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03-XII-2019 Carsen fuerza su interpretación de “Don Carlo”

VENECIA Temporada de ópera 2019/2020. Teatro la Fenice PIERO PRETTI, ALEX ESPOSITO, MARIA AGRESTA, JULINA KIM, VERONICA SIMEONI, MARCO SPOTTI, LEONARD BERNARD, GILDA FIUME. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO LA FENICE. ROBERT CARSEN, Dirección de escena. MYUNG-WHUN CHUNG, Dirección Musical Verdi: Don Carlo Aforo: 1000 Asistencia: 99% El Don Carlos – estrenado por primera vez en París en 1867 (cinco actos en francés) – pese a ser un título del catalogo verdiano que no ha llegado nunca a ser popular como otras del compositor, en los últimos años ha empezado a aparecer con mayor regularidad en los teatros de la península italiana. De todas…

©Michele Crosera. Alex Esposito como Felipe II de espaldas en le tercer acto de Don Carlo

VENECIA

Temporada de ópera 2019/2020. Teatro la Fenice

PIERO PRETTI, ALEX ESPOSITO, MARIA AGRESTA, JULINA KIM, VERONICA SIMEONI, MARCO SPOTTI, LEONARD BERNARD, GILDA FIUME. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO LA FENICE. ROBERT CARSEN, Dirección de escena. MYUNG-WHUN CHUNG, Dirección Musical

Verdi: Don Carlo

Aforo: 1000 Asistencia: 99%

El Don Carlos – estrenado por primera vez en París en 1867 (cinco actos en francés) – pese a ser un título del catalogo verdiano que no ha llegado nunca a ser popular como otras del compositor, en los últimos años ha empezado a aparecer con mayor regularidad en los teatros de la península italiana. De todas formas, los motivos de su escasa popularidad son notorias: las objetivas dificultades ligadas a su duración, cinco horas, y a los enormes costes de producción que exige, como la necesidad de seis cantantes de primera fila. No menos importantes son los problemas dramatúrgicos que presenta la partitura. Aún siendo una de las obras clave del compositor y una cumbre en la evolución de su lenguaje musical y de su dramaturgia, Don Carlo no está exenta de desequilibrios, sobre todo en la distribución de las escenas y en la forma en que las estructuras formales se suceden a lo largo de la obra. El mismo Verdi tenía muy claro estos problemas de dramaturgia ya que realizó cinco versiones de la ópera en casi veinte años. Entre ellas la que sin duda refleja mejor las ideas de concisión y validez dramática típicas del compositor (aunque con problemas todavía evidentes), es la de 1884 en cuatro actos, estrenada en la Scala en traducción italiana con el título de Don Carlo y que el Teatro La Fenice ha escogido para estrenar su nueva temporada 2019/2020. La ausencia del primer acto, presente en la versión original, algunos ajustes de escenas clave y la eliminación del ballet, proporcionan a la obra una eficacia dramática más firme, manteniendo asimismo toda su novedosa escritura musical.

©Michele Crosera. Veronica Simeoni como Eboli en el segundo acto de Don Carlo

Eran casi treinta años que Don Carlo no aparecía en el escenario de La Fenice; la última vez fue por la temporada del bicentenario del teatro en 1991 con un inolvidable Samuel Ramey en el papel de Felipe II. La expectación era por esta razón muchísima. Suerte que el desastre de la inundación de Venecia del 12 de noviembre, que paralizó el teatro por más de una semana, no fue causa de una posible cancelación de la producción que sobre el papel prometía ser muy interesante gracias a un reparto excelente, un director de escena muy sugerente como Robert Carsen y la segura batuta de Myung-Whun Chung sin duda una de las mejores intérpretes del Verdi tardío. El resultado fue muy interesante, aunque no siempre a la altura de las expectativas, sobre todo por lo que se refiere a puesta en escena. La producción del director canadiense, que procedía de la Ópera Nacional de Rin, se fundaba en una escenografía esencial (a cargo de Radu Boruzescu) de color negro, opresivamente funérea y que de forma muy sugerente envolvía, y a veces sofocaba, las vicisitudes de los personajes. Dicha elección, si por un lado permitió un trabajo muy logrado en lo que se refiere a la actuación de los cantantes (con algunos momentos magistrales, como el terceto del segundo acto o la escena de la prisión del tercero), por otro no dejó espacio a la importante dicotomía entre el ambiente elegante, aunque opresivo de la corte de Felipe II y el entramado político y sentimental que caracteriza la obra verdiana. A esta dicotomía Don Carlo añade otra muy importante: la de la lucha entre el poder político y el poder religioso. En la interpretación de Carsen dicha dualidad se quedó atrás ya que el mismo Felipe II parecía casi como un cura, y todos los miembros de su Corte tenían trajes eclesiásticos, incluidas las mujeres. En escena en el auto da fe del segundo acto, el rey vistió un atuendo que lo hacía parecer casi una Papa negro mientras unos libros ardían en vez de los heréticos previstos en el libreto. El aspecto político, despojado de su verdadera tensión ideológica (religión, poder, relación con los Flandes), se hizo casi grotesco en el final que fue los más discutible de todo el espectáculo con un Marqués de Posa resucitado que después de haber matado a Don Carlo y Felipe II se convierte en el nuevo emperador con la complicidad del Gran Inquisidor. Una verdadera butade sin sentido y que intentó resolver de mal modo una conclusión que ya en la partitura resulta bastante poco lograda.

©Michele Crosera. Piero Pretti en el inicio del primer acto de Don Carlo

La parte musical convenció más, sobre todo gracias a la interpretación de Chung que fue de menos a más. Si en las primeras escenas del primer acto se hicieron patentes algunos desajustes y una escasa atención a la relación texto música (fundamental en Verdi), desde la escena entre Felipe II y Rodrigo la atención a la partitura fue creciendo. De allí en adelante Chung estuvo siempre muy acertado consiguiendo una perfecta tensíon de los tiempos dramáticos, así como una sutileza tímbrica y una elegancia de fraseo excelentes. Aspectos que contagiaron la buena actuación de los cantantes. Entre ellos las mejores fueron sin duda las damas. Veronica Simeoni consiguió dar una relevancia poco habitual al personaje de Eboli gracias a una voz bien calibrada, una presencia escénica notable y una dicción perfecta. No menos impactante fue Maria Agresta como Elisabeth de Valois, una de las voces verdianas más interesantes del panorama actual, gracias a una atención loable a la palabra y un fraseo siempre atento a la expresividad se su cálida voz. En el reparto masculino destacó sobre todo el Rodrigo de Juliam Kim que después de un inicio inseguro consiguió crecer durante el espectáculo llegando a interpretar maravillosamente su famosa aria del tercer acto. Alex Esposito fue un excelente Felipe II por intensidad interpretativa y presencia escénica, sin embargo, su timbre resultó ser demasiado claro (casi de barítono); por este motivo la necesaria diferencia de espesor vocal necesaria en el dúo entre Felipe II (bajo) y Rodrigo (barítono) llegó algo despojada de su marcada intensidad. Suficiente, pero con un color poco atractivo el Gran Inquisidor de Marco Spotti como el fraile de Leonard Bernard. Al final de la velada hubo aplausos convencidos para todos los intérpretes con puntas de agradecimiento sobre todo para Myung-Whun Chung.

Gian Giacomo Stiffoni

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