Audioclasica

19-VII-2019 La disolución de la forma y el encanto del sonido

CIVIDALE DEL FRIULI Mittelfest 2019. Iglesia de San Francesco Bach: Suite Inglesa n. 3 Beethoven: Sonata n. 11, op. 22 Chopin: Barcarolle op. 60; Prelude en Do diesis menor, op. 45 Ravel: Gaspard de la Nuit Aforo: 500 Asistencia: 99% Capital del reino longobardo en Italia en el 568, ciudad de tesoros del arte y patrimonio de la UNESCO, Cividale del Friuli – pequeña ciudad italiana, cerca de Udine en la región del Friuli Venezia Giulia – ha sido y es un punto de encuentro de poblaciones y culturas latinas, eslavas y germánicas. Por este motivo es sin duda un lugar especial y cónsono…

© Luca A. d’Agostino / Phocus Agency. El pianista Ivo Pogorelich antes del concierto

CIVIDALE DEL FRIULI

Mittelfest 2019. Iglesia de San Francesco

Bach: Suite Inglesa n. 3

Beethoven: Sonata n. 11, op. 22

Chopin: Barcarolle op. 60; Prelude en Do diesis menor, op. 45

Ravel: Gaspard de la Nuit

Aforo: 500 Asistencia: 99%

Capital del reino longobardo en Italia en el 568, ciudad de tesoros del arte y patrimonio de la UNESCO, Cividale del Friuli – pequeña ciudad italiana, cerca de Udine en la región del Friuli Venezia Giulia – ha sido y es un punto de encuentro de poblaciones y culturas latinas, eslavas y germánicas. Por este motivo es sin duda un lugar especial y cónsono para que la gran tradición de Mitteleuropa tenga manera de dialogar con otras tradiciones, alumbrando nuevas propuestas artísticas y culturales. Es lo que se plantea el Mittelfest, un festival nacido en 1991 poco después de la caída del muro de Berlín, y cuyo intento es el de hacer dialogar, año tras año, las voces más originales y novedosas de la Europa central junto a las que vienen desde la región balcánica hasta Grecia. Todo esto en el terreno común italiano que siempre ha sido el humus perfecto para la unión de diferentes visiones del mundo. Un hito todavía más necesario hoy en día a causa de esa nefasta extensión de nacionalismos, soberanías y populismos siempre más ciegos al dialogo.

© Malacom Crowthers. El pianista Ivo Pogorelich

La programación del Mittelfest se centra sobre todo en el teatro y la danza, pero deja espacio también a la música de todo género con cierta atención también al repertorio clásico y contemporáneo. Este año se han alternado solitas y grupos. Entre las citas musicales destacó el recital, en la Iglesia de San Francesco, del pianista serbo croata Ivo Pogorelich, sin duda una de las voces más originales – y hoy en día más controvertidas – del piano internacional. Han pasado ya muchos años desde el gran éxito que este intérprete tuvo sobre todo en la década de los Noventa. Sus grabaciones de esa época para Deutsche Grammophon siguen siendo una referencia absoluta por intensidad, originalidad y profundidad interpretativa. Con el tiempo Pogorelich ha salido de los circuitos de concierto más conocidos reduciendo de forma paulatina sus recitales y su repertorio, así como sus grabaciones discográficas. Sin embargo, para suerte de sus estimadores, acaba de firmar un contrato para Sony y a finales de agosto saldrá su primer disco en años dedicado a sonatas de Beethoven y Rajmáninov.

© Luca A. d’Agostino / Phocus Agency. El pianista Ivo Pogorelich ensayando antes del concierto en la Iglesia de San Francesco de Cividale del Friuli

En Cividale, Pogorelich ofreció un recital muy variado que abarcó tres siglos de historia de la música. Su interpretación de la Suite Inglesa n. 3 de Bach, con que se abrió el concierto, resultó bastante distinta de la que grabó en 1986 para Deutsche Grammophon. Menos espectacular técnicamente y con unos tempos bastante más lentos y sosegados, la obra del compositor de Eisenach salió de los cánones habituales de las interpretaciones historicistas que rigen la actualidad, para entrar de lleno sobre todo en los pliegues más sutiles del contrapunto bachiano con un dialogo transparente entre las voces y una resolución novedosa de tensión melódica del canto. Algo que se hizo patente sobre todo en la Sarabanda, tocada de forma casi extenuante y con una atención espasmódica a cada nota. Criterio interpretativo que se repitió en la Sonata n. 11 de Beethoven abordada por Pogorelich como si fuera una obra del estilo tardío de Beethoven. Elección discutible pero llena de sugerencias. Como a menudo ocurre en las últimas interpretaciones de este pianista la forma original (en este caso la forma sonata) parece desestructurarse y perder su coherencia original paras milagrosamente recomponerse después en una nueva estructura que sin embargo está ya presente en los pliegues de la forma original. Una actitud interpretativa sin duda extrema – que no siempre consigue éxitos deslumbrantes como en ciertos momentos de la sonata beethoveniana – que suscita no pocas críticas de parte de los puristas del piano, pero que ofrece una lectura siempre original y nunca banal de las obras interpretadas. Manera que fue todavía más evidente y de manera sin duda muy convincente en la Barcarolle op. 60 y en el Prelude en Do sostenido menor, op. 45 de Chopin que abrieron la segunda parte del recital. La enorme lentitud con que Pogorelich propuso estas dos piezas, a menudo presentes en su repertorio, y la maniaca atención a cada nota parecían disolver la estructura para dejar que las obras hablaran de forma casi metafísica desde un universo sonoro nunca percibido antes y capaz de abrir sendas inexploradas hasta ese momento. Interpretaciones sin duda magnificas como, expecional fue el Gaspard de la nuit de Ravel que cerró el programa del recital. En las tres secciones que componen la obra basada en los poemas de Aloysius Bertrand el pianista serbo-croata hizo patente su capacidad única de sacar del instrumento unas sonoridades pertinentes pero casi imprevisibles y extremadamente variadas, al límite de las posibilidades tímbricas del instrumento. El juego sutil de las fusas que abren Ondine en la mano izquierda tuvo una respuesta al limite del silencio en la sección lenta Le Gibet para dejar espacio a un Scarbó donde el virtuosismo trascendental exigido al interprete fue sólo un elemento más de un viaje asombroso dentro del mundo de los sonidos. Éxito contundente al final de la velada. Sin embargo, no suficiente, como de costumbre, para que Pogorelich regalara una propina confirmando su actitud muy controlada en los recitales a los que llega siempre con partitura a la mano.

Gian Giacomo Stiffoni

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