Audioclasica

20-X-2018 Final a medias convincente

PARMA Festival Verdi. Teatro Farnese GIUSEPPE GIPALLLI, FRANCO VASSALLO, MARCO SPOTTI, ROBERTA MANTEGNA, NINO SURGULADZE. Coro y Orquesta del Teatro Comunale de Boloña. ROBERT WILSON dirección escénica. ROBERTO ABBADO: director musical. Giuseppe Verdi: Le Trouvère Aforo: 1.173. Asistencia: 90 % El Festival, que incluía títulos como Macbeth en su primera versión, Attila(en el teatro Regio), Un giorno di regno (en el teatro Verdi de Busetto), además de conciertos, lecturas, teatro, se cerró con la versión que – tras varios desacuerdos- Verdi hizo para París de su Trovatore, traducido a un francés de ópera convencional francesa (por Émilien Pacini) que quita…

© Lucie Jansch

PARMA

Festival Verdi. Teatro Farnese

GIUSEPPE GIPALLLI, FRANCO VASSALLO, MARCO SPOTTI, ROBERTA MANTEGNA, NINO SURGULADZE. Coro y Orquesta del Teatro Comunale de Boloña. ROBERT WILSON dirección escénica. ROBERTO ABBADO: director musical.

Giuseppe Verdi: Le Trouvère

Aforo: 1.173. Asistencia: 90 %

El Festival, que incluía títulos como Macbeth en su primera versión, Attila(en el teatro Regio), Un giorno di regno (en el teatro Verdi de Busetto), además de conciertos, lecturas, teatro, se cerró con la versión que – tras varios desacuerdos- Verdi hizo para París de su Trovatore, traducido a un francés de ópera convencional francesa (por Émilien Pacini) que quita buena parte del encanto directo que pueda tener el ingenuo libreto original de Cammarano. Aparte de algunas tonalidades y arreglos menores, Verdi compuso un ballet de más de veinte minutos (en parte con temas conocidos de la ópera), suprimió la gran cabaletta de Leonora en el último acto (‘Tu vedrai che amore in terra’) y un final nuevo con una reaparición del Miserere y un final más preparado y menos espontáneo y efectivo. Además, astuto como siempre, cobró como si de obra nueva se tratase. Bien hecho.

© Lucie Jansch. Giuseppe Gipali (Manrique) y Roberta Mantegna (Léonore)

No sé si por lo que precede, o más seguramente por la terrible equivocación de confiar la puesta en escena de una obra que es puro nervio y acción a Wilson, que hace siempre el mismo tipo de teatro estático, donde los artistas nunca se juntan o tocan, van enmascarados (y si Azucena parece una edición púdica de una ‘Domina’ y le falta el látigo, el pobre de Luna es lo más parecido a Gene Wilder en El jovencito Frankestein  que imaginarse pueda). Como siempre lentitud, posiciones incómodas para cantar, buenas luces, escenografía casi inexistente y vestuario chic y atemporal. Lo peor de todo fue el ballet. Verdi detalló que era un baile de gitanos y tituló casi cada una de las partes. Aquí tuvimos una serie de boxeadores de diversa edad y sexo en una especie de preparación más una horrorosa anciana dama que hacían reverencias o arrumacos a un Verdi muy viejo que anunciaba el ballet sacudiendo sus piernas (había parecido también en el principio de la ópera, a saber por qué). Hubo algunas manifestaciones a favor y otras en contra sin mucho ardor para la ciudad y el autor.

© Lucie Jansch. Marco Spotti (Fernand)

© Lucie Jansch. Nino Surguladze (Azucena)

La parte musical fue buena sin exagerar. Competente, diríamos. Abbado dirigió bien y se lució especialmente en el ballet que dirigió bien compenetrado con su orquesta y sin casi mirar el escenario (es obvio; pero también lo es que hubo una época en que los directores de orquesta protestaban las puestas arbitrarias). Coro (preparado por Andrea Faidutti) y orquesta muy bien. Los comprimarios correctos (Luca Casalin, todo un veterano, y la joven Tonia Langella más Nicolò Donini que dijo la frase del viejo gitano en el segundo acto). Spotti fue un buen Ferrando aunque su gran relato del inicio pasó un tanto desapercibido. Surguladze no será una gran mezzo pero esta Azucena funcionó aunque algunas notas se perdieran por el camino. Vassallo fue un muy buen Comte, tal vez demasiado empeñado en lucir su agudo, que es bueno y no matizó demasiado.

© Lucie Jansch. Franco Vassallo (Le Comte de luna)

Mantegna estuvo bien en Léonore, pero menos que en Milán en la Imogene de Il Pirata: la voz es buena y sana, amplia, pero lució metálica sobre todo en el agudo y las medias voces, con ser buenas, no fueron arrebatadoras como deben. Pareció algo anónima. Gipalli fue un Manrique aceptable, pero no deslumbrante. Ni su canto ni su acción superaron la corrección, que ya es bastante pero nunca del todo suficiente para este tipo de papeles. Y sobre todo el fraseo fue de lo más convencional. El marco incomparable del Teatro Farnese, de acústica algo difícil, no volverá a albergar ninguna manifestación del Festival en el futuro. Aplausos, pero no delirantes.

Jorge Binaghi

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