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Carlos Kalmar

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  La Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española (OSRTVE) aborda la nueva temporada con un rotundo cambio en la dirección al tomar Carlos Kalmar (uruguayo de nacimiento pero, de ascendencia y formación austríaca) el testigo dejado por Adrian Leaper. La diplomacia inglesa deja paso a la firmeza germánica. Recientemente tuvimos la oportunidad de hablar con él en el Teatro Monumental de Madrid. Carlos Kalmar no duda en calificarse a sí mismo como un músico sumamente cosmopolita. Basta remitirse a los hechos para corroborar tal afirmación: hijo de austriacos, nació en Uruguay, se formó en Viena y ha trabajado al frente…

Carlos Kalmar750 750 

La Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española (OSRTVE) aborda la nueva temporada con un rotundo cambio en la dirección al tomar Carlos Kalmar (uruguayo de nacimiento pero, de ascendencia y formación austríaca) el testigo dejado por Adrian Leaper. La diplomacia inglesa deja paso a la firmeza germánica. Recientemente tuvimos la oportunidad de hablar con él en el Teatro Monumental de Madrid.

Carlos Kalmar no duda en calificarse a sí mismo como un músico sumamente cosmopolita. Basta remitirse a los hechos para corroborar tal afirmación: hijo de austriacos, nació en Uruguay, se formó en Viena y ha trabajado al frente de formaciones tan diversas como la Hamburger Symphoniker, la Oregon Symphony o la Stuttgart Philharmonic. Así pues, no es casualidad que traiga consigo enérgicos y renovados aires que ya comienzan a materializarse en aspectos como la mejora en el rendimiento de la orquesta o el viraje de la programación hacia nuevos derroteros. Alex Ross, célebre crítico musical de The New Yorker y colaborador de esta publicación, calificó el debut de Kalmar al frente de la Oregon Simphony en el Carnegie Hall como “uno de los acontecimientos más emocionantes” de la pasada temporada. Esperemos que estas palabras de elogio se hagan eco en Madrid.

 

Un director muy exigente

Raúl Jiménez ¿Cómo surge la oportunidad de venir a trabajar con la Orquesta de Radio Televisión Española?

Carlos Kalmar. La Gerencia de la Orquesta contactó conmigo hace más de dos años con lo que, dispusimos de un tiempo bastante largo para pensarlo. Me dijeron que el contrato con Adrian Leaper había terminado, que todo había tenido un desarrollo correcto pero tenían intención de renovar la dirección tanto de la orquesta como del coro. En un principio me preguntaron si yo estaba interesado en aceptar la dirección a lo cual respondí que sí, que podíamos hablar dado que soy una persona abierta al diálogo y con curiosidad. Y así lo hicimos, hablamos muy abiertamente durante diez meses. Lo cierto es que estaba muy interesado en tener nuevamente, después de muchos años, un pie en Europa. Actualmente compagino mi presencia en España con la dirección de la Oregon Symphony y del Festival Grand Park de Chicago. La base de mi trabajo está en los Estados Unidos pero creo que es una buena idea estar aquí. Además, hay una afinidad con España debido al idioma que es muy obvia.

R. J. ¿Cuál fue la primera impresión al comenzar a trabajar?

C. K. La orquesta y yo ya nos habíamos conocido. No vine aquí a ser el titular sin haberla conocido antes. Pienso que eso no es acertado. Hablamos de una orquesta de mucho talento. Ahora bien, estamos en un periodo de adaptación en el que nos estamos conociendo los unos a los otros. Éste es un proceso completamente normal que se produce cada vez que se cambia de titular. Cada director tiene sus propios métodos de trabajo, quizá también las formas son diferentes pero en especial las cosas que uno quiere hacer con la música son diferentes. Éste es un proceso que dura, aproximadamente, un año y medio, hasta que se alcanza el entendimiento mutuo. Hasta el momento, los conciertos han ido bien, ya se perciben cambios en la forma en que toca la orquesta (calidad de sonido, capacidad de adaptarse a los distintos estilos…), pero ese trabajo va a continuar durante el primer año y medio hasta que la orquesta y yo hablemos el mismo idioma. A partir de ahí, prosigue el crecimiento artístico.

