Audioclasica

11-VII-2019 Riccardo Muti exalta el estilo tardío de Beethoven

Ravenna XXX Ravenna Festival. Palazzo Mauro De André ORCHESTRA GIOVANIE LUIGI CHERUBINI; ELEMENTOS DE : ATHENS STATE ORCHESTRA, GREEK YOUTH SYMPHONY ORCHESTRA, CITY OF ATHENS SYMPHONY ORCHESTRA, CITU OF ATHEN PHILHARMONIC, ERT NATIONAL SYMPHONY ORCHESTRA AND CHOIR, CHOIR OF THE MUNICIPALITY OF ATHENS; CORO COSTANZO PORTA; MARIA MUDRYAK (soprano); ANASTASIA BOLDYREVA (mezzo); LUCIANO GANCI (tenor); EVGENY STAVINSKY (bajo); ; DIRECTOR MUSICAL: RICCARDO MUTI Beethoven: Sinfonía n. 9 Aforo: 3500 Asistencia: 99% El Festival de Ravenna, que cumple 30 años de actividad ininterrumpida, concluyó su mes y medio de espectáculos con otro de los puntos clave de su programación: el concierto…

©Silvia Lelli. Un momento de la ejecución de la Novena sinfonía de Beethoven en el Palazzo Mauro de André de Ravenna

Ravenna

XXX Ravenna Festival. Palazzo Mauro De André

ORCHESTRA GIOVANIE LUIGI CHERUBINI; ELEMENTOS DE : ATHENS STATE ORCHESTRA, GREEK YOUTH SYMPHONY ORCHESTRA, CITY OF ATHENS SYMPHONY ORCHESTRA, CITU OF ATHEN PHILHARMONIC, ERT NATIONAL SYMPHONY ORCHESTRA AND CHOIR, CHOIR OF THE MUNICIPALITY OF ATHENS; CORO COSTANZO PORTA; MARIA MUDRYAK (soprano); ANASTASIA BOLDYREVA (mezzo); LUCIANO GANCI (tenor); EVGENY STAVINSKY (bajo); ; DIRECTOR MUSICAL: RICCARDO MUTI

Beethoven: Sinfonía n. 9

Aforo: 3500 Asistencia: 99%

El Festival de Ravenna, que cumple 30 años de actividad ininterrumpida, concluyó su mes y medio de espectáculos con otro de los puntos clave de su programación: el concierto “Le vie dell’amicizia” que ha llegado este año a su trigésima edición. Siempre bajo la batuta de Riccardo Muti, el acontecimiento quiere ser un ejemplo de colaboración, diálogo y comprensión, gracias al lenguaje universal de la música, entre culturas diferentes o limítrofes. Una hermandad que en esta ocasión se ha perpetrado la ciudad de Atenas en el intento de subrayar las comunes raíces culturales y políticas (en el sentido más alto de la palabra) de calado europeo que unen Grecia e Italia y que en esta época triste se ven cada día amenazadas por revanchas nacionalistas totalmente destructivas. La repetición en Ravenna del concierto – ya presentando dos días antes en el teatro antiguo de Herodes Ático, muy cerca de la Acrópolis de Atenas – fue a ocasión para que Muti lanzara su enésimo grito de dolor hacia un estado de la educación musical en Italia siempre más en crisis, pese a ser notorio el papel fundamental que la península ha tenido en el nacimiento y el desarrollo de la música. Un grito que subrayó la importancia de Italia dentro de un marco musical de calado europeo, así como fue en el momento de mayor esplendor de la tradición musical italiana durante muchos siglos.

