Audioclasica

3.XI.2011. Sangre vienesa

.. Ibercamera. 28ª temporada 11/12. L´Auditori. Sala Pau Casals 3-XI-2011. ROYAL PHILHARMONIC ORCHESTRA. MARIA JOAO PIRES, PIANO. PINCHAS ZUKERMAN, VIOLÍN Y DIRECTOR. Obras de Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwig van Beethoven. Propina: Ludwig van Beethoven, Las criaturas de Prometeo, op. 35 (obertura). Aforo: 2.203 Asistencia: 95% Por mucho que la visita de Maria Joao Pires y Pinchas Zukerman sea moneda corriente en el ciclo de Ibercamera, la originalidad de concepto siempre apunta, aunque sea de modo restringido, en el planteamiento de sus programas. ¿Originalidad en un programa Mozart-Beethoven, se preguntarán con razón? Sí, al menos si tenemos en cuenta su…

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barcelona 03 11 2011

Ibercamera. 28ª temporada 11/12. L´Auditori. Sala Pau Casals

3-XI-2011.

ROYAL PHILHARMONIC ORCHESTRA. MARIA JOAO PIRES, PIANO. PINCHAS ZUKERMAN, VIOLÍN Y DIRECTOR.

Obras de Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwig van Beethoven.
Propina: Ludwig van Beethoven, Las criaturas de Prometeo, op. 35 (obertura).

Aforo: 2.203 Asistencia: 95%

Por mucho que la visita de Maria Joao Pires y Pinchas Zukerman sea moneda corriente en el ciclo de Ibercamera, la originalidad de concepto siempre apunta, aunque sea de modo restringido, en el planteamiento de sus programas. ¿Originalidad en un programa Mozart-Beethoven, se preguntarán con razón?

Sí, al menos si tenemos en cuenta su comienzo con la juvenil Sonata nº 1 para violín y piano op. 12/1 beethoveniana, obra menor en que, pese a todo, la capacidad de variedad tímbrica de la pianista portuguesa –por encima del concepto de sonido romántico en vibrato, sforzandi e ímpetu de ataques de Zukerman y de levísimos titubeos en el ajuste rítmico del Allegro con brio inicial– y la intención conjunta de matiz y articulación del rondó conclusivo rindieron buenos frutos.

Por su parte, el Concierto para piano y orquesta n. 27 KV 595, de Mozart, gozó de una versión espontánea y fresca, adecuada en el fraseo y un tanto masiva en el volumen de la orquesta, a la que tuvo que enfrentarse, victoriosa salvo en el algo monótono Larghetto, el piano de Pires, hábil en los efectos de sfumato y en la variación de carácter de los episodios del movimiento final.

La expectación de un público numerosísimo culminó en la acogida de la Séptima Sinfonía del músico de Bonn, en que tanto el gesto y movilidad heterodoxa de Zukerman como la aparente falta de concentración de la orquesta, sobre todo en metales, no acabaron de seducir, excepto en el Allegretto y en la rudeza y amplitud del Scherzo: nada, sin embargo, que impidiera la esperada ovación unánime.

 

Germán Gan Quesada