Audioclasica

11-I-2019 Bellísima ‘Bella’

PARÍS TEMPORADA OPERA. LES GRANDES VOIX. THÉATRE  DES CHAMPS-ELYSÉES ANJA HARTEROS, MICHAEL VOLLE, HANNA-ELISABETH MÜLLER, DNAIEL BEHLE, DORIS SOFFEL, KURT RYDL, SOFIA FOMINA. CORO Y ORQUESTA  DE LA ÓPERA DEL ESTADO DE BAVIERA.A. Versión de concierto. CONSTANTIN TRINKS: director musical Strauss: Arabella Aforo: 1985. Asistencia: 95% Champs-Elysées presentaba asimismo en forma de concierto una representación de Arabella de Richard Strauss con todo el elenco y las huestes de una reciente reposición en Múnich, con cuyo teatro existen desde hace mucho óptimas relaciones de intercambio. No es ciertamente el título más popular de su autor, y todos parecen estar de acuerdo…

© Vincent Pontet. Anja Harteros, Constantin Trinks y Sofia Fomina

PARÍS

TEMPORADA OPERA. LES GRANDES VOIX. THÉATRE  DES CHAMPS-ELYSÉES

ANJA HARTEROS, MICHAEL VOLLE, HANNA-ELISABETH MÜLLER, DNAIEL BEHLE, DORIS SOFFEL, KURT RYDL, SOFIA FOMINA. CORO Y ORQUESTA  DE LA ÓPERA DEL ESTADO DE BAVIERA.A. Versión de concierto. CONSTANTIN TRINKS: director musical

Strauss: Arabella

Aforo: 1985. Asistencia: 95%

Champs-Elysées presentaba asimismo en forma de concierto una representación de Arabella de Richard Strauss con todo el elenco y las huestes de una reciente reposición en Múnich, con cuyo teatro existen desde hace mucho óptimas relaciones de intercambio.

No es ciertamente el título más popular de su autor, y todos parecen estar de acuerdo en que es una hermana menor del Caballero de la rosa, último fruto de la colaboración con Hugo von Hofmannsthal y el menos perfecto. Pero cada vez que se la ve, hay tanta belleza, ternura, tolerancia, perdón como ‘mensaje’, que si languidece en algún momento o se repite (en especial, al principio del tercer acto) o si aparecen efectos conocidos y repetidos no me parece suficiente para considerarla ‘título menor’.

Naturalmente, come con todo Strauss, nada es lo mismo si la calidad de la ejecución no es al menos buena. A mis recuerdos de Fleming y Popp en vivo deberé agregar desde ahora a Harteros en uno de los papeles que le han dado justa fama en un ‘espectáculo’ prácticamente perfecto, en conjunto el mejor que haya visto en cincuenta años.

¿Espectáculo? Claro, no había decorados ni vestuario, pero todos se movían con naturalidad y exactitud (está claro que venían de representaciones escénicas recientes), y no hacía falta más.

© Vincent Pontet. Hanna-Elisabeth Müller

La protagonista es fundamental, y la Harteros lo dio todo con una seguridad vocal, una precisión en gesto y miradas que despertaban admiración y desencadenaban ovaciones (en particular después del monólogo del primer acto y luego de la gran escena final): qué agudos, qué capacidad para el sonido filado y ‘perlado’, qué homogeneidad y qué línea de canto sin perder de vista el acento y la gestualidad. Pero con ella sola no se habría cumplido el milagro. Uno de los personajes masculinos más completos de Strauss es justamente Mandryka, y Volle que otras veces no es tan perfecto demostró, pese a algún momento pasajero, que ha desarrollado y profundizado una parte que siempre le ha ido como anillo al dedo. La hermana menor, Zdenka, la culpable de los líos, es uno de esos regalos de Strauss a las sopranos líricoligeras: estuvo muy bien Müller aunque le falten esos pianísimos etéreos que forman parte indispensable de estos roles. Los padres eran dos cantantes veteranos todavía extraordinarios, también como intérpretes, Soffel y  Rydl.  Behle logra sortear (menos en un agudo infame del tercer acto) los escollos que Strauss acumulaba con placer para desgracia de sus no muy amados tenores. Fomina nos ofrecía una simpática e irreprochable Fiakermilli, papel breve pero dificilísimo con todos esos sobreagudos y agilidades demenciales. Los comprimarios todos bien, si se exceptúa el Elemer más bien débil de Dean Power. En cambio, magnífica la echadora de cartas de Heike Grötzinger y buenos los otros dos pretendientes ‘oficiales’, Callum Thorpe (Lamoral) y Sean Michael Plumb (Dominik). El coro (preparado por Sören Eckhoff, con una intervención reducida) y la orquesta de la Ópera del Estado de Baviera exhibían su habitual nivel de excelencia, pero la verdadera sorpresa provenía del joven director Trinks, que demostraba conocer a fondo la partitura y creer profundamente en lo que hacía, cosa que siempre se agradece y contribuye a resultados superiores. Al final de la velada un éxito enorme y merecido, con manos y pies que reclamaban la presencia de todos los participantes.

Jorge Binaghi

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