 

“Vengo con música americana”

R. J. Parece ser que, esta evolución que menciona es, incluso, reconocida por los propios músicos de la orquesta aunque, se rumorea que no está siendo fácil adaptarse al nuevo ritmo. Se están enfrentando a un buen número de obras nuevas con el consiguiente gasto de energía que ello conlleva.

C. K. Lo de las obras nuevas no es cierto. En realidad, esta orquesta –y esto es algo que siempre me ha gustado– tiene un repertorio muy grande, no es una orquesta de repertorio angosto basado en los clásicos y los románticos. Siempre se ha encargado de atender a los autores españoles contemporáneos y, durante el período con Adrian Leaper, como es lógico, de autores ingleses. Teniéndome a mí como titular, el repertorio lo quiero expandir (ya lo estoy haciendo); habiendo trabajado diez años en Estados Unidos y, siendo uruguayo, vengo con música americana. Como profesional y como persona soy extremadamente cosmopolita, me interesa todo. Así, puede ser que nuestros instrumentistas se encuentren de vez en cuando con obras que todavía no conocen tan bien. Por otra parte, he de decir que sí, que he oído esos rumores de que ahora tienen que trabajar más, pero soy un director de orquesta muy exigente. Debo decir que si uno tiene la ambición (creo que todos la tenemos) de mejorar, incluso de llegar a ser una de las mejores orquestas de este país, hay solamente una forma de alcanzar ese objetivo. Me temo que en nuestra profesión la única manera de lograrlo es trabajando y eso es exactamente lo que hago. Después de ocho conciertos con la orquesta ya se empiezan a percibir resultados. Pienso que es una formación con mucho potencial y el coro también.

R. J. ¿Se podría decir entonces que es una orquesta dúctil quizá, por su juventud?

C. K.  Sí. Se puede decir que se trata de una orquesta bastante joven. Siempre es bueno tener una mezcla. La juventud implica tener el hambre por conocer obras nuevas, por trabajar duro. De otra parte, es absolutamente necesario tener gente con veinte años de experiencia porque esa es la gente que nos guía. Pensemos que no es extraño que un joven músico toque por primera vez una obra como la Séptima Sinfonía de Beethoven (nos ha pasado a todos); el encontrarse entonces rodeado de gente que ya ha tocado la Séptima quince veces ayuda.

R. J. En una ocasión, un músico de esta misma orquesta, próximo a su jubilación, me comentaba que llegado a un cierto punto, acabas conociendo todo el repertorio, que las obras comenzaban a repetirse y me manifestaba su deseo de jubilarse.

C. K. No tengo dudas al respecto. Creo que eso tiene algo que ver con programación porque, por una parte, uno programa para el público y éste quiere mayoritariamente escuchar obras de repertorio. Después de treinta años de trabajo es lógico que se alcance ese punto. Así, lo importante de hacer programación es combinar las cosas muy bien. Por una parte, ofrecer al público le que quiere (Tchaikovsky, Beethoven, Brahms, etc.) y, por otra, mantener al público y a los músicos en alerta y darles cosas nuevas.

R. J. ¿No sería acertado buscar estrategias nuevas como por ejemplo, el formato pedagógico y divulgativo que emplea la Oregon Symphony denominado Preconcert Talks en el que Usted presenta en una breve entrevista el programa a interpretar?

