Audioclasica

04-XI-2019 Netrebko, en formato Netrebko

BARCELONA Gran Teatre del Liceu NETREBKO, soprano. YUSIF EYVAZOV, tenor, CHRISTOPHER MALTMAN, barítono. ORQUESTA SINFÓNICA DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. director, DENIS VLASENKO. Obras de G. Verdi, A. Catalani, P. Mascagni, F. Lehár, G. Puccini y U. Giordano. Aforo: 2.292 Asistencia: 100% Ya conoce el lector el “formato Netrebko”. Se trata de uno de esos conciertos en los que la artista, invariablemente acompañada de su esposo, el tenor Yusif Eyvazov, y en ocasiones de algún otro cantante –como en esta ocasión el barítono británico Christopher Maltman– acomete un programa integrado por páginas notablemente conocidas, exhibe en dos o tres páginas…

© Antoni Bofill

BARCELONA

Gran Teatre del Liceu

NETREBKO, soprano. YUSIF EYVAZOV, tenor, CHRISTOPHER MALTMAN, barítono. ORQUESTA SINFÓNICA DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. director, DENIS VLASENKO.

Obras de G. Verdi, A. Catalani, P. Mascagni, F. Lehár, G. Puccini y U. Giordano.

Aforo: 2.292 Asistencia: 100%

Ya conoce el lector el “formato Netrebko”. Se trata de uno de esos conciertos en los que la artista, invariablemente acompañada de su esposo, el tenor Yusif Eyvazov, y en ocasiones de algún otro cantante –como en esta ocasión el barítono británico Christopher Maltman– acomete un programa integrado por páginas notablemente conocidas, exhibe en dos o tres páginas su prodigiosa musicalidad y cosecha así un nuevo éxito clamoroso ante un público entregado de antemano y muy relajado en su exigencia.

La primera parte del programa fue completamente verdiana y se abrió, prescindiendo de la tradicional página orquestal, directamente con el dúo de Otello “Già nella notte densa”, en el que Netrebko apuntó solamente su suficiencia vocal y Eyvazov algunas vacilaciones en la colocación de las notas y ciertos cambios de color que una aceptable mejora técnica verificada en los últimos años no es capaz de corregir del todo. Denis Vlasenko condujo luego a la orquesta en la “Obertura” de Nabucco, en el tono discreto que iba a presidir su ejecutoria toda la noche, y que solo superaría con un “Intermezzo” de la Cavalleria rusticana servido con un tempo muy lento y buenos matices. La primera intervención en solitario de la soprano fue una inmensa “Tu che la vanità” de Don Carlo, en la que puso de manifiesto el fantástico estado vocal del que disfruta, con consistencia en el registro bajo, carnosa rotundidad en el central y todavía facilidad en las ascensiones. Esas mismas virtudes adornarían sus otras dos arias –una expresiva “Ebben?… Ne andrò lontana” de La Wally de Catalani, y una rutilante versión del “O mio babbino caro” de la pucciniana Gianni Schicchi con un pianissimo de antología–, pero también el resto de sus duetos, tanto los que compartió con el irregular tenor –que tuvo en “Mamma, quel vino è generoso” su momento más feliz de la velada– como con el más sólido Maltman, un cantante de instrumento vocal rotundo y de excelente proyección sonora, al que una mayor ductilidad colocaría sin duda entre los nombres de referencia en su cuerda –su “Nemico della patria” fue más que notable–.

El “formato Netrebko” es infalible y se así se demostró por enésima vez en el escenario del Liceu –ni el horripilante bis, un “O sole mio” cantado “a la tres tenores”, con que el terceto se despidió fue capaz de afear el recuerdo de las bellísimas notas escanciadas por la artista–. Nada hizo olvidar, sin embargo, que el teatro de La Rambla tiene una deuda cada vez más acuciante con su público: la de traer por fin a la diva en una ópera escenificada –recuérdese que la espléndida Iolanta de 2013 fue en versión concierto–. No debería tardar mucho.

Javier Velaza

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