Audioclasica

1.VI.12 al 17.VI.12 Algunos descendieron al Pireo

París. Festival Manifeste 2012. Del 1-VI-2012 al 17-VI-2012       París. Festival Manifeste 1-VI-2012 al 17-VI-2012.                                  Asistencia media: 90%   El tradicional Ágora del Ircam se ha reconvertido por completo –dada la absorción por parte de la institución del curso Acanthes durante la segunda quincena– pero manteniendo las fechas. Así, se pudo asistir en las primeras dos semanas de junio a un amplio número de conciertos, vertebrados en su gran mayoría por la presencia de los medios electroacústicos. En concreto, y siguiendo la estela…

Manoury cuadrada

París. Festival Manifeste 2012. Del 1-VI-2012 al 17-VI-2012

 

 

Manoury cuadrada

 

París. Festival Manifeste

1-VI-2012 al 17-VI-2012. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Asistencia media: 90%

 

El tradicional Ágora del Ircam se ha reconvertido por completo –dada la absorción por parte de la institución del curso Acanthes durante la segunda quincena– pero manteniendo las fechas. Así, se pudo asistir en las primeras dos semanas de junio a un amplio número de conciertos, vertebrados en su gran mayoría por la presencia de los medios electroacústicos. En concreto, y siguiendo la estela del pasado MUSICA en Estrasburgo, se homenajeó a Philippe Manoury con motivo de su sesenta aniversario, dado que es una figura histórica imprescindible en el desarrollo de la electrónica en real time. No deja de ser llamativo al respecto que, a excepción del exitoso estreno de su concierto para piano y orquesta Echo-Daimonon, las mejores obras de su catálogo entre las ofrecidas en Manifeste han sido aquellas sin electrónica. Es el caso por ejemplo de su notable concierto para violín, Synapse, interpretado con gran virtuosismo por Hae-Sun Kang. Volviendo al estreno de Echo-Daimonon, con esta obra ha logrado una de las más brillantes páginas de su catálogo. Una esmerada escritura pianística, vigorizada por su interacción con la electrónica, y una robusta orquestación hicieron de esta obra la mejor escucha del concierto de apertura del festival. Y toda una lástima, pues acompañaban al programa Mahler y Ligeti, el primero interpretado sin pena ni gloria, y el segundo literalmente masacrado por la orquesta.

Otros grandes momentos se vivieron de la mano de algunos jóvenes compositores. Tras una espectacular interpretación de Zyklus de Stockhausen por parte de Samuel Favre el día 16 de junio, prosiguió el concierto con sendas piezas de Roque Rivas y Ondrej Adámek. El chileno tuvo un reto difícil –acabar una obra contrarreloj porque sí, señores, en el Ircam también pueden desaparecer “por arte de magia” los ordenadores– del que salió airoso. Su concierto Assemblage fue redondo formalmente y de una interpretación absolutamente pulcra por parte del Ensemble intercontemporain. Bien puede señalarse al respecto la querencia en esta obra por una cierta gestualidad afín a la del último Boulez o a la de Jarrell, en la que los intérpretes de la agrupación francesa nadan como pez en el agua. Con Nôise de Adamek –que ya estrenara el Eic en su pasada temporada– llegó un cierre de concierto más iconoclasta. El gesto del compositor checo resulta ya absolutamente reconocible –y nació en 1979– así como de gran eficacia musical. De todas formas, su insistencia en lo que podríamos llamar unas “músicas del mundo” corre el riesgo de agotarse, y confiamos en su capacidad para paulatinamente reformular su discurso. No desearíamos que un músico tan dotado e imaginativo acabase por ser visto como una especie de “nuevo Mauricio Kagel” (o aún peor, “nuevo Osvaldo Goligov”). Ya en otro concierto, con los Diotima, merece ser igualmente reseñado el estreno de Édith Canat de Chizy, Over the sea, para acordeón y trío de cuerdas.

Pero no todos los estrenos fueron tan valiosos. Si desde esta tribuna hemos apoyado habitualmente la labor de Johannes Maria Staud, con su monodrama Le Voyage creemos que ha dado un paso en falso. Daba la sensación de estar asistiendo a un Hörspiel de hace décadas, más que ante la presumible frescura de un joven compositor. Es más, resulta difícil de comprender que en las notas al programa comparase sus preocupaciones por la electrónica con la “alta gastronomía”, para acabar utilizando un sonido ciertamente anticuado. Pero el mayor tropiezo lo vivimos con una obra orquestal. Si tras el estreno de Vulcano pronosticábamos con ilusión del futuro estreno de Inferno, dicho estreno ha sido abiertamente decepcionante. El ambicioso proyecto de Yann Robin para orquesta y electrónica titubeaba en un aspecto fundamental: su notoria falta de concreción formal en un amplio arco. Así, su planteamiento “saturacionista” sufrió serios problemas de articulación: la obra se desplegaba a tirones, a espasmos. Los materiales que propuso no daban para una obra de más de quince minutos de música… y llegamos a los cuarenta y cinco. A este respecto, merece nombrarse igualmente el espectáculo de danza de Raphaël Cendo, Night: Light, una obra mucho más efectiva que la anteriormente nombrada, pero también demasiado larga en nuestra opinión respecto de su propuesta sonora. ¿Quizás quien firma estas líneas está empezando a sentirse “saturado por la saturación”?

 

José Luis Besada

 

Foto: Philippe Manoury

Crédito: Philippe Gontier