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10-I-2019 Don Juan los supera a todos

PARÍS TEMPORADA OPERA. THÉATRE  DES CHAMPS-ELYSÉES ERWIN SCHROTT, RUBEN DROLE, JULIA KLEITER, LUCY CROWE, BENJAMIN BRUNS, LUCY CROWE, GIULIA SEMENZATO Y DAVID STEFFENS. DEUTSCHER KAMMERCHOR Y KAMMERORCHESTER BASEL. ERWIN SCHROTT: dirección escénica. GIOVANNI ANTONINI: director musical Mozart: Don Giovanni Aforo: 1985. Asistencia: 100% El Théâtre des Champs-Elysées no posee sólo un programa de conciertos sinfónicos, de cámara, recitales y óperas en versión escénica o de concierto, sino que es sede también de producciones invitadas, en este caso las del ciclo ‘Les Grandes Voix’. Entre otras propuestas se ha ofrecido una versión en forma de concierto – o más bien con…

© Dario Acosta. Erwin Schrott.

PARÍS

TEMPORADA OPERA. THÉATRE  DES CHAMPS-ELYSÉES

ERWIN SCHROTT, RUBEN DROLE, JULIA KLEITER, LUCY CROWE, BENJAMIN BRUNS, LUCY CROWE, GIULIA SEMENZATO Y DAVID STEFFENS. DEUTSCHER KAMMERCHOR Y KAMMERORCHESTER BASEL. ERWIN SCHROTT: dirección escénica. GIOVANNI ANTONINI: director musical

Mozart: Don Giovanni

Aforo: 1985. Asistencia: 100%

El Théâtre des Champs-Elysées no posee sólo un programa de conciertos sinfónicos, de cámara, recitales y óperas en versión escénica o de concierto, sino que es sede también de producciones invitadas, en este caso las del ciclo ‘Les Grandes Voix’. Entre otras propuestas se ha ofrecido una versión en forma de concierto – o más bien con una ‘mise en space’, o sea sin decorados ni trajes de escena, sino los típicos de una velada de concierto- de la obra maestra de Mozart, Don Giovanni. Una empresa reconocidamente difícil o casi imposible, pero en esta ocasión, si no todo ha estado al mismo nivel, contaba con el valor añadido del protagonista y al mismo tiempo director de escena, Erwin Schrott. Como es sabido, el famoso bajobarítono ha hecho de éste (pero también de Leporello) uno de sus papeles de referencia y, por lo que he visto, sigue perfeccionándolo. Tal vez alguna propuesta escénica sea discutible (la escena agregada luego de la muerte del Comendador es superflua y crea problemas a la que sigue), pero la idea de cantar la serenata a la mandolinista y luego a todas las damas del público es magistral, así como otros momentos (la cena, el encuentro con los campesinos, el nombre de Masetto que nunca recuerda o deforma). No me suelen parecer bien las oberturas ‘ilustradas’ porque distraen de la música, pero al menos esta vez aclara algunas relaciones ambiguas (la pareja que forman doña Ana y don Octavio, el papel que se autoasigna el burlador). Schrott ha profundizado también su enfoque vocal y ahora sus recitativos, sin corresponder exactamente a los que marca la ‘tradición’ (que no es sinónimo de error), son absolutamente pertinentes y nunca exagerados. Desde el punto de vista vocal la voz se encuentra en un momento espléndido y no tiene problemas con la velocidad de ‘Finch’han dal vino’ ni con la media voz de la serenata, ni tampoco para la difícil escena final, pero yo insistiría en la creatividad y variedad de un fragmento que se suele pasar por alto como ‘Metà di voi qua vadano’ o la escena del cementerio. El resto del reparto no está a su altura. Semenzato resulta la más adecuada a su papel (Zerlina): se mueve y dice bien aunque la voz sea más bien pequeña y no particularmente personal. Kleiter (Anna) es una muy buena cantante, pero los agudos filados son escasos, el extremo agudo algo rígido pese a que ejecuta bien –no extraordinariamente- agilidades y trinos, y la segunda aria es de lejos superior a la primera.  Crowe, Elvira, no cantó ‘Mi tradì’ (no se ha sido coherente con las dos versiones porque sí se han escuchado las dos arias del tenor y en el final se ha suprimido el concertante posterior a la desaparición del protagonista), pero su difícil aria de salida ha puesto de manifiesto una voz sin duda importante en volumen, pero vacía en el centro y de grave escaso. Los agudos eran seguros, pero muchas veces gritados. Tal vez haya estado mejor en el segundo acto. Bruns (Octavio) fue aplaudido como si hubiéramos estado ante uno de los grandes intérpretes del papel, lo que no fue para nada el caso. Exhibió problemas de respiración en ‘Dalla sua pace’ (más culpa probablemente de los tiempos lentísimos elegidos por el director) y tuvo un importante desliz en ‘Il mio tesoro’, que pasó desapercibido. En la zona aguda el color cambia de un momento al otro, y la voz resulta en general demasiado oscura y sin brillo para el rol. Steffens trazó un buen Masetto en todos los aspectos, pero no sé de quién fue la ocurrencia de hacerle cantar también la parte del Comendador, para la que carece de los medios vocales ni la figura (siempre mejor, en cualquier caso, que la de don Octavio). Leporello es el auténtico coprotagonista/antagonista de la ópera. Llegó a última hora porque el cantante previsto (Christian Senn) se encontraba enfermo. Drole es joven, simpático y tiene una bella voz de bajo. Exageró lo suyo y el repertorio de gesticulación era tan pesado como limitado; algunos agudos se emitían de cualquier modo. Muy divertidos los miembros del Deutscher Kammerkor (preparados por Katharina Eberl). Por lo que se refiere a la Orquesta de cámara de Basilea, tocó muy bien bajo la batuta atenta y también ella divertida de Antonini. No aprecié algunos tiempos y a menudo las voces se veían en dificultad por el volumen orquestal. La obertura sonó enfática y bastante oscura, pero en este aspecto debo decir que sigo prefiriendo una orquesta ‘normal’ y un director ‘tradicional’ (tipo Giulini) a los especializados (tipo Harnoncourt). Ya sé que no está de moda y que seguramente soy incapaz de comprender la mayor proximidad a la versión original (de todos modos improbable), por lo que me disculpo.

Jorge Binaghi

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