Audioclasica

30-III-2019 Gallos, pájaros, fuego y un soberbio Schumann

BARCELONA L’AUDITORI GAUTIER CAPUÇON, violonchelo. OBC. KAZUSHI ONO, director. Obras de M. Vila i Blasco, J. Brahms, R. Schumann e I. Stravinsky. Aforo: 2.203 Asistencia: 95% Programa variado, interesante y colorista el del décimo octavo concierto de la temporada de la OBC, en el que la visita de un virtuoso de nivel como Gautier Capuçon se mezclaba con títulos muy populares y con el estreno de un encargo dentro del proyecto didáctico Et toca a tu, uno de los grandes aciertos del Auditori en su proyecto de llevar la música a colectivos a los que no acostumbra a llegar. La…

© May Zircus / L’Auditori

BARCELONA

L’AUDITORI

GAUTIER CAPUÇON, violonchelo. OBC. KAZUSHI ONO, director.

Obras de M. Vila i Blasco, J. Brahms, R. Schumann e I. Stravinsky.

Aforo: 2.203 Asistencia: 95%

Programa variado, interesante y colorista el del décimo octavo concierto de la temporada de la OBC, en el que la visita de un virtuoso de nivel como Gautier Capuçon se mezclaba con títulos muy populares y con el estreno de un encargo dentro del proyecto didáctico Et toca a tu, uno de los grandes aciertos del Auditori en su proyecto de llevar la música a colectivos a los que no acostumbra a llegar.

La presencia sobre el escenario de decenas de alumnos de la Escola Pepa Colomer de El Prat de Llobregat no habría pasado de un simpático acto, si no hubiese sido porque Mariona Vila i Blasco ha conseguido con su Gall de foc una obrita deliciosa, llena de vida y musicalmente contagiosa, que señala un camino de trabajo muy esperanzador: crear partituras que, a más de su adecuación para los niveles de ejecución de alumnos de los primeros niveles, tengan mérito en sí mismas.

A continuación, la orquesta, con su titular a la batuta, ofreció una Sinfonía n. 3 en Fa mayor, op. 90 de Johannes Brahms fundamentada en un solvente manejo de los tiempos: si el Allegro con brío comenzó con alguna duda, un delicado Andante y una lectura clasicizante del célebre Allegro final acabaron por conformar una interpretación más que correcta de una obra en la que Brahms no oculta las resonancias a su maestro Robert Schumann. Y precisamente del músico de Zwieckau fue la tercera obra que se puso en atriles, su Concierto para violonchelo y orquesta en La menor, op. 129, y que vino a representar, sin lugar a dudas, la parte más destacable de la noche. Schumann quiso construir el concierto sobre un diálogo de igual a igual entre el solista y la orquesta y eliminó las cadenze, lo que, no obstante, no le detrae ni un ápice de virtuosismo. Capuçon y Ono mostraron un excelente entendimiento, el primero gracias a la sonoridad exquisita de su instrumento, el segundo con una juiciosa administración de los volúmenes de las diferentes secciones, en especial de la compacta cuerda de la orquesta. La propina en la forma de El cant dels ocells, en el que el solista fue acompañado por todos los chelos de la OBC, buscó en un tempo lentísimo un efectismo que caló sin duda en el público.

El cierre de la velada se confió a la versión de 1919 de la suite El pájaro de fuego de Stravinski, obra de alta exigencia en la que debieron haberse evitado algunas entradas deficientes y cierta estridencia en metales y percusión, producto tal vez de una indisimulada búsqueda de la espectacularidad que ya le es inherente a la misma partitura. Con todo, no puede negarse que el balance de todo lo escuchado resultó satisfactorio y que interesó a paladares bien diversos.

Javier Velaza

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