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03-IV-2019 Siempre en el buen camino

PARÍS TEMPORADA OPERA. OPÉRA COMIQUE (SALLE FAVART) SPYRES, SANTONI, LEBÈGUE, BOUTILLIER, DEVOS, TEITGEN, BERTIN-HUGAULT, DE HYS, DORAY. CORO ‘ACCENTUS’ y  ORQUESTA INSULA DE PARÍS. Director: EQUILBEY. Puesta en escena: BOBÉE. Adam: Le postillon de Lonjumeau Aforo: 1500. Asistencia: 100% Cuando la sala Favart decide defender el repertorio que le ha dado fama lo hace, desde hace bastante tiempo, de modo superlativo. Non si trata sólo de espectáculos e interpretaciones brillantes. Sino de una cuidadosa y precisa elección de títulos que hace tiempo merecían una nueva oportunidad. Esta vez hemos tenido finalmente la posibilidad de ver ‘in loco’ la ópera más…

© Stefan Brion

PARÍS

TEMPORADA OPERA. OPÉRA COMIQUE (SALLE FAVART)

SPYRES, SANTONI, LEBÈGUE, BOUTILLIER, DEVOS, TEITGEN, BERTIN-HUGAULT, DE HYS, DORAY. CORO ‘ACCENTUS’ y  ORQUESTA INSULA DE PARÍS. Director: EQUILBEY. Puesta en escena: BOBÉE.

Adam: Le postillon de Lonjumeau

Aforo: 1500. Asistencia: 100%

Cuando la sala Favart decide defender el repertorio que le ha dado fama lo hace, desde hace bastante tiempo, de modo superlativo. Non si trata sólo de espectáculos e interpretaciones brillantes. Sino de una cuidadosa y precisa elección de títulos que hace tiempo merecían una nueva oportunidad. Esta vez hemos tenido finalmente la posibilidad de ver ‘in loco’ la ópera más conocida –y en su momento célebre- de Adam, hoy recordado por su música de ballet. Le postillon de Lonjumeau es hoy sólo sinónimo de la célebre aria del primer acto (unida al nombre inolvidable del gran Nicolai Gedda).

Después de ese acto, algo pobre (aparte del aria), la calidad y el interés suben como la espuma y en espcial el segundo es una pequeña joya (también el tercero, un punto menos).

Se trata de una colaboración con la Opéra de Rouen Normandie, su coro Accentus(preparado por Christophe Grapperon) y su orquesta, ambos muy sonoros y entusiastas, bajo la batuta de Sébastien Rouland, quien pese a su edad parece verdaderamente un especialista del género y concierta de manera impecable.

© Stefan Brion

La puesta en escena de Michel Fau (que se reservaba la parte de Rose, amiga y consejera de la protagonista) es divertida y con todos los guiños posibles al pasado y al presente, en constante e inestable equilibrio entre lo ingenuo en segundo o tercer grado y lo claramente kitsch (como se puede apreciar en los decorados de Emmanuel Charles y en los coloridos y exagerados trajes de Christian Lacroix).

© Stefan Brion

El protagonista Chapelou convertido en el famoso tenor Saint-Phar en época de Luis XV (que aparece aquí como personaje –un añadido de la puesta en escena muy convincente- al principio para explicar mejor la trama e interpretado por el actor Yannis Ezziadi) es para un auténtico supertenor. Y Spyres, en un teatro como este y en esta clase de repertorio, no tiene rivales hoy gracias también a su francés y a su desenvoltura escénica. Pero más aún que en la dichosa aria sobresale en los números siguientes (sean arias o dúos o tríos). Muy difícil también la parte de la esposa (abandonada y recuperada no sin problemas) Madeleine, también ella convertida en Madame de Latour. Florie Valiquette no estaba en su mejor forma en el primer acto, pero por suerte a partir de su bellísima aria del segundo, y aunque quedaba algún reflejo metálico en el agudo, lograba rivalizar con éxito con el  (ex) marido/tenor.

© Stefan Brion

Franck Leguérinel cantaba poco pero lo hacía bien y como actor estaba sensacional en el papel del marqués de Corcy, un pretendiente eterno y sin esperanza de Madeleine (en su disfraz de Latour) y ‘culpable’ de haber descubierto las cualidades vocales de Chapelou en el primer acto y haberlo atraído a París al servicio del rey. Bijou, luego Alcindor en la capital, il tercero en discordia en la pareja tenor/soprano, era el excelente bajobarítono Laurent Kubla, a quien habría que ver en roles más largos y difíciles. También bueno el barítono Julien Clément como Bourdon, cómplice de los desaguisados verdaderos o presuntos de Saint-Phar y Alcindor (especialmente exuberantes los tres en el bellísimo trío ‘Pendu!’ del tercer acto). Público extasiado, sala sin un lugar vacío, y ovaciones interminables al final de la función, y muy merecidas en opinión de quien esto firma.

Jorge Binaghi

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