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07-VII-2019 “I masnadieri” vuelve a la Scala sin emoción

MILÁN Temporada de ópera 2018/2019. Teatro alla Scala FABIO SARTORI, LISETTE OROPESA, MASSIMO CAVALLETTI, MICHELE PERTUSI, MATTEO DESOLE, ALESSANDRO SPINA, FRANCESCO PITTARI. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. DAVID McVICAR, dirección de escena. MICHELE MARIOTTI, dirección musical Verdi: I masnadieri Aforo: 2.222 Asistencia: 80% La musicología especializada en la obra de Verdi ha sentenciado I Masnadieri (última ópera de la primera parte de la temporada Teatro alla Scala y que no aprecia en las tablas del coliseo milanés desde 1978 con una reveladora dirección del entonces debutante Riccardo Chailly) como una de las óperas “menores” del maestro. En efecto,…

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Fabio Sartori en el primer acto de I masnadieri

MILÁN

Temporada de ópera 2018/2019. Teatro alla Scala

FABIO SARTORI, LISETTE OROPESA, MASSIMO CAVALLETTI, MICHELE PERTUSI, MATTEO DESOLE, ALESSANDRO SPINA, FRANCESCO PITTARI. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. DAVID McVICAR, dirección de escena. MICHELE MARIOTTI, dirección musical

Verdi: I masnadieri

Aforo: 2.222 Asistencia: 80%

La musicología especializada en la obra de Verdi ha sentenciado I Masnadieri (última ópera de la primera parte de la temporada Teatro alla Scala y que no aprecia en las tablas del coliseo milanés desde 1978 con una reveladora dirección del entonces debutante Riccardo Chailly) como una de las óperas “menores” del maestro. En efecto, su estructura dramática es poco interesante anclada como es en modelos anticuados basados en la clásica sucesión de aria, dúos y poco más, sin que haya (salvo en escasos momentos, principalmente en los últimos dos actos) elementos de fuerte originalidad dramatúrgica. Verdi en el mismo año (1847) fue capaz de crear una obra maestra y sumadamente original como Macbeth. Tal vez, las circunstancias del estreno – la ópera se puso en escena por primera vez en el Her Majesty’s Theatre de Londres – obligaron al compositor a moverse en terrenos operísticos menos novedosos respecto a lo que había practicado poco antes, para ofrecer al público británico una dramaturgia más tradicional y reconocible. Pese a estos problemas, la ópera no falta de motivos de interés. El libreto de Andrea Maffei, basado en un drama juvenil de Schiller, es algo absurdo y el final resulta excesivamente enigmático, con el asesinato de Amalia absolutamente gratuito en el plano de la verosimilitud dramática. Sin embargo, toda la obra, con su inevitable crescendo dramatúrgico, manifiesta una musicalidad que supera, a veces de forma inesperada, los vínculos establecidos por las estructuras formales codificadas, tal como sucede con el estupendo sólo del cello en el Preludio, que se introduce sin previo aviso en el hilo del discurso orquestal, llevando a quien escucha a una dimensión de pura e insospechada fantasía sonora. El compositor, obligado a seguir los avatares de personajes que siente alejados de su más pura inspiración, consigue de todos modos trasmitir su faceta alucinada, heroica, extraña y trágica, captando en su esencia el significado profundo que conlleva el proceso de total e irremediable autodestrucción al que están sometidos en el drama de Schiller. Por esto hay páginas musicales que ya son perfectamente acabadas como el aria de Amalia en el segundo acto, el monólogo de Francesco en el cuarto acto y el terceto con el que termina la ópera. Pero lo que más captura de I masnadieri, a pesar de la evidente discontinuidad cualitativa, es el tono general, muy uniforme – como es habitual en Verdi (la “tinta” como él la llamaba) – de calado sombrío y oscuro, gracias también a una orquestación siempre pertinente y eficaz.

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Lisette Oropesa, Massimo Cavalletti, Michele Pertusi en primer acto de I masnadieri

El mejor elogio que se puede hacer al joven Michele Mariotti es el haber evidenciado con acierto el ritmo dramático de la ópera. A su capacidad técnica y a su dinamismo en la forma de llevar el tiempo escénico, no se juntó sin embargo una igual habilidad en concertar voces y orquesta a lo que se añadió una incontestable esterilidad en la conducción de la melodía. De esta forma Mariotti no consiguió que se pusiera en primer plano la continuidad sonora y emotiva de la obra dejando que la dramaturgia se fuera por un terreno exclusivamente dramático y nunca lírico, aspecto éste por lo contrario muy presente en la partitura. Fue la suya una lectura sin duda segura, dinámica, pero no siempre atenta a la relación entre foso y escenario y con un trabajo algo superficial en lo que se refiere a la relación texto-música-escena, tan fundamental en un autor como Verdi. Entre los intérpretes destacó sobre todo la Amalia de Lisette Oropesa. La soprano estadounidense puede ya definirse como un punto de referencia en el repertorio verdiano. Su bella voz de soprano dramática posee además de un amplio registro, una gran agilidad y excelentes pianísimos unidos a una soberbia atención al texto y a la interpretación escénica. No menos apreciables estuvieron el barítono Massimo Cavalletti y sobre todo el bajo Michele Pertusi. El primero subrayó con eficacia y voz potente y homogénea el lado atormentado y vil de Francesco, aunque su voz resultó a veces algo monótona, mientras que el segundo lució un perfecto “legato” y sonoridades aterciopeladas en los momentos liricos otorgados del viejo Massimiliano. El tenor Fabio Sartori fue por lo contrario el elemento débil del conjunto. Es difícil de entender su asidua presencia en el escenario de La Scala. La voz posee sin duda potencia y afinación, pero las capacidades de interprete son prácticamente nulas con una permanente inaptitud a moldear los diferentes registros. Los agudos algo forzados y una sustancial monotonía en el timbre fueron de esta forma inadecuados para el papel del atormentado Carlo, que necesita de un tenor más lírico que dramático y con un timbre claro y transparente sobre todo en la sección central. Mejor estuvo el joven tenor Matteo Desole en el pequeño papel de Rolla en el tercer acto (un tenor sin duda con excelentes recursos), así como los otros intérpretes secundarios.

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Una escena del cuarto acto de I masnadieri

Poco hay que decir finalmente de la puesta en escena de David McVicar. La ausencia de ideas verdaderamente interesantes en un marco escénico siempre igual y poco atractivo – basado en el cuartel donde se formo Schiller – respetó muy poco las indicaciones de libreto. Faltó la interesante dicotomía entre Naturaleza y Educación ilustrada que marcan el libreto de Maffei y la obra original de Schiller. Incomodó además la esperpéntica invención de convertir el coro, un verdadero personaje en la obra de Verdi, en una reseña de figurantes que se movían de forma histérica y fundamentalmente molesta, así como la inoportuna idea de poner en escena ya desde el preludio (ejecutado erróneamente a telón abierto) una figura no bien identificada (¿el mismo Schiller?) que continuamente se relacionaba, der forma algo misteriosa, con el resto de los personajes. Uno de esos expedientes ‘creativos’ inventados por los directores de escena actuales que deberán interpretar aspectos aparentemente escondidos en la dramaturgia, pero que sin embargo no hacen otra cosa que crear aún más confusión en el pobre espectador.

Gian Giacomo Stiffoni

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