Audioclasica

26-X-2018 Vocación de perdurabilidad

MADRID. Temporada de Ópera. Teatro Real PHILIPPE JAROUSSKY, El espíritu de un joven, Un ángel. DAVONE TINES, Sacerdote, Punpescador. NORA KIMBALL-MENTZOS, Bailarina. META4 QUARTET, THEATRE OF VOICES. IVOR BOLTON, director. Dirección escénica de PETER SELLARS. Kaija Saariaho: Only the Sound Remains Aforo: 1.746 Asistencia: 99 % Tras su debut operístico con L’amour de loin (2000) y tras culminar la trilogía feminista formada por Adriana mater (2006), La passion de Simone (2006) y Émilie (2010), el díptico Only the Sound Remains (2016) constituye el último eslabón lírico de la finlandesa Kaija Saariaho, autora que va camino de convertirse en una de las referencias más sólidas…

Escena de Feather Mantle en Only the Sound Remains de Kaija Saariajo en el Teatro Real de Madrid (c) Javier del Real.

MADRID. Temporada de Ópera. Teatro Real

PHILIPPE JAROUSSKY, El espíritu de un joven, Un ángel. DAVONE TINES, Sacerdote, Punpescador. NORA KIMBALL-MENTZOS, Bailarina. META4 QUARTET, THEATRE OF VOICES. IVOR BOLTON, director. Dirección escénica de PETER SELLARS.

Kaija Saariaho: Only the Sound Remains

Aforo: 1.746 Asistencia: 99 %

Tras su debut operístico con L’amour de loin (2000) y tras culminar la trilogía feminista formada por Adriana mater (2006), La passion de Simone (2006) y Émilie (2010), el díptico Only the Sound Remains (2016) constituye el último eslabón lírico de la finlandesa Kaija Saariaho, autora que va camino de convertirse en una de las referencias más sólidas del panorama operístico de nuestro tiempo, a medio camino entre el vanguardismo underground de usar y tirar y las operaciones de mercadotecnia a las que nos tienen acostumbrados el mundo anglosajón.

Compuesta por dos mini óperas de unos 50 minutos de duración –Always Strong y Feather MantleOnly the Sound Remains está concebida para contratenor (ha sido escrita expresamente para Philippe Jaroussky) y barítono. Con un libreto evocador de un orientalismo japonés en el que resuenan a partes iguales el teatro nō y el decadentismo orientalizante de Oscar Wilde, el foso de esta obra está integrado por un cuarteto vocal y un cuarteto de cuerda, coloreados por la flauta y el kantele (cítara folclórica finlandesa), tratados como trasunto del sakuhachi y el koto nipones, respectivamente, y un percusionista, todos ellos amplificados mediante un potente y sugestivo dispositivo de electrónica en vivo. El cuarteto vocal, la flauta y el kantele actúan además como mediadores entre la escena y el foso: el cuarteto como eco y resonancia de las voces (una especie de zarza ardiente schönbergiana), la flauta como alter ego del ángel del segundo relato, y el kantele como evocación del laúd Seizan del primero.

El lenguaje musical de la obra, que a estas alturas de la carrera de Saariaho representa ya una “marca”de la casa, aúna el pedigrí de la vanguardia centroeuropea “pata negra” con códigos más amables y sensualistas y de naturaleza más atemporal, una cuadratura del círculo que quizá solo haya conseguido (con éxito) Olivier Messiaen antes que ella. De este modo, bajo la imponente factura y la subyugante tímbrica de la obra, sigue latiendo el alma espectralista de sus inicios, animada por unos sofisticados ecos que deben tanto a un Boulez como a un Takemitsu.

Colaborador habitual de la compositora, Peter Sellars debe considerarse coautor de esta obra en lo que lo estético devora por completo a lo dramático, reducido a un sutil juego de simetrías -duración, instrumentación, personajes- animado por el tenue contraste entre la oscuridad del primer relato y la luminosidad del segundo. Dicho esto, cabe admirar, aparte de la intachable factura del espectáculo, su rotunda unidad de concepto, en la que se funden sin solución de continuidad los lienzos afrojaponeses de Julie Mehretu, los juegos de luces y sombras de James F. Ingalls y la dirección escénica del propio Sellars con la música de Saariaho. Ni que decir tiene que la parte musical, encomendada al siempre entusiasta y competente Ivor Bolton, funcionó como un reloj de altísima gama.

En un tiempo en el que no abundan los buenos augurios con respecto al futuro de las creaciones operísticas recientes, condenadas en su mayor parte a caer en el olvido al poco de nacer, Only the Sound Remains exhibió una inusual vocación de perdurabilidad. Solo la Historia juzgará.

RAFAEL FERNÁNDEZ DE LARRINOA

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