Audioclasica

09-V-2019 Las raíces y las alas

BARCELONA PALAU DE LA MÚSICA CATALANA BEHZOD ABDURAIMOV, piano. ORQUESTA FILARMÓNICA DE SAN PETERSBURGO. YURI TEMIRKANOV, director. Obras de P. I. Tchaikovsky. Aforo: 2.049 Asistencia: 95% Las raíces y las alas, la tradición y la modernidad, el pasado y el futuro vinieron a conjugarse de una manera ejemplar en esta visita al Palau de la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo. La formación, verdadero mascarón de proa de la música rusa, se presentaba con su titular, Yuri Temirkanov, a la batuta y esto por sí mismo revestía al evento de un aura de venerabilidad. Temirkanov dirige la formación desde hace treinta…

Foto @ A Bofill

BARCELONA

PALAU DE LA MÚSICA CATALANA

BEHZOD ABDURAIMOV, piano. ORQUESTA FILARMÓNICA DE SAN PETERSBURGO. YURI TEMIRKANOV, director.

Obras de P. I. Tchaikovsky.

Aforo: 2.049 Asistencia: 95%

Las raíces y las alas, la tradición y la modernidad, el pasado y el futuro vinieron a conjugarse de una manera ejemplar en esta visita al Palau de la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo. La formación, verdadero mascarón de proa de la música rusa, se presentaba con su titular, Yuri Temirkanov, a la batuta y esto por sí mismo revestía al evento de un aura de venerabilidad. Temirkanov dirige la formación desde hace treinta y un años, desde que en 1988 falleciera el mítico Evgueni Mravinski, quien la rigió a su vez por medio siglo: que una orquesta solamente haya sido dirigida por dos batutas desde 1938 es un hecho insólito que, más allá de la anécdota y hasta del vértigo histórico –ha sobrevivido a cambios del nombre de su ciudad y de la estructura de su país–, le confiere una continuidad en la tradición musical de extraordinario interés. Pero no debe confundirse ello con una fosilización estilística o un amaneramiento interpretativo. Escuchar hoy a la formación ofrece un interés indudable, porque permite identificar todavía las bases sólidas de una tradición acendrada, pero, a un tiempo, observar cómo se trata de una tradición fértil sobre la que se está construyendo un espléndido futuro musical. Los atriles están ahora ocupados en buena parte por maestros de relativa juventud que, no obstante, exhiben una solidez técnica individual y un sonido de conjunto depurado sobre los cuales se puede construir un discurso dúctil. Así lo demostró la segunda parte del concierto, con la paradigmática Quinta de Tchaikovsky en la que un muy veterano Temirkanov demostró hallarse en plenitud de facultades: lejos de despachar una lectura convencional, consiguió desde un balance atrevido de los tempi que la partitura no sonara a consabida. Las excelentes intervenciones de los solistas –en especial de la trompa– y la brillantez de la soberbia sección de cuerda fueron los fundamentos de una apoteosis final a la que el público se sumó con entusiasmo.

Pero quizás más revelador es lo que había sucedido en la primera parte del concierto, dedicada al Concierto para piano n. 1 en Si bemol op. 23. En ella la orquesta y su director establecieron un diálogo perfecto con el solista, el maestro uzbeko Behzod Abduraimov, que ha trascendido ya de largo la condición de promesa del instrumento. Abduraimov no desciende ya de la tradición del pianismo ruso, si entendemos como tal la representada por Richter, sino que se inscribe en una nueva línea mucho más cosmopolita propia de su generación: a partir de una rutilante técnica, su expresividad y su lectura intensa de la partitura tchaikoskyana fueron perfectamente secundadas por una Sinfónica que puso así de manifiesto que, junto a su pasado esplendoroso, goza ya de un presente y se proyecta en un futuro magníficos.

Javier Velaza

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