Audioclasica

4-VII-2018 #LocuraPorLucia

MADRID. Temporada de Ópera. Teatro Real LISETTE OROPESA, Lucía. JAVIER CAMARENA, Edgardo. ARTUR RUCINSKI, Enrico Ashton. ROBERTO TAGLIAVINI, Raimondo. LORD ARTURO, Jijie Shi, MARINA PINCHUK, Alina . ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. DANIEL OREN, director. Dirección escénica de DAVID ALDEN. Gaetano Donizetti: Lucìa di Lammermoor Aforo: 1.746 Asistencia: 99 % Siguiendo un año más con la tradición no escrita de cerrar la temporada operística con un título popular, aquéllos que aún constituyen la médula de las programaciones de muchos teatros de provincias pero son más raros en un escenario como el madrileño, la Lucìa donizettiana ha venido a recordarnos la belleza y la intensidad de…

Escena previa al célebre Sexteto en la producción madrileña de Lucia di Lammermoor (crédito fotográfico: Javier del Real).

Escena previa al célebre Sexteto en la producción madrileña de Lucia di Lammermoor (crédito fotográfico: Javier del Real).

MADRID. Temporada de Ópera. Teatro Real

LISETTE OROPESA, Lucía. JAVIER CAMARENA, Edgardo. ARTUR RUCINSKI, Enrico Ashton. ROBERTO TAGLIAVINI, Raimondo. LORD ARTURO, Jijie Shi, MARINA PINCHUK, Alina . ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. DANIEL OREN, director. Dirección escénica de DAVID ALDEN.

Gaetano Donizetti: Lucìa di Lammermoor

Aforo: 1.746 Asistencia: 99 %

Siguiendo un año más con la tradición no escrita de cerrar la temporada operística con un título popular, aquéllos que aún constituyen la médula de las programaciones de muchos teatros de provincias pero son más raros en un escenario como el madrileño, la Lucìa donizettiana ha venido a recordarnos la belleza y la intensidad de un tipo de ópera que se ganó su puesto en la historia de la música gracias a su tirón comercial desde el mismo día de su estreno, y que lo ha ganado desde la primacía de la voz como vehículo del drama y de las emociones.

En una época en la que el concepto y los aspectos visuales y escénicos han arrebatado a las voces gran parte de su protagonismo, y en la que el disfrute de las virtudes estrictamente canoras constituye una rara avis en las funciones operísticas, esta Lucìa ha desatado literalmente la locura en el público (¡y en las redes!) por haber rescatado de la memoria el placer primigenio del canto.

Daniel Oren, auténtico maestro de ceremonias de la orgía canora, agarró por los cuernos una partitura sin cortes que ofreció con un exquisito sentido del gusto y de la sorpresa, sirviendo en bandeja a los cantantes la ocasión para recrearse en mil y una sutilezas, sin perder en ningún momento el sentido del ritmo y del drama, y despertando a la vez la complicidad de una orquesta que sirvió la obra con entrega y delicadeza. La dirección de escena de David Alden, ambientada en un escenario gótico de oscuras resonancias decimonónicas, apuntó maneras feministas al mostrar a la protagonista como víctima de una cadena de abusos masculinos perfectamente normalizados, pero no logró mantener el planteamiento hasta sus últimas consecuencias, tras alcanzar dos puntos álgidos en el incestuoso dúo de Lucìa con su hermano y la posterior invitación a la sumisión y la mansedumbre que constituye el aria de Raimondo.

No nos importó demasiado, habida cuenta la intensidad de todo lo que allí se escuchó. No soy el primero a quien la voz de Lisette Oropesa le ha recordado a la Cheryl Studer de sus espectaculares primeros años, por su frescura, ductilidad y el característico (y bien gestionado) vibrato stretto. Salvadas estas similitudes, la Lucìa de Oropesa se beneficia de una enorme credibilidad escénica (el brusco despertar de una inocente joven a la brutalidad del mundo adulto) y de una intachable musicalidad, en la que cada artificio redunda en la construcción del momento dramático.

La parte masculina rindió a un altísimo nivel que alcanzó incluso al rol de Arturo quien, encarnado por el chino Yojie Shi, ofreció un “Per poco fra le tenebre” digno del mismísimo Kraus, absolutamente excepcional dado el carácter secundario del personaje. Ashton fue encarnado por Artur Rucinski, a quien podemos situar en la hornada de barítonos polacos del más conocido Mariusz Kwiecien, con quien comparte no pocos rasgos, entre ellos la nobleza del fraseo y la facilidad con los agudos. Finalmente, Javier Camarena ofreció, como era de esperar, un Edgardo modélico, por la pureza del canto, estilo y temperamento, y que supo a poco pese a que tuvimos la ocasión de escucharlo también en el duo con Ashton (gloria bendita).

¿Repetiremos el atronador éxito con el Trovatore del año próximo? Esperemos que así sea.

RAFAEL FERNÁNDEZ DE LARRINOA

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