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25-X-2018 Semiramide en versión integral

VENECIA Temporada de ópera 2017/2018. Teatro la Fenice JESSICA PRATT, TERESA IERVOLINO, ALEX ESPOSITO, ENEA SCALA, SIMON LIM, MARTA MARI. Orquesta y Coro del teatro La Fenice. CECILIA LIGORIO, Dirección escénica. RICCARDO FRIZZA, direción musical Rossini: Semiramide Aforo: 1000 Asistencia: 95% La nueva producción de Semiramide en el Teatro la Fenice ha sido uno de los momentos más relevantes de los acontecimientos que han caracterizado el año del cientocincuentenario rossiniano, ya próximo a su conclusión. Estaba claro que Venecia no podía no celebrar de forma especial el genio de Pesaro, siendo la ciudad que más marcó – junto a Nápoles y antes…

©Michele Crosera. Una escena coreográfica del segundo acto de Semiramide

VENECIA

Temporada de ópera 2017/2018. Teatro la Fenice

JESSICA PRATT, TERESA IERVOLINO, ALEX ESPOSITO, ENEA SCALA, SIMON LIM, MARTA MARI. Orquesta y Coro del teatro La Fenice. CECILIA LIGORIO, Dirección escénica. RICCARDO FRIZZA, direción musical

Rossini: Semiramide

Aforo: 1000 Asistencia: 95%

La nueva producción de Semiramide en el Teatro la Fenice ha sido uno de los momentos más relevantes de los acontecimientos que han caracterizado el año del cientocincuentenario rossiniano, ya próximo a su conclusión. Estaba claro que Venecia no podía no celebrar de forma especial el genio de Pesaro, siendo la ciudad que más marcó – junto a Nápoles y antes de los éxitos en París – la carrera del compositor. En Venecia, Rossini obtuvo sus primeros éxitos y terminó, justo con Semiramide, su trayectoria italiana en 1823. Justo por este motivo con este título Rossini intentó demostrar toda su habilidad en el género de la ópera seria, género principal de su producción operística. El resultado fue una obra de desmesurada duración para la época, exigente con la orquesta y con los intérpretes y que quiso ser la suma de todos los logros y las innovaciones de estilo y dramaturgia que el compositor había experimentado hasta la fecha, sobre todo en las producciones para el Teatro San Carlo de Nápoles. El resultado sin embargo no estuvo a la altura de las expectativas ya que Semiramide resulta una composición tan pretenciosa como desigual en su resultado final; el primer acto carece de la imaginación melódica del mejor Rossini (a parte la fabulosa obertura y el magnifico coro inicial) como de las novedades dramatúrgicas de los títulos napolitanos, mientras el segundo, sin duda más logrado, presenta más puntos de interés con momentos que preanuncian el teatro musical romántico de autores como Bellini, Donizetti y el primer Verdi.

©Michele Crosera. Jessica Pratt, Enea Scala y Alex Esposito en una escena del primer acto de Semiramide

La Fenice ha decidido recoger el desafío y para su final de temporada ha optado por poner en escena la partitura en su forma integral, sin los cortes de tradición, siguiendo de esta forma a la letra el manuscrito original conservado desde 1823 en el archivo histórico del teatro veneciano y que en ocasión de las funciones se ha exhibido restaurado en la sala del foyer tras haber sobrevivido a los dos famosos incendios del 1836 y 1996. Presentar la obra con todos los recitativos y los ‘números’ musicales ha demostrado una vez más como las versiones integrales consiguen dar la justa medida de la verdadera eficacia de dramaturgia pensada por el compositor y su libretista; en este caso valorizando los papeles a menudo sacrificados en las versiones cortadas de Idreno, extrema sublimación del tenor rossiniano, y de Azema, princesa amada por todos los personajes masculinos.

©Michele Crosera. Jessica Pratt y Teresa Iervolino en un dúo del segundo acto de Semiramide

Lo mejor de la producción veneciana fue sin duda el reparto vocal con una excelente actuación de la joven mezzo Teresa Iervolino en el papel de Arsace, gracias a un medio vocal dúctil y capaz de pasar con naturalidad y eficacia del heroísmo al tono más sentimental que caracteriza a menudo su personaje. Impactante, aunque algo más irregular, fue el Idreno del tenor Enea Scala, adamantino en superar sin excesivos problemas las insidias de un registro agudo, mientras que admirable fue Alex Esposito, un Arsace tenebroso en el carácter y en la exuberancia escénica, moldeado además a la perfección en el registro del bajo/barítono, típico del teatro serio rossiniano. Más fría fue por el contrario la actuación de Jessica Pratt, excelente vocalista pero incapaz de dibujar con total eficacia el personaje ambiguo y feroz de Semiramide. Sin fisuras el reparto de los personajes secundarios. La orquesta y el coro de la Fenice, en una de sus mejores actuaciones, se beneficiaron de la dirección técnicamente indiscutible de un especialista en Rossini cual es Riccardo Frizza. Las más de cuatro horas y media que duró el espectáculo pasaron con rapidez gracias al dinamismo que el director impuso a la partitura, sacando sin embargo lo mejor sólo en el más interesante segundo acto, careciendo el resto de la interpretación de cierta personalidad y del justo enganche emocional.

Sobre el contraste entre la luz del oro en el primer acto y la oscuridad de la tumba de Nino en el segundo se construyó, finalmente, la puesta en escena de Cecilia Ligorio. Su trabajo dejó que la música y la dramaturgia rossiniana se desarrollaran con naturalidad y sin excesivas e innecesarias interpretaciones del texto como pasa demasiado a menudo últimamente. El resultado puede que fuera algo anodino en ciertos momentos, pero nunca renunciatario y capaz de valorizar en la justa medida la vertiente psicológica que caracteriza el segundo acto. Eficaces las escenas monumentales pero sobrias de Nicolas Bovey y el juego de luces de Fabio Barettin, mientras que banales fueron los trajes de Marco Piemontes. Redundantes las coreografías de Daisy Rasom Phillips. Éxito caluroso para todos los intérpretes al final de la larga velada.

Gian Giacomo Stiffoni

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