Audioclasica

15-XI-2018 Verdi pese a las obsesiones de Bieito

PARÍS TEMPORADA OPERA. OPÉRA DE PARIS (Bastille) TÉZIER, KARES, AGRESTA, DEMURO, ALAIMO, TIMOSCHENKO, LOVIGHI. CORO Y ORQUESTA DEL TEATRO. Director: LUISI. Puesta en escena: BIEITO G.Verdi: Simon Boccanegra Aforo: 2700. Asistencia: 100% Hacía seis años que esta obra predilecta –con razón- de su autor no aparecía en la programación de la Opéra. Si en esa ocasión, y pese a algunos nombres de importancia, no había sido exaltante, ahora el público hizo –de forma quizá muy radical- una clara separación entre el rechazo de la propuesta escénica (una de las silbatinas más sonoras, sólo superada por las dirigidas a Warlikowski) y…

© Agathe Popeney

PARÍS

TEMPORADA OPERA. OPÉRA DE PARIS (Bastille)

TÉZIER, KARES, AGRESTA, DEMURO, ALAIMO, TIMOSCHENKO, LOVIGHI. CORO Y ORQUESTA DEL TEATRO. Director: LUISI. Puesta en escena: BIEITO

G.Verdi: Simon Boccanegra

Aforo: 2700. Asistencia: 100%

Hacía seis años que esta obra predilecta –con razón- de su autor no aparecía en la programación de la Opéra. Si en esa ocasión, y pese a algunos nombres de importancia, no había sido exaltante, ahora el público hizo –de forma quizá muy radical- una clara separación entre el rechazo de la propuesta escénica (una de las silbatinas más sonoras, sólo superada por las dirigidas a Warlikowski) y el aplauso a la versión musical, en la que tal vez convendría también distinguir. Es innegable que el triunfador de la velada fue el protagonista de Ludovic Tézier, memorable por la belleza y la línea de canto, por la intención, y también por la lealtad con la concepción escénica que no vaciló en hacerlo cantar recostado o arrodillado. Pero sería injusto no decir que también la orquesta de Fabio Luisi y el coro de José Luis Basso no participaron del éxito en la misma medida. La claridad del maestro italiano fue meridiana, sus dinámicas exactas, el fraseo parecía la traducción del de Tézier. Mika Kares tiene una voz de importancia aunque con tendencia a la rigidez en la emisión en algunos momentos y a su Fiesco no le convino la excesiva frialdad que se le impuso. Nicola Alaimo, también crucificado por la puesta en escena, hizo lo que pudo con el pérfido Albiani y cantó muy bien. Maria Agresta es una excelente cantante, sin un timbre muy personal, de bellos filados y un agudo que por momentos demuestra que empieza a exhibir la huella de demasiados roles diferentes en poco tiempo, cuando se trata de una soprano esencialmente lírica. Demuro fue, entre los principales, el que menos afinidad tenía con el rol. Como está claro que con Adorno es difícil que el más subversivo de los directores de escena pueda hacer algo que no sea la parte de un tenor romántico, prácticamente se lo dejó en paz. Pero su bello color no es suficiente, por demasiada levedad y poco volumen, para la parte, aunque ha resuelto su problema de emisión del agudo (menos cuando, como en el segundo acto, se ve obligado a forzar). Muy interesante el material y la figura de Michail Timoshenko en el conspirador Pietro y buen rendimiento de Cyrille Lovighi en el rol episódico del último acto. La frase única de la doncella de Amelia le tocó a Virginia Leva-Poncet.

© Agathe Popeney

© Agathe Popeney

Sobre la puesta en escena, no cabe duda de que Calixto Bieito es un hombre de teatro y algunos momentos son muy conseguidos, incluso en su permanente uso del feísmo, lo vulgar, el desnudo sin sentido, el infaltable cambio de época (por el vestuario de Ingo Krügler estábamos en los años sesenta del pasado siglo; por el gigantesco buque o nave espacial –muy sugestivo- base del decorado de Susanne Gschwender podríamos estar en el ámbito de la ciencia ficción), la utilización del video (de Sarah Derendinger: caras gigantescas de los protagonistas, con predominio de Simon y de su amante fallecida, Maria, que aquí muere en escena arruinando el aria del bajo) sin ton ni son. Lo que terminó con la paciencia del respetable fue el telón entre las dos partes que consistía en un muy tremendista montaje del cuerpo desnudo de la moribunda en horizontal visitado en todas sus partes por ratones (al parecer había muerto de peste; lo que da que pensar porque nadie más parecía afectado). Iluminación muy buena de Michael Bauer y enorme satisfacción del equipo escénico al recibir la reprobación de la audiencia…

Jorge Binaghi

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