Audioclasica

13.II.2019 Abriendo caminos a la ópera de nuestros días

BARCELONA Gran Teatre del Liceu. Temporada 2018-2019 COOK, LÓPEZ, SABATA. ORQUESTRA SIMFÒNICA I COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. JOSEP PONS, dirección musical. CARME PORTACELI, dirección escénica. PACO AZORÍN, escenografía. ANTONIO VELART, vestuario. IGNASI CAMPRODON, iluminación. Benet Casablancas: L’enigma di Lea Aforo: 2286 Asistencia: 75% Desde octubre de 2011, con las representaciones del Jo, Dalí de Xavier Benguerel, no subía a la escena principal del Gran Teatre del Liceu un título de nueva creación debido a un compositor español, ámbito parcial dentro de la escasa dedicación del coliseo de las Ramblas a la ópera de nuestro tiempo, pese a la…

© A. Bofill. Parte III. Coro de espectadores

BARCELONA

Gran Teatre del Liceu. Temporada 2018-2019

COOK, LÓPEZ, SABATA. ORQUESTRA SIMFÒNICA I COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. JOSEP PONS, dirección musical. CARME PORTACELI, dirección escénica. PACO AZORÍN, escenografía. ANTONIO VELART, vestuario. IGNASI CAMPRODON, iluminación.

Benet Casablancas: L’enigma di Lea

Aforo: 2286 Asistencia: 75%

Desde octubre de 2011, con las representaciones del Jo, Dalí de Xavier Benguerel, no subía a la escena principal del Gran Teatre del Liceu un título de nueva creación debido a un compositor español, ámbito parcial dentro de la escasa dedicación del coliseo de las Ramblas a la ópera de nuestro tiempo, pese a la buena acogida de sus propuestas en la última década (Ligeti, Benjamin, Francesconi); si a ello sumamos la relevancia de los nombres asociados a este proyecto operístico en su responsabilidad conjunta (Benet Casablancas, Rafael Argullol y Carme Portaceli) y la expectación generada por los sucesivos anuncios de su estreno, las funciones de L’enigma di Lea han constituido, sin duda, uno de los momentos más esperados de la presente temporada liceísta.

© A. Bofill. Parte I. Cook-López

En escena, un espacio gris metálico e inhóspito, de cruda iluminación, marco general que dotaba de continuidad escénica al juego temporal, de la ucronía a la actualidad distópica, establecido en el texto de Argullol, que equilibra con mano diestra la dimensión individual de los personajes de la trama, su comprensión arquetípica –cifrada en la complementariedad sexual y caracterológica de los dos protagonistas (Lea y Ram) y en su búsqueda conjunta iniciática de la resolución de sus enigmas vitales– y su implicación en situaciones dramáticas cuya profundidad psicológica predomina sobre la mera acción externa. Portaceli sitúa a los personajes en cajas laterales o cenitales que acotan su participación, los sumerge en caligrafías lumínicas que animan el espacio e incluye, en una dinámica segunda parte, videproyecciones, en absoluto invasivas, que recogen en directo detalles de la interpretación; por otra parte, resalta el modo en que la gama cromática reducida predominante al inicio de la ópera –blanco, negro, azul metálico, gris ceniza…– se expande en el momento de la tercera intervención coral, y la sinuosa y pausada resolución coreográfica del encuentro erótico entre Lea y Ram vino a rubricar una propuesta de valoración altamente positiva, compensando la excesiva frontalidad y gestualidad sintética de los números corales o la imagen, en exceso cerrada, que aplanó espacialmente la resolución del núcleo argumental.

© A. Bofill. Parte II. Sabata

Respetuosa con la inteligibilidad del texto y con la calidad expresiva de las tipologías de cada personaje, la rica escritura vocal de Casablancas encontró adecuada traducción en el afilado timbre de Allison Cook (Lea), altamente emotiva –tal y como la recordábamos del Quartett de Francesconi–, y en el cálido color baritonal del Ram de José Antonio López, singularmente en la intensa escena de anagnórisis que inauguraba la parte segunda; igualmente acertada resultó la exorbitada encarnación del caprichoso Dr. Schicksal por parte de Xavier Sabata, así como, entre los comprimarios, la destacable labor de Sonia de Munck (Millebocche), Sara Blanch (Primera Dama de la Frontera) y Antonio Lozano como Lorenzo.

El sugerente entramado polifónico y motívico de la orquesta del compositor de Sabadell y su reconocido dominio de la diversidad tímbrica brillaron en manos de Josep Pons, quien dirigió con convicción las determinantes intervenciones corales y solventó esporádicos problemas en el control dinámico de la masa sinfónica (singularmente en ciertas intervenciones solistas de Cook y Sabata), al tiempo que supo subrayar el carácter lúdico de la parte central y sacar buen provecho de la orquesta liceísta en sus pasajes de lucimiento, como el preludio de la parte segunda o el “notturno amoroso” de la tercera. Con Casablancas y Argullol en escena y el aplauso convencido a los intérpretes (Cook, López, Sabata y Pons, en primer plano) finalizó una velada que augura, como esperamos, la continuidad de L’enigma di Lea sobre los escenarios internacionales y su necesaria difusión discográfica: el empeño en su creación y los frutos de su ejecución lo acreditan por igual.

Germán Gan Quesada

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