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01-VI al 21-VII-2018 Muti y el Ravenna Festival

Ravenna RAVENNA FESTIVAL 2018 Asistencia media: 95% “We have a dream”, o sea, el famoso lema de Martin Luther King, de cuya muerte transcurre medio siglo, ha sido el título escogido por el Ravenna Festival de este año. La edición número veintinueve ha querido poner pues como elemento principal otro icono del siglo XX, subrayando el mensaje positivo y lleno de esperanza hacia un futuro mejor salido de la cultura americana de los años sesenta. Con algunas obras clave – como por ejemplo el musical Kiss me Kate de Cole Porter o la segunda sinfonía de Leonard Bernstein The Age of Anxiety – el…

©Silvia Lelli. Un momento de la ejecución en forma de concierto de Macbeth con Muti y todos sus interpretes

©Silvia Lelli. Un momento de la ejecución en forma de concierto de Macbeth con Muti y todos sus interpretes

Ravenna

RAVENNA FESTIVAL 2018

Asistencia media: 95%

“We have a dream”, o sea, el famoso lema de Martin Luther King, de cuya muerte transcurre medio siglo, ha sido el título escogido por el Ravenna Festival de este año. La edición número veintinueve ha querido poner pues como elemento principal otro icono del siglo XX, subrayando el mensaje positivo y lleno de esperanza hacia un futuro mejor salido de la cultura americana de los años sesenta. Con algunas obras clave – como por ejemplo el musical Kiss me Kate de Cole Porter o la segunda sinfonía de Leonard Bernstein The Age of Anxiety – el Festival ha querido explorar el determinante aporte de Estados Unidos dado a la cultura musical gracias a la gran mezcla de culturas, etnias, religiones y lenguas que caracteriza también nuestro tiempo actual. El excepcional concierto de David Byrne casi al final del certamen, titulado American Utopia Tour ponía un perfecto colofón al tema escogido. Además del argumento central, el Ravenna Festival ha ofrecido como siempre un interesante dialogo entre música clásica, rock, jazz, teatro, danza clásica y moderna, con una sección dedicada al instrumento de la Cetra y un interesante recorrido monográfico sobre el compositor ucranian Valentin Silvestrov, presente en Ravenna por un encuentro. La sección dedicada a los conciertos sinfónicos fue algo menos impactante que en años pasados con la presencia de una sola formación extranjera (la orquesta del Kirov de Leningrado bajo la batuta de su titular Valery Gergiev) y dos conciertos con la Orquesta Juvenil Luigi Cherubini (directores Dennis Russel Davies y David Fray, este último también como pianista) y otro de la Orquesta Nacional de la Radio y Televisión Italiana dirigida por James Conlon.

Importante fue como cada año la presencia de Riccardo Muti del que hemos elegido seguir sus tres actuaciones, muy distintas entre ellas. El 3 de julio el director napolitano ha dirigido el habitual concierto Le vie dell’amicizia (Caminos de la amistad). Se trata de las peregrinaciones anuales que Muti realiza con una orquesta italiana a ciudades heridas por la guerra, el terrorismo o las catástrofes naturales, para tender un “puente de amistad” a través de la música. Lo inició, en 1997, con la Filarmónica de La Scala en Sarajevo, y continúa, más de veinte años después, con la Orquesta Juvenil Luigi Cherubini, que ha unido sus fuerzas, en este caso, a la Orquesta y Coro de la Ópera Nacional de Ucrania, reforzada para la ocasión con instrumentistas y cantantes de diferentes formaciones del país. La ciudad elegida este año para el primer concierto, antes del de Ravenna, ha sido Kiev, símbolo de un país que sufre aún hoy en día un conflicto bélico lamentablemente olvidado por la prensa. El motivo de mayor curiosidad, en un programa dedicado a Verdi, fue la presencia de John Malkovich como voz recitante para el Lincoln Portrait de Aaron Copland, composición de 1942 dedicada a un pionero de los derechos humanos y que Muti ha dirigido ya varias veces, este mismo año en Chicago. La voz penetrante, pero nunca enfática, del actor norteamericano dio fuerza a una composición, magistralmente dirigida, pero desigual en su calidad musical, con un inicio bastante banal que sin embargo con el pasar de los minutos, y gracias a la presencia del texto, cobra interés, sobre todo por la creación de un tapiz sonoro intenso y lleno de pathos. Alrededor de este cameo fue sin embargo, como ya se ha dicho, Verdi el dominador de la velada. El Stabat Mater y el Te Deum (dos de las Cuatro piezas sacras escritas en la fase de la madurez del compositor) demostraron una vez más el interés de Muti para estas obras de las que valorizó no solamente la gran expresividad, al borde del expresionismo, sino también el signo de interrogación sonora, sobre todo al final del Te Deum, con la nota mi tocada por los violines en el cielo de su tesitura y, a continuación, con los violonchelos y los contrabajos sepultados en el infierno de la suya. No menos intensa fue la interpretación de algunas piezas del Nabucco (la obertura, el coro inicial, el aria de Abigaille y el celebérrimo Vá pensiero) que cerraban el concierto y que Muti no solo conoce a la perfección sino que interpreta como nadie.

