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23-X-2019 El “Giulio Cesare” irónico y patético de Antonini y Carsen

MILÁN Temporada de ópera 2018/2019. Teatro alla Scala BEJUN METHA, DANIELLE DE NIESE, SARA MINGARDO, PHILIPPE JAROUSSKY, CHRISTOPHE DUMAUX, CHRISTINA SENN, LUIGI SCHIFANO, RENATO DOLCINI. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. ROBERT CARSEN, dirección de escena. GIOVANNI ANTONINI, dirección musical Händel: Giulio Cesare in Egitto Aforo: 2.222 Asistencia: 75% Con el Giulio Cesare in Egitto el Teatro alla Scala inaugura un proyecto trienal dedicado a sondear la producción operística de Georg Friedrich Händel (en 2020 tocará a Agrippina y en 2021 a Ariodante) e inicialmente pensado con Cecilia Bartoli como protagonista vocal que sin embargo se retiró del programa…

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Danielle de Niese en el primer acto de el Giulio Cesare

MILÁN

Temporada de ópera 2018/2019. Teatro alla Scala

BEJUN METHA, DANIELLE DE NIESE, SARA MINGARDO, PHILIPPE JAROUSSKY, CHRISTOPHE DUMAUX, CHRISTINA SENN, LUIGI SCHIFANO, RENATO DOLCINI. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. ROBERT CARSEN, dirección de escena. GIOVANNI ANTONINI, dirección musical

Händel: Giulio Cesare in Egitto

Aforo: 2.222 Asistencia: 75%

Con el Giulio Cesare in Egitto el Teatro alla Scala inaugura un proyecto trienal dedicado a sondear la producción operística de Georg Friedrich Händel (en 2020 tocará a Agrippina y en 2021 a Ariodante) e inicialmente pensado con Cecilia Bartoli como protagonista vocal que sin embargo se retiró del programa debido al cambio repentino del director del teatro milanés que desde este diciembre ya no será el austriaco Alexander Pereira (muy amigo de la célebre mezzo italiana), sino el francés Dominique Mayer. Con este título prosigue además otro proyecto de La Scala, empezado en 2016: poner en escena óperas del siglo XVIII siguiendo praxis interpretativa historicista con instrumentos origínales.

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Bejun Metha en primer acto de el Giulio Cesare

Giulio Cesare in Egitto es la decimoséptima ópera del catalogo händeliano compuesta entre 1723 y 1724 para el King’s Theater de Londres del que el compositor en esos años era también director artístico. Objeto de varias revisiones en las tres reposiciones que tubo hasta 1726, siempre en Londres, la partitura de Händel no es solamente una de sus óperas más conocidas, sino también una obra maestra de la ópera barroca italiana. Expresiva, variada y con un orgánico instrumental de los más ricos de la producción del compositor, la partitura del Giulio Cesare in Egitto contiene algunas de las arias más conocidas y logradas del compositor escritas además para un reparto vocal que fue uno de los más deslumbrantes de la época encabezado por el famoso castrado Francesco Bernardi, conocido como “il Sensino” (Giulio Cesare) y la soprano Francesca Cuzzoni (Cleopatra), famosa por su capacidad en el estilo patético.

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Sara Mingardo y Philippe Jaroussky en el secundo acto de el Giulio Cesare

Para su primera reposición en La Scala con criterios filológicos (la única anterior puesta en escena milanesa fue en 1956 bajo la batuta de Gianadrea Gavazzeni) el teatro ha optado para dejar la batuta a la segura experiencia de Giovanni Antonini, especialista en el repertorio de los siglos XVII y XVIII. Su lectura de la inmensa partitura (pese a ser recortada en algunas secciones, su duración llegó a tres horas y cuarto de música) estuvo muy lograda, airosa y siempre muy atenta a la dinámica de los planos sonoros como al equilibrio entre foso y escena. Con una técnica solida, Antonini consiguió sacar lo mejor de la paleta de colores pensada por Händel, realizando un verdadero juego de encaje con cada detalle de la partitura con un sonido en equilibrio entre la ligereza vaporosa de las secciones más brillantes y la cálida atmosfera esfumada, volcada a un amplio lirismo, que caracteriza las arias patéticas de Cesare, Cleopatra y Cornelia. Todo acompañado por el aporte excelente de los músicos de la Scala que componían el bajo continuo: Nelson Calzi (cave), Mauro Valli (celo), Michele Pasotti (tiorba) y Margret Köll (arpa).

