Audioclasica

23-IV-2018 Demonios eslavos

© A. Bofill. Conclusión

BARCELONA Gran Teatre del Liceu. Temporada 2017-2018 SILIŅŠ, GRIGORIAN, TSYMBALYUK, MOROZOV. ORQUESTRA SIMFÒNICA I COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. MIKHAIL TATARNIKOV, dirección musical. DMITRY BERTMAN, dirección escénica. HARMUT SCHÖRGHOFER, escenografía y vestuario. Anton Rubinstein: Demon Aforo: 2286 Asistencia: 80% Como apuesta singular de la temporada del Liceu, subió a su escena el postergado Demon, de Anton Rubinstein, una coproducción con la Helikon Opera moscovita y los teatros de Nürnberg y Bordeaux que se convirtió, por la luctuosa circunstancia de su fallecimiento, en sobrevenido homenaje al barítono Dmitry Hvorostovsky, inicialmente previsto para defender el papel titular de la ópera. No…

© A. Bofill. Conclusión

© A. Bofill. Conclusión

BARCELONA

Gran Teatre del Liceu. Temporada 2017-2018

SILIŅŠ, GRIGORIAN, TSYMBALYUK, MOROZOV. ORQUESTRA SIMFÒNICA I COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. MIKHAIL TATARNIKOV, dirección musical. DMITRY BERTMAN, dirección escénica. HARMUT SCHÖRGHOFER, escenografía y vestuario.

Anton Rubinstein: Demon

Aforo: 2286 Asistencia: 80%

Como apuesta singular de la temporada del Liceu, subió a su escena el postergado Demon, de Anton Rubinstein, una coproducción con la Helikon Opera moscovita y los teatros de Nürnberg y Bordeaux que se convirtió, por la luctuosa circunstancia de su fallecimiento, en sobrevenido homenaje al barítono Dmitry Hvorostovsky, inicialmente previsto para defender el papel titular de la ópera.

No faltaron soluciones interesantes en la propuesta visual de Dmitry Bertman, en especial la síntesis de la caracterización especial a partir de la perspectiva elíptica propiciada por la gran estructura circular que, inspirada en una imagen de El Bosco, presidía la escena y acogía la proyección, en numerosos momentos insípida, de imágenes videográficas: una correcta iluminación, fundada en la distribución de sombras, la elección de ámbitos cromáticos básicos (rojo, dorado, blanco/negro) para la definición de atmósferas argumentales o la concepción dual complementaria, en gestualidad y registro vocal de los roles de Demonio y Ángel –para lo cual se decidió, de modo un tanto forzado, la concesión de este último a un contratenor– fueron algunos de estos atributos encomiables. Al mismo tiempo, y como mostró la acogida del equipo escénico con cierta división de opiniones, existieron rasgos mucho menos afortunados: la supresión de algunos números (el coro inicial, el ballet del acto segundo), la gratuidad del movimiento escénico del coro –así, en la escena tercera del primer acto)– o el simbolismo inane, en esa misma escena y en la conclusión, del elemento coreográfico.

© A. Bofill. Acto IV-Silins-Grigorian-Mynenko

© A. Bofill. Acto IV-Silins-Grigorian-Mynenko

Similar discontinuidad pudo apreciarse en el reparto, recibido con aplauso suficiente, aunque no entusiasta. Dominaron en él la Tamara de Asmik Grigorian, de cuerpo vocal notable y amplio registro mostrados en su lamento del segundo acto, y Egils Siliņš (Demonio), robusto ma non troppo y, por consiguiente, más cómodo en la dimensión lírica de su personaje que en la recreación de su poderío diabólico, como se demostró en el intenso dúo del acto tercero y en la negación de su redención amorosa. Junto a ellos –y sin obviar el timbre penetrante de Yuriy Mynenko (Ángel) y el dominio escénico de Roman Ialcic (Sirviente de Sinodal)–, cabría destacar la nobleza expresiva del Príncipe Gudal de Alexander Tsymbalyuk, por encima de la irregular prestación de Igor Morozov como Príncipe Sinodal, la escasa proyección de cuya clara voz limitó el brillo de sus intervenciones protagonistas.

© A. Bofill. Acto I

© A. Bofill. Acto I

Por su parte, el coro supo aprovechar su indudable protagonismo, mientras que la orquesta –con intervenciones solistas de violonchelo y maderas bien resueltas– pugnó por conseguir un difícil equilibrio entre las dimensiones líricas y dramáticas de la partitura; lo logró especialmente en un brillante acto segundo, donde Mikhail Tatarnikov tradujo con suficiencia su carácter más compacto y el ajuste de los números de conjunto y contrapesó, así, los tropiezos rítmicos en el acompañamiento del primer acto y el posterior balance dinámico mejorable en el tercero. Carencias más disculpables, sin embargo, en un título cuyo carácter novedoso en el cartellone ya justificaba de sobra el esfuerzo puesto en su presentación.

Germán Gan Quesada