©Silvia Lelli. John Malkovich y Riccardo Muti durante le concierto del 3 de julio

©Silvia Lelli. John Malkovich y Riccardo Muti durante le concierto del 3 de julio

La segunda cita con Muti, y sin duda la más impactante, fue la ejecución en forma de concierto del Macbeth de Verdi con los conjuntos del Maggio Musicale Fiorentino. Macbeth es la obra que el director italiano ha dirigido más veces a lo largo de su larga carrera y de la que ha dado una interpretación no sólo modélica sino casi insuperable. Los años y las varias producciones dirigidas, desde la primera en Florencia en 1975 (de hecho, la función en Ravenna fue la tercera después de dos en la Ópera de Florencia que celebraron los 50 años del debut de Muti con la orquesta y coro la ciudad toscana del que fue director principal desde 1968 hasta 1981) han llevado Muti a valorizar de forma impresionante cada mínimo detalle de la partitura. Nuca fueron tan claras, casi adamantinas, no sólo las novedades dramatúrgicas, el empleo peculiar de la voz y la meticulosidad que Verdi pone en cada escena y en la relación entre la música y las palabras del libreto, sino también la inmensa carga teatral que posee la pieza, pese a la ejecución en forma de concierto. A este soberbio resultado contribuyeron de forma determinante la orquesta y el magnifico coro, así como cada uno del los interpretes donde sobresalió sobre todo la intensa y justamente malvada y sensual Lady Macbeth de Vittoria Yeo. Algo menos impactante el Macbeth de Luca Salsi cuya emisión no emociona, pero que consiguió perfectamente el dedicado equilibrio entre debilidad e instancia al poder del personaje. Excelentes en todo momento el Banquo de Riccardo Zanellato y el Macduff de Francesco Meli así como los intérpretes de los papeles secundarios.

©Zani Casadio. Riccardo Muti y Wilfried Hedenborg durante el Concierto n. 4 de Paganini

©Zani Casadio. Riccardo Muti y Wilfried Hedenborg durante el Concierto n. 4 de Paganini

Bastante menos impresionante fue el último concierto de Muti al frente con la Orquesta Juvenil Luigi Cherubini con la presencia del violinista de Salzburgo Wilfried Hedenborg, miembro la Filarmónica de Viena. El concierto, dedicado al centenario del nacimiento de Ruggiero Ricci (el primero en grabar en 1947 la versión original de los Caprichos de Paganini) y del que Hedenborg fue alumno proponía la obertura de Il viaggio a Reims de Rossini, el Concierto n. 4 para violín de Paganini y la Séptima Sinfonía de Beethoven. Si la interpretación de la obra rossiniana fue cálida y muy lograda, algo fría resultó la del concierto de Paganini donde el solista lució sin duda un gran virtuosismo instrumental pero cuyo sonido y ardor terminaron por ser algo débiles y anodinos. Más interesante la sinfonía beethoveniana, aunque resultara evidente el debut de la orquesta en esta obra y probablemente la escasez de ensayos. Pese a algunos momentos impactantes a nivel interpretativo, como el famoso Allegretto – conducido por Muti con un soberbio equilibrio entre las diferentes secciones de la orquesta – o el Allegro con brio, verdadera “apoteosis de la danza como escribió justamente Wagner, se advirtieron también varios desajustes en la sección de la cuerda y una conducta algo tímida de los jóvenes instrumentistas. Habrá que volver a escucharlos el día que tengan más “en los dedos” esta soberbia partitura.

Gian Giacomo Stiffoni

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