Audioclasica

9.XII.2011 al 11.XII.2011. Luchando contra los elementos

Canto Coronato

  Úbeda y Baeza.  XV Festival Internacional de Música Antigua 2011 9.XII.2011 al 11.XII.2011     Asistencia media: 80% Con éste son ya quince los años que el Festival Internacional de Música Antigua de Úbeda y Baeza lleva transitando por el panorama internacional de festivales. Está próximo a su mayoría de edad simbólica y, su madurez y consolidación, a pesar de los nefastos tiempos de crisis que estamos atravesando, son ya un hecho consumado. Además, se cuenta con un valor añadido dado que, estas dos ciudades jienenses ostentan el título conjunto de Patrimonio de la Humanidad y aglutinan un apabullante…

 

Canto Coronato

Úbeda y Baeza. 

XV Festival Internacional de Música Antigua 2011

9.XII.2011 al 11.XII.2011

 

 

Asistencia media: 80%

Con éste son ya quince los años que el Festival Internacional de Música Antigua de Úbeda y Baeza lleva transitando por el panorama internacional de festivales. Está próximo a su mayoría de edad simbólica y, su madurez y consolidación, a pesar de los nefastos tiempos de crisis que estamos atravesando, son ya un hecho consumado. Además, se cuenta con un valor añadido dado que, estas dos ciudades jienenses ostentan el título conjunto de Patrimonio de la Humanidad y aglutinan un apabullante número de hermosas joyas arquitectónicas, notablemente, del periodo renacentista. Se puede decir que, como punto de partida, juegan con ventaja. Audioclásica tuvo el privilegio de asistir a los cinco últimos conciertos de esta XV edición, en un gélido fin de semana que castigó a los intérpretes, como hecho singular.

Lo que pudimos ver la noche del viernes 9 de diciembre en el Auditorio del Hospital de Santiago en Úbeda, el concierto titulado “Mediterraneum. Vanguardias musicales de Chipre a Aragón, 1420” no fue algo habitual. Tal es así porque resulta infrecuente que se transite por el denominado Ars subtilior, estilo musical que floreció en la Europa de los siglos XIV y XV. No sé si es éste el lugar pertinente para analizar las causas de tal circunstancia aunque, sí cabría destacar la dificultad técnica y la ausencia de aquello que los lingüistas denominan conciencia idiomática (en este caso musical) a la hora de abordar esta música que desconcierta por su doble condición de antigua y moderna al  mismo tiempo. Desde luego, los integrantes de Canto Coronato sí supieron hacer una lectura honesta y profunda que se concretó en un buen hacer, un hacer decoroso (en el sentido barroco del término), un hacer verosímil que nace del entendimiento profundo del texto literario y musical. Así, se nos presentó una sugerente selección de madrigales, motetes y chansons de autores como Ciconia, Perugia, Borlet y otros tantos anónimos coetáneos, que se realizó con una gran limpieza técnica y una honda capacidad para emocionar. Un entregado público supo reconocer el excelente el trabajo realizado por David Catalunya y su grupo. Cabe hacer especial mención para la soprano Laia Frigolé, quien demostró tener una enorme presencia sobre el escenario y una depurada técnica vocal.

En otro orden de cosas, hay que resaltar que no es habitual  asistir a un concierto celebrado en el interior de un espacio arquitectónico y comprobar cómo el vaho exhalado por la concurrencia se condensa. Como lo oyen: tal era el frío contra el que el contratenor Mark Chambers y el organista Andrés Cea hubieron de pelear la mañana del sábado 10 de diciembre en el interior de la iglesia ubedí de Santa María de los Reales Alcázares. Con esta premisa como punto de partida, cualquier juicio artístico resultaría fuera de lugar. Pese a todo, el dúo supo defender con dignidad un durísimo repertorio en su mayor parte de polifonía clásica nutrido con obras de autores como Monteverdi, Palestrina, Victoria, Cabezón y Frescobaldi pero, adaptado a la práctica denominada “cantar al órgano”, según terminología de la época. Esta práctica consistía en realizar adaptaciones de obras corales, para una sola voz (notablemente el tiple) y órgano con fines eminentemente prácticos. He aquí una constante en la historia de la música: el reciclaje de materiales con fines prácticos. Quizá proceda traer a colación –para no escandalizar a nadie reprobando esta práctica histórica– el más claro ejemplo de este tipo de reciclaje, el cual lo encontramos en los Madrigali Erotici e Spirituali de Claudio Monteverdi. Estas piezas, emparentadas por parejas, comparten una misma música pero, alternando textos profanos y religiosos. Queda así al descubierto con bastante evidencia cuándo una obra es originalmente concebida y cuándo se trata de una adaptación dado que, la fuerza retórica se pierde al eliminar los madrigalismos. Pues bien, se puede decir con cierto grado de certeza que el resultado artístico, en el caso que nos ocupa, estuvo vinculado con la adopción de esta singular práctica de “cantar al órgano” que en ocasiones elimina el idiomatismo con que ciertas obras han sido concebidas. Desde luego, hay que reconocer el valor de reconstrucción histórica y pedagógico de esta práctica, no muy frecuente de ver en los escenarios.

