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CARL DALHAUS – HANS HEINRICH EGGEBRECHT

¿QUÉ ES LA MÚSICA? Traducción de L. A.: Bredlow Barcelona  Acantilado 2012 (204 pp.) ISBN: 978-84-15277-57-6 Valoración: ****   La editorial Acantilado acaba de publicar un nuevo título en relación directa con el fenómeno de la música, una apuesta valiente por el encuentro con un público potencial que, además de fiel oyente, desea leer sobre música. En ¿Qué es la música? los autores nos invitan a escudriñar sus secretos más íntimos. Y no solo como fenómeno estrictamente cultural occidental como respecto de su íntima naturaleza ontológica.  Y es que Carl Dahlhaus y Hans H. Eggebrecht -dos reconocidísimos musicólogos alemanes-, afrontan este reto…

L CarlDalhaus¿QUÉ ES LA MÚSICA?

Traducción de L. A.: Bredlow

Barcelona  Acantilado 2012 (204 pp.)

ISBN: 978-84-15277-57-6

Valoración: ****

 

La editorial Acantilado acaba de publicar un nuevo título en relación directa con el fenómeno de la música, una apuesta valiente por el encuentro con un público potencial que, además de fiel oyente, desea leer sobre música. En ¿Qué es la música? los autores nos invitan a escudriñar sus secretos más íntimos. Y no solo como fenómeno estrictamente cultural occidental como respecto de su íntima naturaleza ontológica. 

Y es que Carl Dahlhaus y Hans H. Eggebrecht -dos reconocidísimos musicólogos alemanes-, afrontan este reto de interés metafísico, principal cuestión de fondo y piedra angular en relación a la génesis primera de la música considerada como “un misterioso lenguaje”. O dicho, en palabras del propio Anton Webern, “un lenguaje que da forma a pensamientos musicales”.

Pero conviene no asustarse porque ¿Qué es la música? nos traza un recorrido  bien estructurado con enunciados muy concretos y redactados en una prosa carente de tecnicismos innecesarios -en una traducción al castellano clara y rigurosa-. Así el libro pretende de entrada neutralizar la cuestión inicial de si “¿existe ‘la música’?”, capítulo primero que, como el resto del libro, los autores desarrollan en perfecto contrapunto literario –tan solo en un capítulo se recurre a la forma dialogada-, de manera que se obtiene, más que una réplica mezclada, una visión ordenada de ideas complementarias. 

Así el resto de contenidos del libro se centra sobre diversas cuestiones que evitan cualquier alejamiento excesivo del punto de partida. A saber: “el concepto de música y  tradición europea”, o “el significado de lo extramusical”, o la disyuntiva -más aparente  que compleja- entre “música buena y mala”. O, por citar un tema que siempre se asocia dado un contexto así, la convivencia o vinculación directa entre “el tiempo y la música”. Capítulo éste que nos ha parecido especialmente lúcido e interesante por cuanto sortea con habilidad la sutil dificultad de considerar, por un lado, el concepto “tiempo” como espacio o segmento temporal “que todo proceso abarca”, -el proceso de una obra musical es su propio desarrollo cualitativo-. Estaríamos ante la definición más  aristotélica. O bien ésta otra de aroma más fenomenológico, por la cual la música encierra en sí misma “su exclusiva medida del tiempo” –el tiempo como subjetividad o tiempo de conciencia que diría Husserl-. En el sentido de que toda obra musical juega con su particular “presente-pasado-futuro”, puesto que finalmente es una narración o transcurso de acontecimientos sonoros que conforma un “tener”, un “retener” y un “protener”. Una pirueta discursiva que toda obra musical convoca en nuestra mente pues, siendo quizás el más inasible ejemplo de arte temporal, nos hace participar desde esa “multitemporalidad”. Por un lado cuando escuchamos ese instante “n” -motivo o elemento sonoro concreto que nos es dado en un “ahora” (“tener”)-, relacionándolo con un pasado reciente a través de nuestra memoria y que de nuevo “presentifica” cualquier motivo o tema musical anterior (a través de la capacidad que tenemos para “retener”). Mientras que también invita a nuestra capacidad de emplazar (esto es, “protener”). Es decir, convocar probables secuencias venideras –sean éstas de naturaleza afín o no a lo ya escuchado-. Quizás por eso Leonard Bernstein decía de Beethoven que “siempre elegía ‘el mejor’ de todos los compases siguientes posibles”.

Alabamos de nuevo la excelente implicación editorial en temas que pueden conllevar más o menos dificultad práctica, pero que a partir de esta acertada puesta en “negro sobre blanco” asegura precisamente que la música, tenga o no un trasfondo “extramusical” más o menos evidenciable, sea proyectada de forma amena y asequible a cualquier lector. Un correlato no precisamente histórico, sino amplio y original desde diversas consideraciones reflexivas como las que pueden obtenerse del resto de capítulos: su “significación estética e intención simbólica”, el “contenido musical” en sí mismo, las cualidades de la “belleza musical” o, como último capítulo, la vuelta al asunto principal -“¿qué es la música?”-, postludio en forma de recapitulación y que, más que cerrar un círculo que parecería repetitivo, invoca esa espiral ascendente que conlleva toda forma de conocimiento elevándose sobre sí misma. Una altura marcada justo en la medida en que cada uno de nosotros aspire a hacer suya aquella dificultad ontológica que la música atesora. 

Daniel Casado Miguélez