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05-VI-2019 Muti y Pollini iluminan Mozart

Ravenna XXX Ravenna Festival. Palazzo Mauro De André MAURIZIO POLLINI, pianista; ORCHESTRA GIOVANIE LUIGI CHERUBINI; director musical: RICCARDO MUTI Mozart: Conciertos para piano K 449 y K466 Mendelssohn: Meerestille un glückliche Fahrt Ravel: Bolero Aforo: 3500 Asistencia: 99% El Festival de Ravenna cumple este año 30 años de actividad ininterrumpida. En este considerable arco de tiempo la ciudad italiana ha sido – y sigue siendo pese a que en los últimos años la escasez de recursos económicos haya mermado parcialmente el parterre de figuras de la música que llenaba su programación – centro de uno de los festivales más originales del planeta, donde además…

©Silvia Lelli. Riccardo Muti y Maurizio Pollini durante uno de los conciertos de Mozart

Ravenna

XXX Ravenna Festival. Palazzo Mauro De André

MAURIZIO POLLINI, pianista; ORCHESTRA GIOVANIE LUIGI CHERUBINI; director musical: RICCARDO MUTI

Mozart: Conciertos para piano K 449 y K466

Mendelssohn: Meerestille un glückliche Fahrt

Ravel: Bolero

Aforo: 3500 Asistencia: 99%

El Festival de Ravenna cumple este año 30 años de actividad ininterrumpida. En este considerable arco de tiempo la ciudad italiana ha sido – y sigue siendo pese a que en los últimos años la escasez de recursos económicos haya mermado parcialmente el parterre de figuras de la música que llenaba su programación – centro de uno de los festivales más originales del planeta, donde además de la música clásica conviven las ultimas tendencias del balé, del teatro, de musical, de la música jazz, pop y rock y de otras artes afines al mundo de la performance. Por más de un mes las calles, los templos y los teatros de Ravenna (done no hay que olvidar se encuentra ocho monumentos patrimonio de la Unesco) se llenan de propuestas originales que viven bajo un lema escogido por los responsables de la programación que las une, dentro de un recorrido siempre culturalmente estimulante. El lema de este año “…per l’alto mare aperto…”, que cita las palabras de Ulises en el XXVI canto del Inferno de Dante, quiere también recordar la idea del viaje recorrido hasta ahora por el Festival, pensado siempre como en perenne descubrimiento de algo nuevo, anclado al glorioso pasado de una cultura occidental pero que mira constantemente a oriente.

©Silvia Lelli. Una imagen del Pala de André de Ravenna antes del concierto

El viaje de este decimotercero prestigioso certamen, que en julio llegará hasta Atenas con el inmancable concierto de “Le vie dell’amicizia”, no podía empezar sino con dos columnas de la música, ambos hijos de la escuela italiana como Riccardo Muti y Maurizio Pollini, protagonistas absolutos, junto a la Orquesta Juvenil Luigi Cherubini, del concierto inaugural. En un Pala de Andrè abarrotado hasta la ultima plaza disponible, los dos intérpretes han ofrecido una interpretación modélica de dos conciertos de Mozart. Prácticamente coetáneos, Muti y Pollini no han colaborado demasiadas veces. Sin embargo, su colaboración viene de lejos; tocaron juntos, siendo todavía estudiantes en los años Sesenta, en la famosa reseña milanesa de “I pomeriggi musicali” y en 1971 empezaron, con un concierto en Salzburgo con la Filarmónica de Berlin una serie de encuentros regulares, aunque dilatados en el tiempo; el último en Chicago en 2013 siempre bajo el ala de Mozart. En estos años las notorias diferencias interpretativas entre los dos artistas han conseguido encontrar un punto de coyuntura admirable, sobre todo en la forma de acercarse al genio de Salzburgo. El estilo del último Pollini ya no busca la perfección técnica sino la substancia del entramado musical. De esta forma hay que olvidar la limpieza nacarada de las escalas rápidas, típicas en Mozart, sino centrarse en la forma en que el gran pianista transmite la melancolía y el sufrimiento de las secciones más liricas, sobre todo en los movimientos lentos, la sorpresa de las inesperadas modulaciones y la manera impresionante con que busca el dialogo con la orquesta. En esto Pollini ha tenido un cómplice de excepción en Riccardo Muti que sin duda es uno de los intérpretes de referencia del repertorio mozartiano, por su capacidad de entender a la perfección el fraseo, la trasparencia y la carga teatral que caracteriza la obra mozartiana. Los conciertos Kv 449 (una verdadera joya por ser de “un género muy particular” como dijo el mismo Mozart) y sobre todo el más conocido Kv 466 surgieron de las manos de Pollini y de la batuta de Muti repletos de su maravillosa carga de humanidad y de originalidad; algo que sigue impresionando todavía hoy en día y que tuvo que dejar no poco sorprendido al público de su época.

©Silvia Lelli. Cristina Mazzavillani Muti entrega el Premio Ravenna Festival a Maurizio Pollini

Todo fue palpable gracias también a la excelente prestación de los jóvenes músicos de la Orquesta Cherubini que este año estrena nuevo conjunto y que pese a esto demuestran cada año una continuidad de calidad impecable, siendo ya un punto de referencia irrenunciable para la juventud musical italiana. Algo que se hizo patente con creces en la segunda parte del concierto en la que la orquesta triplicó su orgánico y en la que Muti consiguió sacar lo mejor de cada instrumentista. Al inicio con intima, pero llena de contrastes, interpretación de Meerestille un glückliche Fahrt (Calma de mar y feliz viaje): una “ouverture para concierto” de evidente ascendencia beethoveniana, escrita por Mendelssohn en 1728 y basada en un poema de Goethe de 1796. Al final con una portentosa interpretación del celebre Bolero de Ravel que tuvo que ser interrumpido por Muti a causa de una inoportuna tos que mermó el inicio en pianísimo del tambor, pero que una vez encaminado en su impresionante crescendo llego a exaltar no solo la audiencia sino a los mismos músicos. Éxito contundente del concierto que en la primera parte vio también la entrega a Maurizio Pollini del Premio Ravenna Festival 2019 de manos de la patrona del festival, Cristina Mazzavillani Muti.

Gian Giacomo Stiffoni

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