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23-X-2018 De ambos lados del telón de acero

Valencia Otoño 2018. Abono 2. Palau de la Música. Sala Iturbi MARTIN FRÖST, clarinete. BBC SYMPHONY ORCHESTRA. SAKARI ORAMO, director. Dmtri Shostakóvich: Sinfonía nº 9 en mi bemol mayor, op. 70. Aaron Copland: Concierto para clarinete. Sergéi Prokófiev: Sinfonía nº 6 en mi bemol menor, op. 111 Aforo: 1.817 Asistencia media: 85 % Pocos conciertos permiten rememorar un momento tan puntual y trágico de la Historia como este de la BBC Symphony Orchestra (BBC SO) y Martin Fröst, dirigidos por su titular, Sakari Oramo. Estas obras de Shostakóvich, Copland y Prokófiev se remontan a la primera fase de la Guerra…

La BBC Symphony Orchestra con Martin Fröst y Sakari-Oramo. Créditos: Palau-Eva Ripoll

Valencia

Otoño 2018. Abono 2. Palau de la Música. Sala Iturbi

MARTIN FRÖST, clarinete. BBC SYMPHONY ORCHESTRA. SAKARI ORAMO, director.

Dmtri Shostakóvich: Sinfonía nº 9 en mi bemol mayor, op. 70. Aaron Copland: Concierto para clarinete. Sergéi Prokófiev: Sinfonía nº 6 en mi bemol menor, op. 111

Aforo: 1.817 Asistencia media: 85 %

Pocos conciertos permiten rememorar un momento tan puntual y trágico de la Historia como este de la BBC Symphony Orchestra (BBC SO) y Martin Fröst, dirigidos por su titular, Sakari Oramo. Estas obras de Shostakóvich, Copland y Prokófiev se remontan a la primera fase de la Guerra Fría, justo después de la devastación de Hiroshima y Nagasaki. El instante en el que Estados Unidos proclamó la doctrina Truman para iniciar una confrontación total contra el comunismo. Incluso nuestros músicos se vieron envueltos en los avatares de la política: a finales de marzo de 1949 encontramos a Shostakóvich, Copland y Leonard Bernstein en el gran salón de baile del Hotel Waldorf-Astoria de Nueva York, en la Conferencia Cultural y Científica por la Paz Mundial, organizada por Andréi Zhánov, consuegro de Stalin, severo censor y responsable del aparato propagandístico de la URSS en el exterior.

A ambos lados del telón de acero, Leningrado y Nueva York, las tres páginas fueron estrenadas en un lapso de cinco años: entre el 3 de noviembre de 1945 (Sinfonía nº 9) y el 6 de noviembre de 1950 (Concierto para clarinete), mediando la premier de la Sinfonía nº 6, el 1 de octubre de 1947. A pesar de que la Segunda Guerra Mundial había concluido, siguió siendo un tiempo bélico que marcó a estos compositores. Josep Fontana, historiador fallecido el pasado agosto, lo calificó como “terrible decepción”. De insufrible para la población de muchos lugares del planeta, ya que el objetivo del “amigo americano” no era otro que extender a toda costa un determinado orden. Aquello que se denominó american way of life, eufemismo de capitalismo (Por el bien del Imperio, 2011). Por otra parte, Billy Wilder en Uno, dos, tres (1961) y Stanley Kubrick en ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú (1964) retrataron la época en sus delirantes y demoledores relatos.

Entre estos dos nodos se debaten estas partituras: entre la ironía burlesca y cómica de la Novena Sinfonía, de Shostakóvich, y la gravedad terrorífica de la Sexta de Prokófiev. El uso de las tonalidades mi bemol mayor (luminosa) y mi bemol menor (oscura), respectivamente, da una pista. También, la abigarrada construcción de la segunda, escrita al dictado de la doctrina formulada para el realismo socialista por el mencionado Zhánov, frente a la claridad neoclásica de la primera, que se esperaba solemne y ceremonial, con coro y solistas, para celebrar el triunfo frente al nazismo. Ninguna de las dos presenta un desarrollo orgánico plenamente romántico, sino una sucesión de secuencias, con mayor o menor ligazón temática, característica de la “vía soviética de la sinfonía”.

En la lectura de Sakari Oramo hubo más drama que comedia. Fueron clarificadores sus cambios súbitos de decorado, tanto como lo demandan las partituras. De ahí que sobresalieran los violines por sus innumerables matices de articulación, color y expresión. El finés es violinista y fue concertino de la Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa. No obstante, al “Allegro” inicial de Shostakóvich le faltó un ápice de mordiente para destacar esa contradicción tragicómica. Los solistas llegaron a mostrar cierto descaro. El clarinete sacó a relucir la melancolía del “Moderato”, con el característico sonido fofo de los especialistas británicos. Fue contundente el cuarteto de cobres graves en el “Largo”. Y el fagot, con elocuencia taciturna, dejó paso a una enérgica construcción del final. En él, la BBC SO demostró ser una maquinaria poderosa y bien engrasada.

En la sinfonía de Prokófiev, Oramo colocó a los metales graves y trompetas en la esquina superior derecha del escenario, formando un septeto separado de las trompas, situadas delante de la percusión. Destacó la amplísima gama tímbrica y dinámica que desplegó el director. El primer tiempo sobresalió por la robusta precisión de la sección de graves en el “Andante molto”, un reloj que pone en marcha una cuenta atrás que lleva a la tragedia, al primitivismo en forma de cita de La consagración de la primavera. Un mecanismo que vuelve en la escena bélica del “Largo”, iniciado por unas maderas hirientes y una sonoridad grandísima del conjunto. En el “Vivace” resultó bellísima la melodía del “Andante tenero” que entonan los dos oboes a octavas, antes de dar paso a una granítica masa orquestal, cortada en seco, con dramatismo, en los calderones que preceden a la coda. No obstante, el finés fue condescendiente y regaló la “Gavotta” de la Sinfonía Clásica, del mismo autor, para evitar que el público se marchase con el recuerdo de sonoridades tan aguerridas, y sin embargo, nunca duras, ni estridentes.

Entre ambas piezas sonó el Concierto para clarinete de Aaron Colpland, un músico que fue nombrado creador musical del mito americano con Lincoln Portrait (1942) y de la “gran sinfonía americana” por su Sinfonía n.º 3 (1944-1946). El Concierto para clarinete fue un encargo de Benny Goodman y algunos estudiosos lo catalogan entre sus trabajos ligeros, amables y populares. Martin Fröst lo ha hecho suyo. Además, ha llegado a tal simbiosis con su instrumento que no se sabe si toca con él, o si canta y lo utiliza como resonador para proyectar fraseos infinitos y un sonido redondo y equilibrado, aun en intrincados pasajes virtuosísticos. Ni en ellos hay rastro de arista alguna. Fröst ha madurado este concierto desde que lo grabase en 1997 para BIS, junto a los de Paul Hindemith y Malcom Arnold. Por su parte, Oramo se encargó de subrayar el peso emocional del acompañamiento y de modelar su peculiar tímbrica. La intervención de la pianista, Elizabeth Burley, fue excelente por color y gesto.

El clarinetista sueco ofreció la misma propina que en el concierto de febrero de 2016: Let’s be happy, un tema klezmer de Giora Feldman, arreglado por su hermano Göran Fröst. Durante el descanso firmó ejemplares de su grabación del Cuarteto para el final de los tiempos, de Olivier Messiaen (Sony Classical, 2017). Otra obra escrita in tempore belli.

DANIEL MARTÍNEZ BABILONI

 

 

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