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1-IV-2019 Anna Pirozzi eleva una Gioconda irregular

BARCELONA Gran Teatre del Liceu ANNA PIROZZI, la Gioconda. DOLORA ZAJICK, Laura Adorno. ILDEBRANDO D’ARCANGELO, Alvise Badoero. MARÍA JOSÉ MONTIEL, la cieca. BRIAN JADGE, Enzo Grimaldo. GABRIELE VIVANI, Barnaba. dirección de escena, PIER LUIGI PIZZI. CORO DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. Directora, CONXITA GARCIA. ORQUESTA SINFÓNICA DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. director, GUILLERMO GARCÍA CALVO. Ponchielli: La Gioconda, ópera en cuatro actos. Libreto de A. Boito. Aforo: 2.292 Asistencia: 98% Bueno será comenzar reconociendo que títulos como La Gioconda de Ponchielli solo se sostienen ya en el repertorio por sus fundamentos musicales y por ese manojo de highligths que se…

© Antoni Bofill

BARCELONA

Gran Teatre del Liceu

ANNA PIROZZI, la Gioconda. DOLORA ZAJICK, Laura Adorno. ILDEBRANDO D’ARCANGELO, Alvise Badoero. MARÍA JOSÉ MONTIEL, la cieca. BRIAN JADGE, Enzo Grimaldo. GABRIELE VIVANI, Barnaba. dirección de escena, PIER LUIGI PIZZI. CORO DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. Directora, CONXITA GARCIA. ORQUESTA SINFÓNICA DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. director, GUILLERMO GARCÍA CALVO.

Ponchielli: La Gioconda, ópera en cuatro actos. Libreto de A. Boito.

Aforo: 2.292 Asistencia: 98%

Bueno será comenzar reconociendo que títulos como La Gioconda de Ponchielli solo se sostienen ya en el repertorio por sus fundamentos musicales y por ese manojo de highligths que se han hecho hueco con justicia en la memoria colectiva de los operófilos. De no ser por tales mimbres, apenas si sería soportable llevar a escena uno de los menos afortunados libretos de Boito, que consigue devaluar el ya de por sí discutible argumento de Angelo, tyran de Padoue de Víctor Hugo y lo convierte en un potaje de amores, desamores, odios y venganzas de muy costosa digestión. Por lo demás, cualquier intento de redimir tanto pecado literario con las armas de la escenografía y de la dirección actoral supera los límites de lo humano: el veteranísimo Pier Luigi Pizzi concibió en 2005 un montaje que ha girado por los teatros con un éxito que a algunos se nos antoja más bien infundado y que regresa ahora al Liceu sin apenas modificaciones.

Así las cosas, ante una Gioconda no queda hoy otro remedio que encomendarse a orquesta y voces, en la esperanza de que la una haga justicia a la expresiva partitura de Ponchielli y las otras sean capaces de resolver con eficacia las exigencias nada menores que a casi todos los cantantes les impone su rol. Y tales cosas se cumplieron sobre las tablas del Liceu de manera desigual.

A Guillermo García Calvo, que debutaba en el foso del teatro, hay que agradecerle su lectura equilibrada, su búsqueda de matices en los pasajes orquestales y el cuidado de los volúmenes para proteger a unos cantantes que a veces se ven obligados a proyectar su sonido desde una distancia excesiva a las primeras filas de platea. Fue correcta también la labor del coro, que Conxita Garcia dirige con buen tiento pero que requeriría ya un refuerzo en algunas cuerdas. Y en el elenco vocal fue grata la sorpresa de un Brian Jadge que mostró siempre una buena línea de canto y una expresividad de corte verista muy apreciable. Junto a él hay que destacar la espléndida actuación de María José Montiel como La Ciega, con una Voce di donna de gran brillantez. Gabriele Viviani, por su parte, fue un Barnaba con altibajos y algo áspero en la emisión, lo que le impidió conferir a su personaje la importancia que tiene en la obra. También de Ildebrando d’Arcangelo se esperaba más, dado su bien ganado prestigio, pero ni el rol es el más apropiado para su instrumento ni él pareció encontrarse en la mejor forma. Y sentimientos encontrados suscita la inclusión en el casting de Dolora Zajick: y es que, si teatralmente es insostenible que podamos verla como una Laura Adorno y tampoco su voz es ya la que hace años maravilló en el Liceu, todavía prevalecen su profesionalidad y el respeto venerable hacia la que ha sido una de las grandes en su tesitura.

En fin, en tales circunstancias, fue Anna Pirozzi quien vino a elevar el nivel irregular del espectáculo con una poderosa Gioconda. La soprano italiana hubo de sustituir a última hora a la esperadísima Iréne Theorin, quien había de debutar el rol, y lo hizo con una solvencia extraordinaria, solo ligeramente mejorable cuando la partitura le obligaba a visitar el registro inferior y en algunos duetos en que faltó empaste. No cabe duda, sin embargo, de que nos hallamos ante una de las voces femeninas del momento y que aquellos que se acerquen estos días a escucharla en el teatro de La Rambla no saldrán en modo alguno defraudados.

Javier Velaza

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