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27-II-2019 La grandeza del joven Mozart

VENECIA Temporada de ópera 2018/2019. Teatro la Fenice ROBERTA MAMAELI, JUAN FRANCISCO GATELL, ELISABETH BREUER, SILVIA FRIGATO, FRANCISCO FERNÁNDEZ-RUEDA. Orquesta y Coro del teatro La Fenice. ALESSIO PIZZECH, DIRECCIÓN ESCÉNICA. FEDERICO MARIA SARDELLI, direción musical. Mozart: Il re pastore Aforo: 1000 Asistencia: 95% Una mitad de las óperas de Mozart clasificadas como “juveniles”, parecían condenadas hace unos años a la sempiterna posición, un poco humillante, de simples antecedentes de las obras maestras de la madurez. Por suerte, la musicología antes y varias producciones en diferentes teatros más tarde, han llevado una visión más equilibrada de estas obras demostrando como para…

©Michele Crosera. Roberta Mameli, Francisco Fernández-Rueda y Elisabeth Breuer en el primer acto de Il re pastore

VENECIA

Temporada de ópera 2018/2019. Teatro la Fenice

ROBERTA MAMAELI, JUAN FRANCISCO GATELL, ELISABETH BREUER, SILVIA FRIGATO, FRANCISCO FERNÁNDEZ-RUEDA. Orquesta y Coro del teatro La Fenice. ALESSIO PIZZECH, DIRECCIÓN ESCÉNICA. FEDERICO MARIA SARDELLI, direción musical.

Mozart: Il re pastore

Aforo: 1000 Asistencia: 95%

Una mitad de las óperas de Mozart clasificadas como “juveniles”, parecían condenadas hace unos años a la sempiterna posición, un poco humillante, de simples antecedentes de las obras maestras de la madurez. Por suerte, la musicología antes y varias producciones en diferentes teatros más tarde, han llevado una visión más equilibrada de estas obras demostrando como para un compositor como Mozart difícilmente se atañe la diferencia entre “estudio preliminar” o “composición completa”. De hecho Mozart compuso siempre como mejor podía en cada momento, sabiendo utilizar constantemente y de la mejor manera sus peculiares posibilidades más que anticipando las que podían venir en un futuro. El “dramma per musica” Il re pastore (estrenado en Salzburgo en 1775) es bajo este aspecto una ópera emblemática, ya que con ella Mozart consiguió revitalizar un libreto de Metastasio de 1751 poniendo al centro – come después ocurrirá incesantemente desde el Idomeneo de 1781 – la relación entre palabra, sentimiento, acción y música. En el Re pastore esto ocurre de forma ejemplar en efecto sólo en algunas de las arias (como por ejemplo en la deslumbrante “L’amerò, sarò costante” cantada por Aminta en del segundo acto) sin embargo, en los otros “números” es igualmente evidente la capacidad única del compositor de descifrar en música el sentido más profundo del texto cantado.

©Michele Crosera. Juan Francisco Gatell, Roberta Mameli, Elisabeth Breuer, Francisco Fernández-Rueda y Silvia Frigato en el segundo acto de Il re pastore

En la nueva producción presentada en la Fenice dentro del marco del Carnaval 2019 de Venecia, el director Federico Maria Sardelli supo recoger perfectamente este legado mozartiano gracias a un inmejorable control de las intenciones dramatúrgicas presentes en la partitura y a una excelente capacidad conectar éstas con la voz y la expresividad de los diferentes intérpretes sobre el escenario. Entre ellos brilló particularmente Roberta Mameli (Aminta) que emocionó por la simplicidad exquisita de su emisión vocal, el dominio de la palabra y la magnética presencia escénica. No menos eficaz fue el Alessandro de Juan Francisco Gatell, voz ya consolidada en este repertorio y que con el pasar de los años parece cobrar siempre más en seguridad, expresividad y dominio de la escena. Francisco Fernández-Rueda fue un Agenore muy expresivo, capaz de sacar lo mejor del aria “Sol può dir come si trova” del segundo acto, ejemplo de un estilo musical ya casi prerromántico. Eficaces, pero con recursos vocales menos cautivantes, fueron finalmente Elisabeth Breuer (Elisa) y Silvia Frigato (Tamiri).

La puesta en escena de Alessio Pizzech tuvo el mérito de no alterar demasiado la dramaturgia, así como de respetar con inteligencia la música de Mozart. La ambientación contemporánea tenía como referencia visual la película Hacia rutas salvajes, asociando la rebeldía de Aminta a su condición de rey con la del joven de la obra de Sean Penn que escapa de civilización y de las ventajas de una vida burguesa para refugiarse en la naturaleza incontaminada. Una asociación a lo mejor algo forzada pero nunca expuesta con demasiada ostentación. Único elemento negativo – dentro del marco escénico agradable de Davide Amadei y de las bellas luces de Claudio Ricotti – la presencia de algunos figurantes que en varios momentos hastiaban innecesariamente con sus movimientos las arias de algunos personajes. Éxito asegurado al final de la velada con aplausos sinceros para todos los intérpretes.

Gian Giacomo Stiffoni

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