Audioclasica

21-I-2020 Un Beethoven de la chistera

BARCELONA PALAU DE LA MÚSICA CATALANA ELSA DREISIG, soprano. PAVOL BRESLIK, tenor. DAVID SOAR, bajo. ORFEÓ CATALÀ. LONDON SYMPHONY ORCHESTRA. SIR SIMON RATTLE, director. Obras de L. van Beethoven. Aforo: 2.049 Asistencia: 95% El año beethoveniano que acaba de inaugurarse promete depararnos experiencias muy gratificantes, pero quién sabe si también algún sobresalto. Y es que una efeméride de tal calado ofrece el incuestionable aliciente de abarrotar los atriles de los cinco continentes con las obras del genio de Bonn, con el consiguiente deleite de cualquier amante de la música con mayúsculas. Pero suscita a un tiempo un riesgo nada despreciable:…

@ Antoni Bofill

BARCELONA

PALAU DE LA MÚSICA CATALANA

ELSA DREISIG, soprano. PAVOL BRESLIK, tenor. DAVID SOAR, bajo. ORFEÓ CATALÀ. LONDON SYMPHONY ORCHESTRA. SIR SIMON RATTLE, director.

Obras de L. van Beethoven.

Aforo: 2.049 Asistencia: 95%

El año beethoveniano que acaba de inaugurarse promete depararnos experiencias muy gratificantes, pero quién sabe si también algún sobresalto. Y es que una efeméride de tal calado ofrece el incuestionable aliciente de abarrotar los atriles de los cinco continentes con las obras del genio de Bonn, con el consiguiente deleite de cualquier amante de la música con mayúsculas. Pero suscita a un tiempo un riesgo nada despreciable: puesto que no habrá batuta, solista, orquesta o auditorio que se resista a hincarle el diente en los próximos doce meses a tan eximio catálogo, y habida cuenta de que ninguno de ellos querrá ser tachado de convencional en su acercamiento a partituras archiconocidas para todo el mundo, mucho nos tememos que el sufrido auditorio deberá estar prevenido ante lecturas tan insólitas que resulten irreconocibles y aproximaciones tan, tan personales que acaben por desmentir al mismísimo Beethoven. El equilibrio justo entre la ejecución y la interpretación, entre la fidelidad y el descubrimiento, no es patrimonio de todo el mundo, de modo que habrá que estar oído alerta para distinguir aquella aportación que emana de una concienzuda comprensión del espíritu del compositor de cualquier ocurrencia efectista dirigida tan solo al innoble propósito de épater le bourgeois.

Por todo ello resulta afortunado empezar la reseña de la programación beethoveniana en los escenarios barceloneses por este magistral concierto protagonizado por la London Symphony Orchestra con su titular, sir Simon Rattle, al frente. Rattle es un músico de preclara inteligencia, pero al tiempo de listura innegable, cualidades ambas raramente coincidentes. Y así lo probó en su presentación de la Séptima, ese aquelarre rítmico con el que Beethoven alcanzó sus límites de lo cantable –y hasta de lo bailable, como señalara Wagner–. Desde los primeros compases quedó de manifiesto que las deliciosas maderas, la compactísima cuerda, los estupendos metales y la elegante percusión de la formación londinense no iban a ser conducidos por los caminos de lo trillado, sino que su director pretendía exfoliar las diferentes capas orquestales y poner de relieve, aquí y allá, matices singulares de su composición. Y así fue, sin que, sin embargo, se desarticulara por ello en momento alguno la unidad del discurso sinfónico, que Rattle vigiló con amplio gesto y generosidad de indicación.

También será incentivo de este curso, sin duda, la recuperación de títulos menos habituales, como sucedió en esta ocasión con la inclusión en el programa de Cristo en el Monte de los Olivos, op. 85, el único oratorio beethoveniano. La obra, compuesta de una introducción y siete partes, es deudora de Haydn, pero también, como el resto de la no muy abundante escritura vocal del autor, del Mozart operístico. Precisa de tres solistas –un tenor, una soprano y un bajo– de alta competencia, que en este caso supieron acreditar Pavol Breslik, Elsa Dreisig y David Soar, y de un coro versátil que, como el Orfeó Català, alterne momentos de delicadeza con otros de poderosa rotundidad –en especial en el Welten singen Dank final que constituye la página más visitada de la obra–. Rattle aunó todos los elementos del conjunto con admirable maestría y rubricó en el Palau un Beethoven que, aun siendo el suyo, puede ser de todos y, sobre todo, sigue siendo Beethoven.

Javier Velaza

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