C. K. Para una orquesta como esta, que tiene los medios de radio y televisión a su alcance, adoptar estas estrategias sería relativamente sencillo. Teniendo la posibilidad de entrevistar a músicos, incluyéndome a mí, más o menos elocuentes en lo que cuentan de la música, eso ayuda. Además, hoy día tenemos nuevas herramientas para divulgar que hace años no existían como Internet. Me consta que la orquesta tiene una página de Facebook. Por otra parte, nunca me ha gustado el modelo de director que lo único que hace es dirigir. En mi orquesta americana de Oregón hago lo que se llama Preconcert Talks en los que durante media hora, junto con un periodista, explico las obras que se van a ejecutar. Luego, ese trabajo lo colgamos en la página web. Otra estrategia, aquí la puse en práctica en el concierto de Navidad, consiste en presentar sobre el escenario obras nuevas que el público no conoce, hablar de ellas.

 

Energía y claridad

R. J. Hablando de técnica de dirección, me atrevería a decir que su gesto en el podio es muy enérgico y diáfano, muy claro ¿Estaría de acuerdo con esta afirmación?

C. K. No me gusta describir demasiado lo que hago, siempre que músicos tratan de describir mi técnica, hay dos conceptos que vienen a colación: energía y claridad. La energía es palpable y el músico siempre sabe dónde está. Dirijo con y para la orquesta. Para mi es fundamental que los músicos entiendan lo que quiero y un director se comunica a través de los gestos. No es necesario hablar durante los ensayos todo el tiempo, interrumpir a cada momento. Por supuesto, la comunicación no verbal es fundamental durante los conciertos y, para eso, dispongo de manos, rostro y ojos.

R. J. Me atrevería a decir también que, hay un amplio registro en su gesto. No me refiero sólo a lo netamente técnico –lo cual es evidente al cambiar de obra y autor–, sino a lo que va más allá, digamos, aquello que tiene que ver con la psicología, con el entendimiento profundo de cada obra y cada autor. Esto puede parecer obvio pero no se verifica en todos los directores de orquesta.

C. K. Estoy hasta cierto punto de acuerdo. No tengo secretos pero, aquello que se puede percibir en el gesto no lo hago de forma consciente. Veamos, puedo tener consciencia del estilo de Mozart, por poner un ejemplo, pero no del desarrollo del gesto que empleo dirigiendo a Mozart. La idea de fraseo, de sonido, la manera en que quiero que suene, tiene que ser extremadamente diferente a la empleada en un Malher. Por eso, la consecuencia puede ser un gesto distinto.

 

Primus inter pares

R. J. Esto me obliga a formularle la siguiente pregunta: ¿Cuál es la labor de un director? ¿Dónde empieza y dónde acaba?

C. K. Comienza con el estudio, con lo analítico y con saberse la obra muy bien. Antes de enfrentarse a la orquesta, un director debe saber qué es lo que quiere oír, hay que tener una visión acústica. Si no tengo idea de a dónde quiero llevar a los músicos, entonces, estoy perdido. Después, hay que guiar a la orquesta y para eso, dicho de forma simplificada, hay que ser bastante férreo pero, y eso es lo más importante, es absolutamente imprescindible dar a los músicos la libertad de expresarse ellos mismos. Al margen de la visión que yo tengo de las obras, me gusta mucho escuchar a mis músicos, especialmente, a los que son solistas. No tanto debido a que ellos tengan una opinión propia (que la tienen), sino porque dentro de los parámetros que yo pongo deben existir y tener una vida de libertad. Disponer de músicos oprimidos por la voluntad del director no me gusta, es algo que no funciona. Hay que buscar un equilibrio entre el guiar con mano muy fuerte pero no más de lo necesario. El saber dónde se establece lo adecuado requiere tiempo (ya dije, como un año y medio hasta que director y orquesta se conocen). Cuanto más tiempo trabaje una orquesta con un director titular, más libre será ésta. Es una cuestión de confianza mutua. Ya para acabar con esto, me gustaría añadir que un director es Primus inter pares: iguales porque somos todos músicos y, el primero, por ser el director. Eso, más o menos, explica lo que pienso.

R. J. Permítale que le haga una pregunta, quizá tópica, pero que nos puede conducir a respuestas interesantes ¿Cuáles son sus referentes en materia de dirección?

