Audioclasica

02-II-2020 “Roméo et Juliette” con pocas luces

MILÁN Temporada de ópera 2019/2020. Teatro alla Scala VITTORIO GRIGOLO, DIANA DAMRAU, MARINA VIOTTI, RUZIL GATIN, CARLO CIGNI, MATTIA OLIVIERI, NICOLAS TESTÈ, FRÉDÉRIC CATON. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. BARTLETT SHER, DIRECCIÓN DE ESCENA. LORENZO VIOTTI, DIRECCIÓN MUSICAL Gounod: Roméo et Juliette Aforo: 2.222 Asistencia: 90% La importancia de Gounod en la historia de la ópera, y en particular de Roméo et Juliette (presentado en la Scala come segundo título de la temporada 2019/20) reside en ser el primer ejemplo de un nuevo género, lleno de ambiciones y contradicciones, llamado drame lyrique. Género que revolucionó la estética de…

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Vittorio Grigolo y Diana Damrau en la escena del balcón en el segundo acto de Roméo et Juliette

MILÁN

Temporada de ópera 2019/2020. Teatro alla Scala

VITTORIO GRIGOLO, DIANA DAMRAU, MARINA VIOTTI, RUZIL GATIN, CARLO CIGNI, MATTIA OLIVIERI, NICOLAS TESTÈ, FRÉDÉRIC CATON. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. BARTLETT SHER, DIRECCIÓN DE ESCENA. LORENZO VIOTTI, DIRECCIÓN MUSICAL

Gounod: Roméo et Juliette

Aforo: 2.222 Asistencia: 90%

La importancia de Gounod en la historia de la ópera, y en particular de Roméo et Juliette (presentado en la Scala come segundo título de la temporada 2019/20) reside en ser el primer ejemplo de un nuevo género, lleno de ambiciones y contradicciones, llamado drame lyrique. Género que revolucionó la estética de la ópera francesa en la segunda mitad del siglo XIX. El drame lyrique, a partir de los años Sesenta-Setenta, fue un ejemplo de ópera que, si por un lado traicionaba (pero a veces también exhibía) la influencia del modelo wagneriano, por otro presentaba numerosas, y muy francesas, modalidades de reacción al mismo: el rechazo de los efectos platéales y de la grandiosidad, la búsqueda de un drama lo más posible interiorizado y el descubrimiento de un estilo de canto típicamente francés. Algo alejado de la grand ópera y que resulta evidente en el final de Roméo et Juliette que se cierra dentro la esfera interior de los personajes. Después de las últimas palabras pronunciadas por los amantes antes de morir, el menaje final es dejado solamente a la orquesta que en tan solo 12 compases condensa dos temas escuchados antes en la ópera. Un momento típicamente lyrique, o sea íntimo, y cuyo efecto es acrecido por el hecho que su carácter, casi estático, contrasta terriblemente con lo que se ve en escena. La música no amplifica la muerte de los dos jóvenes, sino que anuncia lo que no se ve: nos hace casi oír, suprema ilusión, el sonido de la ultratumba.

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Diana Damrau en el primer acto de Roméo et Juliette

Pese a su importancia en la evolución de la ópera francesa (que tendrá su ápice en la obra de un compositor mucho más interesante como Bizet) y a algunos momentos logrados, como el final, el segundo acto y el coro que cierra el tercero, el Roméo et Juliette de Gounod sigue resultándonos una obra bastante anodina. Como dijo Verdi, “Gounod es un gran músico […] pero no tiene fibra dramática” ya que la proliferación de dúos dentro de la ópera crea una uniformidad de tono, basado en un sentimentalismo casi morboso, que termina por ser “la negación de la dimensión teatral”.

Todos estos límites quedaron patentes en la versión dirigida por el joven director italiano Lorenzo Viotti (en su debut operístico en la Scala) que ha sido incapaz de superar la simple rutina pese a un control muy logrado de los planos sonoros y de las dinámicas de la orquesta. Fue la suya una lectura sin duda correcta pero finalmente anodina e incapaz de valorizar, sino en breves momentos, algunas de las sutilezas presentes en la partitura. La plana actuación del director italiano estuvo acompañada por la floja puesta en escena de Bartlett Sher, estrenada por primera vez en Salzburgo en 2008 y presentada en la Scala ya en 2011. El decorado fijo de Michael Yeargan con los bellos trajes en estilo dieciochesco de Catherine Zuber, enmarcó una dirección insustancial y ausente de momentos de verdadero interés que iluminaran la partitura, valorizado únicamente la sugestiva iluminación ideada por Jennifer Tipton y adaptada para la Scala por Andrea Giretti.

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Vittorio Grigolo y Diana Damrau en el final de Roméo et Juliette

Mayor interés proporcionó el reparto vocal dominado por las atractivas voces de Vittorio Grigolo y Diana Damrau. Grigolo (Romeo) demostró una vez más ser un tenor seguro, excelente en escena y con un tono fresco y brillante, pero una vez más tuvo sus habituales problemas en valorizar debidamente (por un incorrecto control de la respiración) los matices dinámicos y el color, refinando muy poco la expresión. La Damrau exhibió todo su gran virtuosismo vocal y el exquisito control del sonido que le es reconocido, sin embargo, su interpretación fue algo incolora y el volumen de su voz resultó a veces inadecuado a las dimensiones de la sala. Excelentes todos los numerosos comprimarios con una nota de mérito para Marina Viotti (perfecta en la Chanson de Stéphano en el tercer acto) y para el Mercutio de Mattia Olivieri.

Al final de la velada todos los artistas fueron acogidos por un contundente éxito, reservado sobretodo a Vittorio Grigolo y en forma algo menor a Diana Damrau.

Gian Giacomo Stiffoni

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