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14-VIII-2018 Un día en Salzburgo

Salzburgo FESTIVAL DE SALZBURGO 2018 Asistencia media: 99% Como siempre, ojeando la programación del Festival de Salzburgo, resulta abrumadora la cantidad y calidad de la oferta musical. La edición de este año presenta interesantes propuestas operísticas como por ejemplo La dama de picas de Chaikovsky dirigida por Mariss Jansons, Salome de Strauss bajo la batuta de Franz Welser-Möst, La Flauta mágica – director Constantinos Carydis – (todas con la Filarmónica de Viena), junto a L’incoronazione di Poppea con William Christie y Les Arts Florissants y L’italiana in Algeri (para celebrar los 150 años de la muerte de Rossini) con Jean-Christophe Spinos y el Ensemble…

© Salzburger Festspiele / Marco Borelli. Muti y los interpretes al final de la Misa D950 de Schubert

Salzburgo

FESTIVAL DE SALZBURGO 2018

Asistencia media: 99%

Como siempre, ojeando la programación del Festival de Salzburgo, resulta abrumadora la cantidad y calidad de la oferta musical. La edición de este año presenta interesantes propuestas operísticas como por ejemplo La dama de picas de Chaikovsky dirigida por Mariss Jansons, Salome de Strauss bajo la batuta de Franz Welser-Möst, La Flauta mágica – director Constantinos Carydis – (todas con la Filarmónica de Viena), junto a L’incoronazione di Poppea con William Christie y Les Arts Florissants y L’italiana in Algeri (para celebrar los 150 años de la muerte de Rossini) con Jean-Christophe Spinos y el Ensemble Matheus. En le sección dedicada a lo conciertos el programa ha sido muy amplio con la habitual presencia de los Wiener Philharmoniker y otras grandes orquestas (este año por ejemplo Simon Rattle vuelve con su London Symphony Orchestra, mientras Kirill Petrenko aparece por primera vez como titular de la Berliner Philharmoniker) y el ciclo de las sinfonías de Beethoven a cargo de Teodor Currentzis con musicAeterna de la Ópera de Perm. Sin olvidar los conciertos de famosos solitas y la programación siempre exquisita del Mozarteum con sus matinés mozartianas, sus conciertos de cámara y las actuaciones de la Camerata Salzburg.

© Salzburger Festspiele / Marco Borelli. Muti dirige los Wiener Philarmoniker

Este año he asistido a uno de los conciertos y a una de las óperas a lo largo del mismo día a mediados de agosto: por la mañana el habitual concierto de Riccardo Muti con los Wiener Philharmonker en el Grosses Festspielhaus y por la tarde La italiana in Algeri en la Haus für Mozart. Muti es el único director de los invitados por la orquesta vienesa que dirige tres funciones a mediados de agosto heredando desde hace ya muchos años una exclusiva que era reservada a Herbert Von Karajan durante su dirección de festival.  Una señal evidente de la especial relación que la orquesta tiene con el director napolitano, uno de sus preferidos, que este año ha dirigido el famoso Concierto de Año Nuevo y con el que ya suman 47 años de colaboración ininterrumpida; fue justo en el Festival de Salzburgo de 1971 cuando empezó esta especial “historia de amor”. El programa escogido este año presentaba las obras de dos compositores (Robert Schumann y Franz Schubert) a los que Muti ha dedicado una especial atención a lo largo de su carrera: del compositor alemán ha grabado dos veces la integral de las sinfonías (una con la Filarmónica de Viena) presentándolas muchas veces en concierto. Del vienés es considerado sin duda el intérprete más destacado en el repertorio sinfónico (grabado también con los Wiener) y religioso. La primera parte estuvo dedicada a la Segunda sinfonía de Schumann, mientras la segunda a la Misa n. 6, D 950 de Schubert. La interpretación de la sinfonía fue ejemplar en cada momento, gracias a una perfecta sintonía entre el director y la orquesta. El equilibrio y la transparencia entre las diferentes secciones de la orquesta es esencial en esta composición que se caracteriza por una compleja y siempre original evolución contrapuntística del coral inicial en el primero y en el último movimiento, así como por la intrincada red de relaciones tonales y de los temas que recorre todo el trabajo. Algo que Muti consiguió evidenciar con gran propiedad interpretativa y su capacidad exclusiva de crear un arco musical coherente a lo largo de los cuatro movimientos de la composición. Un verdadero milagro fue el Adagio espressivo, caracterizado por una conducta muy expresiva de la melancólica y abrumadora melodía inicial y un dialogo entre la sección de los vientos y la de la cuerda magníficamente equilibrado. Excepcional igualmente la interpretación de Misa de Schubert, una de las últimas obras del genio vienes. Muti ha demostrado una vez más su especial sintonía con la música de Schubert y su sensibilidad con la música vocal religiosa. Cada una de las secciones de la misa tuvo la justa intensidad en perfecto equilibrio entre stile severo (con un contrapunto complejo de parte del coro, un impecable Coro de la Ópera de Viena) y la secciones en cantábile. Milagrosos en este sentido fueron el Et incarnatus est y el Corcifixus con una actuación sin fisuras de los cuatro solistas vocales: la soprano Krassimira Stoyanova, la mezzo Alisa Kolosova, los dos tenores Michael Spyres y Maciej Kwaśnikowsk y el bajo Gianluca Buratto.