No hace demasiado tiempo, la historiografía musical en España abordaba nuestro denostado Barroco con una indiferencia justificada desde el desconocimiento e incluso (tal era el caso de los más osados) desde el desprecio del patrimonio musical propio. Generaciones de estudiantes han pasado por encima de esta música de puntillas. Afortunadamente, las cosas han cambiado sustancialmente e, incluso, se puede decir que nuestro siglo XVIII está hoy día de moda. Así lo pudimos verificar en el concierto acontecido en el Auditorio de San Francisco la noche del sábado 10 de diciembre. Eduardo López Banzo al frente de su grupo Al Ayre Español nos ofrecieron un monográfico dedicado a José de Nebra (salpicado con algunas sonatas de Scarlatti) en el que se presentaron cuatro Cantadas al Santísimo rescatadas de los archivos de las catedrales de Guatemala y Zaragoza por el propio director. Una interpretación espectacular por su calidad y virtuosismo fue la tónica dominante del concierto. Buena parte de la responsabilidad recae en la soprano María Espada, quien ostenta el privilegio de ser una de las cantantes más destacadas en la interpretación del repertorio barroco: soberbia dicción, hermoso timbre y exquisito fraseo son quizá las cualidades que mejor definen a esta cantante, quien fue muy hábilmente apoyada por la violinista primera Farran James. En conjunto, se puede hablar de una excelente labor musicológica e interpretativa.

La madrugada del sábado al domingo se presentaba, en el contexto del festival, levantando cierta expectación debido a una serie de circunstancias: la nocturnidad del concierto programado (que se iniciaba al filo de la media noche) más propia de un recital de jazz, el espectacular marco destinado a acoger la velada musical (la excepcional iglesia románica de la Santa Cruz de Baeza), incluso la habilidad por parte de la dirección del festival de no hacer coincidir este evento con otro destacado de carácter futbolístico auguraban una intensa y efectiva experiencia. Si a esto le sumamos que la primera parte de este ciclo en que se enmarcaba la cita –Del canto llano a las primeras polifonías– había corrido a cargo de Ensemble Organum, entonces, se podría decir que el ambiente estaba más que caldeado. Desde luego, la respuesta del público fue buena (más de un ochenta por ciento de asistencia) pero, lo cierto es que el grupo dirigido por Franciso Javier Lara no estuvo a la altura. A Schola Gregoriana Hispana se le puede achacar carecer de la capacidad de empaste y articulación necesarias para conseguir los resultados artísticos propios de este sutil repertorio. Tal vez el reproche pueda dirigirse a la directiva del festival por no lograr homogeneidad a la hora de concebir este pequeño ciclo o, tal vez, se explique desde una perspectiva logística que apunta a los recortes presupuestarios dado que, inicialmente dicho concierto estaba pensado dentro del ciclo Vandelvira, que pone el énfasis en el acercamiento de la música a distintos lugares de la provincia de Jaén, tomando como pretexto los edificios concebidos por el genial arquitecto.

El cierre del festival vino el domingo 10 de diciembre de la mano de Triorganum, grupo integrado por los trompetistas Vicente Alcaide y Rafael Ramírez y el organista Alberto de las Heras, todos ellos andaluces, quienes ofrecieron un digno final en la baezana Iglesia de Santa María del Alcázar y San Andrés. En un concierto presentado bajo el título Fanfarrias y sonatas barrocas, se pudo escuchar una interesante muestra del repertorio europeo de los siglos XVII y XVIII para órgano e instrumentos de viento (el programa combinaba hábilmente piezas originales para trompeta con transcripciones realizadas por el propio grupo). Telemann, Bach, Mouret, Biber y Buxtehude, entre otros, nutrieron casi hora y media de música ininterrumpida que puso a prueba (con éxito) la resistencia física de los trompetistas. A lo prolongado del programa habría que añadir dos particulares que hacen más titánica la proeza: una vez más, las bajas temperaturas en el interior del templo y la circunstancia de que los instrumentos empleados eran ¡Dos trompetas piccolo! Pero, más trascendente que cualquier valoración técnica o artística que podamos arrojar en estas líneas acerca de los contenidos musicales de esta última cita, resulta el análisis sociológico de lo que pudimos presenciar. El concierto debía tomar el relevo de la Santa Misa. Espectadores y crítica pudimos ver –con un estado de ánimo a medio camino entre la perplejidad y la resignación– como el templo se vaciaba inexorablemente pasando de un lleno total a quedar prácticamente vacío. Quizá por lo gélido de la mañana dominical, quizá por la excesiva duración del Oficio (que se prolongó media hora más de lo previsto con el consiguiente retraso del concierto), quizá por el azote del hambre (dada la proximidad de la hora de comer), o quizá por otras razones que escapan a nuestro entendimiento, el templo quedó desolado. Seamos realistas: más apuntan los tiros a unas inquietudes musicales poco consolidadas de nuestra ciudadanía.

 

Raúl Jiménez

Foto: Canto Coronato

Crédito fotográfico: J. Delgado