Audioclasica

18.V.12. ¡Mambo!

Varsovia. Temporada 2011/2012. Filarmónica Nacional. 20.IV.12. Obras de Bernstein, Ravel y Gershwin   Filarmónica Nacional. Temporada 2011/2012. Varsovia.    Leonard Bernstein: Tres episodios de baile del musical “On the Town”.  Baile sinfónico del musical “West Side Story” Maurice Ravel: Concierto para piano en Sol menor George Gershwin: Concierto para piano en Fa menor      ORQUESTA FILARMÓNICA DE VARSOVIA. PASCAL ROGÉ, piano. MICHAL NESTEROWITZ, director.   18.V.12   Aforo: 1.070 Asistencia: 90% Escuchar a la filarmónica gritando “¡Mambo¡” al ritmo de Bernstein y hacerlo con cierta gracia no es algo que suela suceder en Varsovia. Pero ocurrió y encima fue posible gracias a la batuta…

2 VARSOVIA_05_18_12_

Varsovia. Temporada 2011/2012. Filarmónica Nacional. 20.IV.12. Obras de Bernstein, Ravel y Gershwin

 

2 VARSOVIA_05_18_12_

Filarmónica Nacional. Temporada 2011/2012. Varsovia. 

 

Leonard Bernstein: Tres episodios de baile del musical “On the Town”. 

Baile sinfónico del musical “West Side Story”

Maurice Ravel: Concierto para piano en Sol menor

George Gershwin: Concierto para piano en Fa menor

 

  

ORQUESTA FILARMÓNICA DE VARSOVIA. PASCAL ROGÉ, piano. MICHAL NESTEROWITZ, director.

 

18.V.12

 

Aforo: 1.070 Asistencia: 90%

Escuchar a la filarmónica gritando “¡Mambo¡” al ritmo de Bernstein y hacerlo con cierta gracia no es algo que suela suceder en Varsovia. Pero ocurrió y encima fue posible gracias a la batuta de un polaco. Como lo oyen, para que luego digan. Deben ser sus años en España o su salero natural, pero lo cierto es que Nesterowicz, como director invitado en su tierra, se marcó él mismo unos pasos de rumba en el estrado y los bises de Bernstein retumbaron por todo el edificio.

Un concierto de programa atractivo, bailable, incluso. Algunos niños asomaban por el público, con unos padres que estaban casi seguros de que sus polluelos no caerían rendidos ni de aburrimiento ni de sueño. Y no se equivocaron. El 70º aniversario de la muerte de Ravel trajo a la capital polaca un repertorio con mucho swing: Bernstein, Gershwin y Ravel dirigidos por el susodicho polaco, que trató de sacar y marcar los ritmos a una orquesta cuyo punto fuerte no es precisamente éste. A nivel general, hay que decir que no salió nada mal, que ningún niño lloró ni se durmió –y ellos sí que son un público insobornable–.

El punto flojo desgraciadamente fue la obra del maestro homenajeado: el Ravel estuvo excesivamente lento, recreado hasta casi perder el Norte y con inexactitudes al comienzo de la obra imperdonables. Pascal Rogé hizo su particular interpretación abusando del ensimismamiento: le faltó brío y pulso, en una obra que precisamente requiere soltura, ligereza y la flexibilidad propia de la música raveliana de tintes jazzísticos que el concierto contiene. Licencias que, no por ser francés, habrían de ser lícitas.

El comienzo del primer movimiento sonó algo caótico en los entramados rítmicos, y la entrada del piano con el tema principal resultó excesivamente lenta, en un contraste demasiado abrupto. No se escucharon esos deliciosos compases en los que el piano imita la sierra del primer movimiento, ni la sencillez profunda del segundo –fue más bien, una interpretación plana y falta de expresividad. El tercer movimiento, eso sí, terminó clavado, con precisión de relojero y esto salvó un poco todo, aunque fuera en el último momento. El concierto quedó flojo, esa es la verdad, y los aplausos fueron casi de gentileza.

Rogé con el Gershwin pareció soltarse algo más, aunque los tempos continuaran siendo excesivamente dilatados, sin esa soltura de la música americana bien hecha. Nadie marcó el compás tímidamente con pies o manos, lo que escuchando piezas de este tipo resulta inevitable: la propia música lo pide, lo contagia. Sin embargo, hubo más misericordia del público que con el Ravel, y Rogé volvió a saludar por dos veces antes de tocar a Satie. Una propina muy acertada dadas las circunstancias y con una interpretación dulce y con brillo pausado que arrancó, posiblemente, los aplausos más sinceros de la velada para el pianista. Al menos con el postre dio en el clavo.

Pero sin duda, lo que más quedó en los oídos, y no por ser el final, fue el West Side Story y los pasos con gracia y casi seductores del director mostraron que se sentía más que a gusto en escena: por ser su tierra, por la calidad de la orquesta, por lo suculento del programa que pusieron un broche de esos que dejan una sonrisa por su calidad, belleza, coloratura, de ritmos y melodías tan pegadizos como conocidos.

Y así el público fue abandonando la sala, fue a recoger sus abrigos y casi parecía que se contuviesen para no marcar unos pasos de baile. Pareciera que todos pensaran “¡Mambo!” de vuelta a casa.

 

Inés R. Artola

 

Pie de foto: Michal Nesterowicz.

Crédito: Archivo Filarmónica Nacional de Varsovia.