Audioclasica

28-X-2018 Debut por todo lo alto

MILAN Temporada sinfónica. Teatro alla Scala ORQUESTA FILÁRMÓNICA DE LA SCALA. LORENZO VIOTTI, dirección musical. Obras de Richard Wagner, Sergei Rachmaninov, Claude Debussy y Alexandr Scriabin Aforo: 3.200. Asistencia: 80 % Si una de las últimas veces en que pude oír un concierto sinfónico en la Scala con su orquesta (como deberían hacer todos los teatros de ópera) era un homenaje a un gran director veterano ofrecido por un joven mediático ahora me ha tocado un ‘quasi’ debut (el director en cuestión había debutado en otra sala y con los jóvenes de la Academia orquestal) de otro aún más joven,…

© Marco Brescia & Rudy Amisano

MILAN

Temporada sinfónica. Teatro alla Scala

ORQUESTA FILÁRMÓNICA DE LA SCALA. LORENZO VIOTTI, dirección musical.

Obras de Richard Wagner, Sergei Rachmaninov, Claude Debussy y Alexandr Scriabin

Aforo: 3.200. Asistencia: 80 %

Si una de las últimas veces en que pude oír un concierto sinfónico en la Scala con su orquesta (como deberían hacer todos los teatros de ópera) era un homenaje a un gran director veterano ofrecido por un joven mediático ahora me ha tocado un ‘quasi’ debut (el director en cuestión había debutado en otra sala y con los jóvenes de la Academia orquestal) de otro aún más joven, todavía poco mediático (le deseo que continúe así, aunque lleva un apellido ilustre y es muy bien parecido), que resultó más que notable. De su generación sólo el levemente mayor Mariotti puede compararse con él, porque además ambos hacen mucha ópera y no sólo conciertos.

© Marco Brescia & Rudy Amisano

Viotti hizo una apuesta fuerte, con títulos de autores conocidos, pero no en la misma medida y tampoco aquellos más trillados si se exceptúa Debussy (tampoco parece ser tan popular aquí el ‘Preludio a la siesta de un fauno’ si una señora de una cierta edad al terminar comentó ‘qué bella es esta obra’ con asombro, como si se tratara de un estreno).

Por empezar, pareció conectar muchísimo con la orquesta. No es un director de gesto autoritario, pero sí seguro, sea que emplee la batuta o sólo las manos. Pareció dominar los estilos y casi ni miraba las partituras (sólo fue evidente en ‘El poema del éxtasis’ de Scriabin). No buscó efectos, sino interpretación. Y así, el ‘Idilio de Sigfrido’ fue de una tranquilidad y distensión casi camarísticas, tratándose de Wagner. Tal vez el momento más personal en la dirección haya sido la magnífica versión de ‘La isla de los muertos’ de Rachmaninov, que nunca antes me había parecido tan interesante (y eso es mérito de la interpretación). En el mencionado Debussy hizo uso de un fraseo elegante y muy contrastado entre la flauta y los otros grupos orquestales y en Scriabin –nada más distinto de Rachmaninov pese a pertenecer ambos a la ‘escuela rusa’- fue un torbellino imparable en una obra peculiar (que no goza de las simpatías del abajo firmante). Pese al éxito y a la presencia de Riccardo Chailly en la sala no hubo bis.

Jorge  Binaghi

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