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Bejun Metha y Danielle de Niese en el secundo acto de el Giulio Cesare

El reparto vocal fue de los mejores que podía contratar el coliseo milanés. El contratenor Bejun Metha fue un Giulio Cesare perfecto, eficaz e icástico, elegante en la escena y con una grana habilidad en las variaciones en los “da capo” gracias a un fraseo y a una belleza tímbrica inmejorables. Claramente su voz no muy amplia, como la de sus colegas del mismo registro, no consigue recrear del todo el deslumbrante sonido que tenían los castrados decimonónicos, pero nos puede dar una idea cercana de los que podía ser la vocalidad de los intérpretes que se exhibían en este registro. En sustitución de la Bartoli, Cleopatra fue interpretada por Danielle de Niese que no hizo añorar a la más famosa colega. La suya fue una interpretación excepcional en cada momento gracias a su voz cálida y sedosa, a su presencia escénica sensual y airosa y al enorme pathos que consiguió transmitir en cada una de sus arias, especialmente en las famosas “Se pietá di me non sentí” del segundo acto y “Piangeró la sorte mia” del tercero. Pathos que no faltó tampoco a Sara Mingardo intérprete de una cautivante Cornelia, atenta a la fuerza expresiva presente en cada palabra como en el aria “Priva son d’ogni confroto” del primer acto y en el dúo con Sesto “Son nata a lagrimar” que cierra el mismo acto. Sesto que veía como intérprete el famoso contratenor francés Philippe Jaroussky – por primera vez en al Scala – que consiguió delinear su personaje con gran seguridad vocal y notable elegancia expresiva. Queda la duda filológica de haber encomendado este personaje a un cantante cuando en origen fue pensado para la voz de un soprano “en travesti”. Excelentes los interpretes secundarios como los eficaces contratenores Christophe Demaus (Tolomeo), Luigi Schifano (Nireno) y los bajos Christian Senn (Achilla) y Renato Dolcini (Curio).

Al éxito de la velada contribuyó finalmente la lograda puesta en escena de Robert Carsen, un verdadero especialista en renovar, actualizar, y hacer aceptable para el público actual el repertorio algo alejado de la ópera seria decimonónica, siempre respetando las características dramatúrgicas y musicales del género. Transportando el argumento al Egipto de nuestros días y trabajando con pericia en el equilibrio entre pasiones personales (duelo, amor, venganza y seducción) y exigencia de estado que caracteriza el liberto de Nicola Francesco Haym, el director canadiense consiguió un espectáculo lleno de momentos logrados, ágil y nunca cansino y con los necesarios toques de ironía. Los trajes actuales, así como la escenografía basada en interiores con jeroglíficos modernizados y exteriores con la vista de un amplio desierto, ofrecían un toque moderno que nunca sobrepasó el buen gusto y la moderación. Inolvidable fue la escena del segundo acto en la que Cleopatra seduce a Cesar haciéndose pasar por una de sus sirvientas, Lidia. Carsen sitúa el aria “V’adoro pupille” en un cine privado donde el “emperador romano” asiste al inicio de una película en blanco y negro que ve como protagonistas las famosas actrices que interpretaron a Cleopatra en al cine Claudette Colbert, Vivien Leigh y Elisabeth Taylor a las que se une la atractiva Danielle de Niese. Un momento de humorismo que funcionó perfectamente y que dejó espacio con naturalidad al despliegue de la sensualidad presente en el aria escrita por Händel. Al final de la velada, la producción tuvo el merecido triunfo, pese a una sala lamentablemente lejos de ser completamente agotada.

Gian Giacomo Stiffoni

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