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03-III-2019 Gerghiev y Martone consiguen una admirable Khovanshchina

MILÁN Temporada de ópera 2018/2019. Teatro alla Scala EKATERINA SEMENCHUK, MIKHAIL PETRENKO, EVGENIA MURAVEVA, STANISLAV TROFIMOV, SERGEY SKOROKHODOV, EVGENY AKIMOV, MAXIM PASTER. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. MARIO MARTONE, DIRECCIÓN DE ESCENA. VALERY GERGHIEV, DIRECCIÓN MUSICAL Mussorgsky: Khovanshchina  Aforo: 2.222 Asistencia: 80% Khovanshchina de Mussorgsky volvió a La Scala después de veintiún años con la batuta del mismo director que la dirigió con éxito en 1998, Valery Gerghiev. Khovanshchina es sin duda alguna una ópera compleja y nada fácil para el público. La obra inacabada del compositor ruso, que dejó solo la partitura para voz y piano para…

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Stanislav Trofimov y el Coro del Teatro alla Scala en la scena final del quinto acto de Chovanščina

MILÁN

Temporada de ópera 2018/2019. Teatro alla Scala

EKATERINA SEMENCHUK, MIKHAIL PETRENKO, EVGENIA MURAVEVA, STANISLAV TROFIMOV, SERGEY SKOROKHODOV, EVGENY AKIMOV, MAXIM PASTER. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. MARIO MARTONE, DIRECCIÓN DE ESCENA. VALERY GERGHIEV, DIRECCIÓN MUSICAL

Mussorgsky: Khovanshchina 

Aforo: 2.222 Asistencia: 80%

Khovanshchina de Mussorgsky volvió a La Scala después de veintiún años con la batuta del mismo director que la dirigió con éxito en 1998, Valery Gerghiev. Khovanshchina es sin duda alguna una ópera compleja y nada fácil para el público. La obra inacabada del compositor ruso, que dejó solo la partitura para voz y piano para que ésta fuera posteriormente orquestada por Rimski-Kórsakov en el siglo XIX y después, en una nueva versión, por Dimtri Shostakóvich (versión presentada en el coliseo milanés), se rige sobre un argumento histórico que es de hecho complejo, además ubicado dentro de una dramaturgia algo retorcida y basada en personajes que nunca son suficientemente definidos para establecer un vínculo emotivo con el espectador. Pese a esto Khovanshchina ha beneficiado de cierto éxito en la Scala; desde su primera aparición en 1929 y hasta el día de hoy en total han sido diez las reposiciones de este título; un número del que no se benefician ópera muchos más ancladas en el repertorio más conocido.

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Mikhail Petrenko en el primer acto de Khovanshchina

La nueva producción presentada en el coliseo milanés fue firmada, por lo que se refiere a la puesta en escena, por el famoso director de cine y teatro Mario Martone con los decorados de la no menos conocida Margherita Palli, histórica colaboradora del gran Luca Ronconi. Las dos ilustres artistas expusieron la intricada parábola sobre el poder proyectándola en un futuro imaginario, evitando de esta manera una banal actualización y respetando a la letra la tensión épica perseguida por Mussorgsky, proporcionando además al magnifico espectáculo una carga visionaria sorprendente. La ambientación – prevalentemente monocromática, con hielo, nieve y estructuras post industriales grises y plúmbeas– evocaba con éxito las atmosferas de Blade Runner de Ridley Scott como los magníficos Siete Palacios Celestes de Kiefer hoy en día visibles en el Hangar Bicocca de Milán. En un mundo de supervivientes (que en la idea de Martone y Palli conservaba, pese al marco futurista, un cuño muy ruso, gracias también al vestuario de Ursula Patzak), teatro de enfrentamientos entre poderes políticos y religiosos, se mueven los condenados de Mussorgsky destinados a ser eliminados por una disputa religiosa. Martone inventa además la aparición de la elegante regenta Sofía con los dos hermanitos (uno de ellos destinado a ser Pedro el Grande) que no aporta deleite al espectador, sino que marca aún más el trágico desenlace de la obra con el sacrificio de lo viejos creyentes en una hoguera salvífica pero igualmente terrible. Hoguera que el director de escena italiano convierte en una impresionante luna que se agranda siempre más y que enciende el escenario, en una innegable cita del desenlace de Melancholia de Lars von Trier. El resultado fue una puesta en escena modélica en todo momento, capaz de resolver brillantemente las situaciones estáticas, como por ejemplo los diálogos del secundo acto, y de aportar al mismo tiempo nitidez y claridad a un argumento complejo y sin duda de difícil fruición. Extremamente logrados fueron el pasaje entre el cuarto y quinto acto y las famosa danzas persianas del tercero, transformadas en una exhibición inquietante de prostitutas encargadas en deleitar las últimas horas del príncipe Khovanschi.

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Escena final del cuarto acto de Khovanshchina

Por lo que ser refiere a la parte musical no cabe duda de que Valery Gerghiev sigue siendo insuperable en este repertorio. La suya fue una lectura perfecta en todo momento, suntuosa, llena de colores, con un sonido aterciopelado dado a la cuerda y una equilibrada valorización, en cada detalle, de la orquestación de Shostakóvich. Su interpretación fue secundada por una orquesta de La Scala que ofreció una de sus más brillantes actuaciones y por un coro verdaderamente extraordinario, dirigido de forma impecable por Bruno Casoni, que demostró ser una vez más uno de los mejores al mundo. El reparto escogido fue de lo mejor que se puede encontrar hoy en día, encabezado por la especialista Ekaterina Semenchuk como Marfa, con la intensa Evgenia Muraveva en el papel de Emma y – dentro de un amplio y inmejorable reparto – con cantantes rusos de excelencia, como por ejemplo Mikhail Petrenko (príncipe Ivan Khovanschi), Stanislav Trofimov (Dosifej), Sergey Skorokhodov (príncipe Andrej), y Evgeny Akimov (príncipe Golicyn). Al final de la velada, la producción (que sin duda será recordada como una de las mejores de los últimos años y de la presente temporada de La Scala) tuvo el merecido triunfo, pese a una sala lamentablemente lejos de estar completamente agotada.

Gian Giacomo Stiffoni

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