©Silvia Lelli. Riccardo Muti en un momento del concierto

Para celebrar todo esto la ejecución de la Novena sinfonía de Beethoven fue una elección simbólicamente obligada. Pero antes de evidenciar las características interpretativas de la lectura de Muti (digámoslo enseguida, modélica y difícilmente superable) hay que subrayar la capacidad increíble que tuvo el director napolitano en hacer dialogar varios conjuntos diferentes y que nunca habían colaborado con sólo pocos días de ensayo y bajo la guía segura del concertino del Teatro alla Scala, Francesco Manara. La Orquesta Cherubini (una de las pocas respuestas concretas a las exigencias ocupacionales de la música juvenil italiana) compartió de hecho atril con elementos de la Athens State Orchestra, de la Greek Youth Symphony Orchestra, de la City of Athens Symphony Orchestra, de la City of Athens Philarmonic, y de la Orquesta y Coro ERT National Symphony. A todos ellos se sumaron, en el último movimiento, el Coro de la Municipalidad de Atenas y el Coro Costanzo Porta dirigidos por Antonio Greco y Stavros Beris creando una amalgama perfecta gracias a una profesionalidad y una entrega ejemplares en todo momento.

Muti ha dirigido varias veces la última sinfonía de Beethoven con diferentes y prestigiosos conjuntos (queremos recordar su excepcional interpretación de hace algunos años con su actual orquesta, la Chicago Symphony Orchestra, que es posible recuperar todavía en streaming en la página de YouTube, https://www.youtube.com/watch?v=rOjHhS5MtvA) y posee completamente las claves interpretativas de esta obra sumamente compleja. La Novena pertenece a lo que se define como estilo tardío, o tercer estilo, de Beethoven, donde el compositor se adentra en un mundo expresivo nuevo donde decaen las diferencias entre géneros y donde la sinfonía, el concierto, el cuarteto y la sonata son piezas de una idea inclinada a realizar un análisis profundo de las primarias y últimas razones rítmicas, armónicas y tímbricas que rigen las diferentes estructuras formales que han caracterizado el clasicismo vienés. La afinidad de Riccardo Muti con esta idea se hizo patente ya desde el primer movimiento que empezó sin la grandiosidad teutónica de algunas interpretaciones de área germánica, sino mas bien con un susurro – caracterizado por la notoria incertidumbre tonal – que, enmarcado en una casi obligatoria telaraña rítmica esparcida en todas las secciones de la orquesta, crecía de forma inexorable hasta la reposición del tema  en “terrible” con tonos casi apocalípticos gracias a la grandiosidad sonora de más de 130 instrumentistas. El segundo movimiento por lo contrario salió rápido, pero con un tempo justo para que las transparencias necesarias entre cuerda y vientos fungieran como eje para exaltación de su incontenible energía rítmica. Sin embargo, el vértice interpretativo Muti lo logró con los movimientos tercero y cuarto. En el Adagio, que empieza en la penumbra como en el interior de un templo antiguo, consiguió revelar el tema principal con una cantabilidad de la cuerda emocionante y melancólica, de calado espiritual, modelando después a la perfección el pasaje al Andante (une tema con variaciones y el inicio de un dialogo entre dos mundos que parecen interrogarse entre ellos) que se hizo corpóreo confirmando las didascálicas antropomórficas que lo acompañan: espressivo, crescendo, morendo. En el fresco final sobre el texto de Schiller la escalofriante exposición en pianissimo del tema de “Himno a la Alegría” de parte de cellos y contrabajos, dejo paso a una excepcional forma de compactar una sucesión de momentos corales que corren el riesgo de resultar desunidos si no hay una batuta capaz de hacer entender el eje expresivo que los une. El reparto coral siguió a la perfección la idea de Muti, así como los cuatro solistas, Maria Mudryak, Anastasia Boldyreva, Luciano Ganci, Evgeny Stavinsky y donde destacó sobre todo el bajo por su timbre y segura emisión en el recitativo inicial.

Contundente éxito al final del concierto de los más de 3000 espectadores en el inmenso Pala de André; estructura bien preparada para las necesidades de amplificación pero que sigue pareciéndonos no del todo pertinente para valorizar la calidad de los conjuntos internacionales y de los conciertos que el Ravenna Festival propone cada año desde hace ya tres décadas. Algo que se hizo patente en el concierto del 3 de julio de la Orquestra Nacional de France con una excelente interpretación del Harold en Italie de Berlioz de parte del director Emmanuel Krivine y del violista Antoine Tamestit que tuvo que ser interrumpida y retomada después de 20 minutos a causa del ruido debido a una lluvia torrencial que caía sobre techo de palacete.

Gian Giacomo Stiffoni

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