Audioclasica

13-I-2020 Aida entre trampantojos

BARCELONA Gran Teatre del Liceu ANGELA MEADE, AIda. YONGHOON LEE, Radamés. CLÉMENTINE MARGAINE, Amneris. FRANCO VASSALLO, Amonasro. KWANGCHUL YOUN, Ramfis. MARIANO BUCCINO, el Rey. CORO Y ORQUESTA SINFÓNCA DEL GRAN TEATRO DEL LICEU. Director musical: GUSTAVO GIMENO. Director de escena: THOMAS GUTHRIE. Verdi: Aida. ópera en cuatro actos con libreto de A. Ghislanzoni. Aforo: 2.292 Asistencia: 98% Los dos reclamos fundamentales que se esgrimían para atraer al público a esta Aida liceísta eran, por un lado, la reposición de la ya mítica escenografía de Mestres Cabanes y, por otro, el debut de la soprano estadounidense Angela Meade en el papel…

© Antoni Bofill

BARCELONA

Gran Teatre del Liceu

ANGELA MEADE, AIda. YONGHOON LEE, Radamés. CLÉMENTINE MARGAINE, Amneris. FRANCO VASSALLO, Amonasro. KWANGCHUL YOUN, Ramfis. MARIANO BUCCINO, el Rey. CORO Y ORQUESTA SINFÓNCA DEL GRAN TEATRO DEL LICEU. Director musical: GUSTAVO GIMENO. Director de escena: THOMAS GUTHRIE.

Verdi: Aida. ópera en cuatro actos con libreto de A. Ghislanzoni.

Aforo: 2.292 Asistencia: 98%

Los dos reclamos fundamentales que se esgrimían para atraer al público a esta Aida liceísta eran, por un lado, la reposición de la ya mítica escenografía de Mestres Cabanes y, por otro, el debut de la soprano estadounidense Angela Meade en el papel y en el teatro.

Y ninguna de las dos cosas defraudó la noche del estreno. Los telones pintados que el maestro manresano concibió hace ya ochenta años siguen dejando boquiabierto al espectador, sobre todo si, como fue el caso al comienzo del primer acto, se le ofrece la posibilidad de contemplar cómo descienden, se combinan y componen ese maravilloso juego de profundidades y trampantojos que le transporta directamente a las planchas de la Description de l’Égypte. Por desgracia, los achaques del tiempo han hecho mella ya en sus telas, pero hay que hacer votos para que una necesaria restauración los preserve y permita su exhibición cada cierto tiempo, dado que constituyen un verdadero tesoro del patrimonio del Liceu. Por su parte, Angela Meade sirvió una Aida que, aun falta de ciertos matices musicales y teatrales, dio muchas razones para el disfrute. Su instrumento vocal es realmente estupendo, bella su línea de canto, ataca en general las frases con gusto y no escatima pianísimos y filatos (hay que disculparle sin duda que uno de ellos le traicionase en “O patria mia”). Cuando madure las exigencias del papel, no hay que dudar de que pueda llegar a ser uno de los nombres de referencia en los próximos años.

Por desgracia, el resto de los protagonistas de la noche rayaron a altura mucho más discreta. La dirección escénica de Thomas Guthrie solo aportó algo de interés en el baile de la ofrenda a Isis, pero la “capoeira” posterior, los letreros de cine mudo y las escenas –pretendida y pretenciosamente simbólicas– de introducción y cierre de la obra resultan francamente prescindibles.

Tampoco la dirección musical de Gustavo Gimeno –debutante él mismo en la partitura– ultrapasó el nivel de lo correcto, con un irregular balance entre la búsqueda del matiz en algunas escenas y cierta tosquedad generalizada en el resto. Y si el Ramfis de Kwangchul Youn resultó satisfactorio, nos dejó fríos el Amonasro de Franco Vassallo y la Amneris de Clémentine Margaine, cantante interesante pero de voz poco apropiada para el papel.

Con todo, la parte más desafortunada del conjunto corrió a cargo del tenor coreano Yonghoon Lee, quien perpetró un Radamés grosero –especialmente en “Celeste Aida”–, estentóreo y totalmente inapropiado para lo que merece un escenario como el de La Rambla.

Javier Velaza

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