en directo en la plataforma OperaVision y estará disponible hasta el próximo octubre en este enlace.

DANIEL MARTÍNEZ BABILONI