C. K. No hay. Existen directores de orquesta que, sencillamente, me encantan pero ¿influencia?, no. Sí que es cierto que hay algunos que me gustan mucho pero no quiero hacer música como ellos. En fin, supongo que si le hacen a un director de orquesta esta pregunta, el noventa por ciento de nosotros responderá que Carlos Kleiber pero yo no puedo ser él y no pienso seguirlo. He tenido la suerte de colaborar y de estar expuesto a las interpretaciones de Nikolaus Harnoncourt pero yo no puedo hacer música como él, no tengo su sabiduría. Aunque a algunos les parezca raro, siempre he sido muy aficionado a Herbert von Karajan; desde el punto de vista de la dirección es un fenómeno. Claudio Abbado es un ejemplo de expresividad en un concierto.

R. J. ¿Qué tal se lleva el andar cruzando constantemente el Atlántico?

C. K. Horrible. Horrible, pero ya se sabe que es algo a lo que un director de orquesta puede estar obligado, no soy el único que hace esto.

R. J. ¿Qué diferencias y semejanzas se podrían establecer entre las dos agrupaciones que dirige: la OSRTVE y la Oregon Symphony?

C. K. Primero, en una orquesta me encuentro en la novena temporada y en la otra, en la primera. Segundo, una es europea y la otra americana. Ello significa que –aunque las cosas están cambiando– en el caso de las primeras tienen ventajas en cuestiones de sonido y estilo (también la OSRTVE). Por otra parte, hay que decir que las orquestas americanas tienen ventaja en cuestiones de ritmo, técnica y disciplina: las orquestas americanas son más disciplinadas que las europeas.

R. J. ¿En que se concreta esa calidad de sonido a la que hace referencia?

C. K. Profundidad. Los alemanes son un excelente ejemplo de ello. Las orquestas americanas son más brillantes pero su sonido no es tan profundo. De todas formas, como consecuencia de la globalización, esto está cambiando y se tiende a unificar cada vez más. Me refiero a que la influencia de Europa, cuyo peso y tradición en la música clásica es incuestionable, está irrumpiendo en América. De todas formas, si la coyuntura económica sigue como hasta ahora, vamos a seguir teniendo las mejores orquestas a ambos lados del Atlántico: Viena, Berlín y Londres aquí, y Cleveland, Chicago y Philadelphia allá.

R. J. ¿Somos Europa?

C. K. Somos una parte de Europa. Mi ambición sólo tiene que ver con esta orquesta; no es que no me interese el trabajo de nuestros colegas pero lo que realmente me importa es el trabajo de mi propia orquesta de la cual soy responsable. Quiero que ésta sea de aquí a cuatro años la número uno en España. Cuando llegué a Oregón la orquesta era mediocre. Se empezaron a percibir resultados pronto pero no fue hasta los cuatro años cuándo comenzó a haber cambios. Ahora bien, me comentaban los músicos que cuando yo no estaba ahí, la orquesta bajaba su rendimiento. Ahora que llevo nueve años con ellos, la orquesta sigue sonando mejor cuando estoy yo, pero de cierto nivel no baja en mi ausencia. Quiero que esto llegue a ocurrir en la ORTVE en tres o cuatro años. Lo contrario no es admisible, la orquesta debe tener su propio nivel de autoexigencia. 

Textos: Raúl Jiménez

 

PERFIL BIOGRÁFICO

Uruguayo de padres austríacos, realiza sus estudios musicales en la Universität für Musik und Darstellende Kunst de Viena con el maestro Karl Österreicher. Ha dirigido formaciones como la Hamburger Symphoniker (1987-1991) o la Stuttgart Philharmonic (1991-1995). Desde hace doce años, Kalmar es el principal director del Grant Park Music Festival de Chicago. Actualmente compagina la titularidad de la Oregon Symphony con la Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española.

 

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