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30-VI-2019 Lucía fue sacrificada

València Temporada 2018/2019. Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal ALESSANDRO LUONGO. JESSICA PRATT. YIJIE SHI. XAVIER ANDUAGA. ALEXÁNDER VINOGRADOV. OLGA SYNIAKOVA. ALEJANDRO DEL CERRO. JEAN-LOUIS GRINDA, director de escena. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANCESC PERALES, director. ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. ROBERTO ABBADO, director musical. Gaetano Donizetti: Lucia di Lammermoor Aforo: 1412 Asistencia: 95% Lucia di Lammermoor era el título más esperado del curso. Clausuraba una temporada, en principio, de transición a la próxima, la primera diseñada por Jesús Iglesias Noriega, pero más exitosa de lo previsto. Al interés por escuchar a Jessica Pratt y Yijie Shi,…

Jessica Pratt en la escena de la locura de Lucia di Lammermoor. Palau de Les Arts de València. Créditos: Mikel Ponce y Miguel Lorenzo

València

Temporada 2018/2019. Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal

ALESSANDRO LUONGO. JESSICA PRATT. YIJIE SHI. XAVIER ANDUAGA. ALEXÁNDER VINOGRADOV. OLGA SYNIAKOVA. ALEJANDRO DEL CERRO. JEAN-LOUIS GRINDA, director de escena. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANCESC PERALES, director. ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. ROBERTO ABBADO, director musical.

Gaetano Donizetti: Lucia di Lammermoor

Aforo: 1412 Asistencia: 95%

Lucia di Lammermoor era el título más esperado del curso. Clausuraba una temporada, en principio, de transición a la próxima, la primera diseñada por Jesús Iglesias Noriega, pero más exitosa de lo previsto. Al interés por escuchar a Jessica Pratt y Yijie Shi, cabe añadir lo que se ha convertido en una tradición: anticipar las vacaciones con una producción reseñable como La condenación de Fausto (2018), Tancredi (2017), protagonizada por Pratt y Shi con éxito rotundo, o A Midsummer Night’s Dream (2016), entre otras. Todas ellas fueron dirigidas musicalmente por Roberto Abbado, quien en su despedida, pues este Donizetti suponía su última ópera como titular de la Orquestra de la Comunitat Valenciana (OCV), declaró marcharse en paz y feliz. A ello habrá contribuido, seguramente, el cumplimiento íntegro de su contrato. Fabio Biondi, quien compartía la titularidad con él, salió raudo en 2018 tras la dimisión de Davide Livermore, después de que los músicos hicieran pública su preferencia por otras batutas.

Además, parece que quedarse solo al frente de la orquesta sirviera de acicate al milanés para alcanzar momentos musicales memorables. Ese era uno de los comentarios expresados el descanso de la función que aquí reseñamos. Entre ellos, quizá haya que anotar su querencia hacia la música de Verdi, de la que algo se intuye ya en esta Lucia y que él mismo se encargó de evidenciar: resaltó el apoyo psicológico de las intervenciones solistas instrumentales, algunos coros resultaron puramente verdianos y hubo momentos de una tímbrica tan oscura como dramática. A grandes rasgos, el director presentó una Lucia di Lammermoor romántica, en la que la armónica de cristal de Sascha Reckert produjo sensaciones escalofriantes, acrecentando el ambiente de novela gótica. Su apoyo fundamental fue la edición revisada por Jesús López Cobos y tanto coro como orquesta rayaron el nivel sobresaliente habitual.

Como decíamos, Pratt y Shi eran el centro de atención. No defraudaron. Ambos dieron muestras de solidez vocal, de variedad en el color y de expresividad. La soprano maneja a su antojo el fiato, lo que le permite desarrollar fraseos exquisitos, apianar hasta el extremo, proyectar, ser flexible y dominar de sobra la coloratura. Shi pareció muy cómodo en el papel y se mostró un tanto más acertado en la parte actoral, sobre una línea de canto también bellísima. Alessandro Luongo mostró un sonido irregular y en algunos momentos del segundo acto precipitó su parte hasta el punto de que Abbado lo tuvo que frenar. Al bajo Alexánder Vinogradov, de sonido potente y arrollador, le faltó un puntito de sutileza, pero fue llamativa la forma con la que adelantó la célula melódica que repetirá después Lucía varias veces: “el fantasma”. Xabier Anduaga y Olga Syniakova llamaron la atención, máxime, teniendo en cuenta a quien tenían delante. Sin embargo, Alejandro del Cerro quedó desdibujado, sobre todo, en la escena inicial en la que canta en la cima de un peñasco, lo que dificultó su escucha.

La escenografía era clásica y permitió que la música y el canto llenaran el drama, es decir, no molestó. Aportó más romanticismo al que Abbado vertió en la música. El mar estuvo omnipresente y con él, la naturaleza y el hombre frente a ella, como en las pinturas de Caspar David Friedrich. La composición lumínica de Laurent Castaing convirtió algunos planos en verdaderos cuadros. Eran los acantilados de la Escocia del XVII y diversos clanes parecía que se iban a enfrentar, pero los atuendos y la decoración de los apartamentos de Lord Ashton nos llevaron a un periodo atemporal. Tuvo su punto gore que Lucía asesinase a Arturo con una lanza, pero lo más  discutible fue la intención de empoderarla y vestirla con pantalones durante el primer acto. Una actitud que duró poco. Inmediatamente, durante la firma del contrato matrimonial (con otro golpe de luz dramático), se mostró públicamente como cambiaban el atuendo masculino negro de la protagonista por un vestido blanco: un hábito talar de una joven, rota psicológicamente, que va a ser sacrificada. Lucía ya no era independiente. Fue víctima de la ambición política de su hermano Enrico.

 

DANIEL MARTÍNEZ BABILONI

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