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23-VI-2018 De la luz a las sombras

MADRID TEATROS DEL CANAL 2017/2018 Coreografía: LUIS SERRANO y JOSÉ MANUEL CARREÑO, sobre la original de Marius Petipa. Música: LUDWIG MINKUS. Escenografía: RAÚL FONT. Diseño de vestuario: MARCO REYNA. BALLET DE MONTERREY. Nikiya: JUNNA IGE. Solor: ERNESTO MEJICA. Gamzatti: DEBORAH RODRÍGUEZ. Ídolo de bronce: BRIAN RUIZ. El Gran Brahman: HUMBERTO MONTERO. El Rajá: GUILLERMO VILLAFUERTE. Guerrero principal: DAYNIER RIVERO. Fakir principal: NICOLÁS MERENDA. LA BAYADERA Los Teatros del Canal han incluido esta temporada en su agenda una obra esencial del repertorio clásico, La bayadera. Este ballet, estrenado en San Petersburgo por el Ballet Imperial en 1788, fue un éxito desde…

© Jaime Villanueva

MADRID

TEATROS DEL CANAL 2017/2018

Coreografía: LUIS SERRANO y JOSÉ MANUEL CARREÑO, sobre la original de Marius Petipa.
Música: LUDWIG MINKUS. Escenografía: RAÚL FONT. Diseño de vestuario: MARCO REYNA. BALLET DE MONTERREY. Nikiya: JUNNA IGE. Solor: ERNESTO MEJICA. Gamzatti: DEBORAH RODRÍGUEZ. Ídolo de bronce: BRIAN RUIZ. El Gran Brahman: HUMBERTO MONTERO. El Rajá: GUILLERMO VILLAFUERTE. Guerrero principal: DAYNIER RIVERO. Fakir principal: NICOLÁS MERENDA.

LA BAYADERA

Los Teatros del Canal han incluido esta temporada en su agenda una obra esencial del repertorio clásico, La bayadera. Este ballet, estrenado en San Petersburgo por el Ballet Imperial en 1788, fue un éxito desde sus primeras representaciones y sigue atrayendo al público y deleitando a las nuevas generaciones tanto como a las precedentes. Y es que el Ballet de Monterrey ofrece una reinterpretación poderosa de esta obra maestra de Marius Petipa, y a pesar de ser una compañía joven y de presentarse en esta ocasión con la música enlatada satisface perfectamente las expectativas de los amantes del repertorio clásico.

Desde que se alza el telón, el colorido despliegue de vestuario y escenografía nos transporta fácilmente a la India. El regreso exitoso de Solor de su cacería, la introducción de los fakires y el Gran Brahman se construyen bajo un cuidado equilibrio coreográfico. La llegada de las Bayaderas y la escena de las vasijas resultan sublimes, acompañando con precisión la maravillosa composición de Minkus. La gracilidad de los movimientos de Junna Ige y su gran expresividad hacen brillar al personaje de Nikiya y auguran un buen desarrollo de la trama. Si bien en esta versión se han eliminado algunos pasajes de la obra original, la formación suple estos vacíos argumentales con su capacidad expresiva. La sensualidad y elegancia de Junna Ige, o su dramatismo equilibrado en la escena en la que es asesinada, así como la potencia de los saltos de Ernesto Mejica o la versatilidad de Brian Ruiz fueron recompensadas por el público con larguísimos aplausos. Menos afortunada resultó la interpretación de Deborah Rodríguez, cuyo hieratismo no consiguió transmitir la soberbia y el drama interior de Gamzatti. Así, la escena del ofrecimiento del Rajá, la disputa entre ella y Nikiya o los números de celebración de su boda con Solor quedaron en cierta medida incompletos. No obstante, la formación en su conjunto ofreció una interpretación interesante, equilibrando a la perfección los elementos clásicos y orientales, cumpliendo así el objetivo original de Petipa en su creación del ballet.

En el segundo acto viajamos al Reino de las Sombras, donde la sobriedad del gris y el blanco sustituye a los llamativos colores de los palacios. Solor, embriagado por el opio se evade de la realidad y se encuentra con el espíritu de su amada, protagonizando algunos de los números más bellos de la representación en los que los elementos orientales desaparecen dejando paso a una interpretación más clásica. Es en este acto donde encontramos uno de los momentos más emblemáticos de la creación de Petipa: la coreografía de conjunto en la que numerosas bailarinas ataviadas con tutú blanco (ballet blanco) aparecen en escena realizando varias series de arabesques. Las exigencias técnicas de esta sección suponen un reto de grandes dimensiones para las bailarinas, quienes han de mantener una posición y un equilibrio perfecto, sin perder la fluidez del movimiento. En esta ocasión el trabajo de conjunto quedó deslucido por las imprecisiones en las posiciones y por ocasionales pérdidas de equilibrio, que son generalmente inevitables por las presiones del directo. Sin embargo, la formación consiguió transmitir las sensaciones propias de ese Reino de las Sombras en el que los espíritus de las bayaderas acompañan a la pareja en su reencuentro. En esta versión se ha eliminado el castigo que los dioses imponen a los culpables del fatal desenlace en la obra original, y que constituye el final apoteósico del ballet. Si bien este recurso ya había sido empleado por otros creadores, la falta de retorno a la trama original deja al espectador desconcertado, al carecer el segundo acto de una estructura argumental completa.

El Ballet de Monterrey muestra una vez más que su juventud como compañía no le impide abordar las grandes obras del repertorio clásico con gran solvencia, y que son sin duda una formación con personalidad propia capaz de aportar un aire fresco a las obras más emblemáticas del ballet. Estamos seguros de que el gran público seguirá con atención su trayectoria y esperamos poder verlos de nuevo en la próxima temporada.

Helena Melero

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