© Salzburger Festspiele / Rith Waltz. Cecilia, Bartoli, Ildar Abdrazakov, Alessandro Corbelli, Edgardo Rocha y Rebeca Olvera en el segundo acto de L’italiana in Algeri

Mucho menos atractiva y bastante decepcionante fue sin embargo la interpretación y la producción de L’italiana in Algeri. La obra de Rossini fue el primer gran éxito del compositor de Pesaro en el género de la ópera bufa en ese importante 1813 que marcó el inicio (en los teatros de Venecia junto al “melodramma eroico” Tancredi), de una carrera dese ese momento única y abrumadora en el panorama de la ópera italiana. Pese al éxito la obra resulta algo desigual con momentos de gran interés como por ejemplo los finales de acto (con sus absurdos juegos onomatopéyicos del texto que serán un marco distintivo del Rossini cómico) y las arias del personaje femenino de Isabella. La obra pone en el centro algunos de los topos heredados de la comicidad operística del XVIII como por ejemplo la ambientación oriental, la figura femenina capaz de seducir y engañar a hombres incapaces y egocéntricos (en este caso un Bey musulmán) y la reunión de amantes separados por circunstancias adversas. Al mismo tiempo L’italiana in Algeri quiere ser una exaltación del genio italiano con respecto a la mentalidad cerrada del mundo árabe. Ingenio mostrado como capacidad de encontrar soluciones inteligentes y sutiles. Por este motivo resultó bastante desagradable la puesta en escena de Moshe Leiser y Patrice Caurier basada en la peor estereotipada representación del italiano con prisioneros vistos como un equipo de futbol nacional y abundancia de espaguetis. Junto a esto hubo una representación de una comicidad muy basta (Mustafá en calzoncillos, Isabella que canta “Colei che adoro” bañándose en una bañera, etc), y sobre todo irrespetuosa con la música, dentro de un marco visual (una Alger actual en barrios degradados) muy poco interesante. Bastante poco atractiva fue también la interpretación musical, empezando por la dirección de Jean-Christophe Spinosi al frente del Ensemble Matheus, bastante anodina, sin la justa vitalidad y que a menudo daba la impresión de seguir a los cantantes sin proponer una verdadera idea interpretativa. Algo mejor fue la actuación de los intérpretes con la única excepción de la Isabella de Cecilia Bartoli que una vez más demostró sus límites vocales en las actuaciones en vivo. La cantante italiana basa su estilo en una gran agilidad que sin embargo a menudo es irritante por su inexpresividad y monotonía con un evidente escaso volumen y dificultad para ampliar la melodía. La Bartoli demostró una excelente presencia escénica, pero a menudo su gestualidad fue limitada y basada más en la valorización de su figura mediática que en un trabajo basado en profundizar el personaje que interpretaba. Mucho mejor el Mustafa del gran bajo ruso Ildar Abdrazakov con una línea vocal siempre elegante y amplia, aunque con algunos problemas en las secciones cómicas. Perfecto el veterano Alessandro Corbelli en el papel de Taddeo y muy eficaces el Lindoro de Edgardo Rocha y la Elvira de Rebeca Olvera. Gran éxito al final de la velada (la Bartoli es muy amada por el publico de Salzburgo) con propina de la ultima sección del final de la ópera.

Gian Giacomo Stiffoni

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