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23.VI.12. Cautivante versión de un Verdi imperfecto

Milán. Teatro alla Scala. Temporada 2011/2012. 23-VI-2012 Giuseppe Verdi: Luisa Miller Aforo: 2.222 Asistencia: 95%       Milán. Teatro alla Scala. Temporada 2011/2012   23-VI-2012   ELENA MOSUC, MARCELO ÁLVAREZ, LEO NUCCI, DANIELA BARCELLONA, VITALIJ KOWALJOW, KWANGCHUL YOUN. ORQUESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. MARIO MARTONE, dirección de escena. GIANANDREA NOSEDA, dirección musical    Giuseppe Verdi: Luisa Miller   Aforo: 2.222 Asistencia: 95%     Luisa Miller, estrenada en el San Carlo de Nápoles en 1849, se sitúa en una época de transición dentro de la obra verdiana. En algunos aspectos pertenece, principalmente en lo que se refiere a las…

Luisa Miller_cuadrada

Milán. Teatro alla Scala. Temporada 2011/2012. 23-VI-2012

Giuseppe Verdi: Luisa Miller

Aforo: 2.222 Asistencia: 95%

 

 

Luisa Miller_cuadrada

 

Milán. Teatro alla Scala. Temporada 2011/2012

 

23-VI-2012

 

ELENA MOSUC, MARCELO ÁLVAREZ, LEO NUCCI, DANIELA BARCELLONA, VITALIJ KOWALJOW, KWANGCHUL YOUN. ORQUESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. MARIO MARTONE, dirección de escena. GIANANDREA NOSEDA, dirección musical 

 

Giuseppe Verdi: Luisa Miller

 

Aforo: 2.222 Asistencia: 95%

 

 

Luisa Miller, estrenada en el San Carlo de Nápoles en 1849, se sitúa en una época de transición dentro de la obra verdiana. En algunos aspectos pertenece, principalmente en lo que se refiere a las estructuras formales y al planteamiento dramatúrgico, a la primera producción del compositor y por otros inaugura una nueva etapa, donde el centro del drama se sitúa en el individuo dominado por una pasión que actúa como elemento catalizador en las relaciones humanas, familiares y sociales. Siguiendo este camino, al cabo de poco años, Verdi llegará a las primeras obras maestras de madurez: Rigoletto, Traviata y Trovatore. Estar a las puertas de una nueva etapa hace de Luisa Miller una ópera si bien sugestiva, no totalmente lograda. Sugestiva ya que las novedades en la inspiración musical y la inédita adhesión a las pasiones de los personajes llevan a momentos en que las sutilezas del pensamiento musical vitalizan de forma inédita las tradicionales formas melodramáticas. Y no del todo lograda, ya que Verdi no consigue alcanzar con naturaleza esa carga melódica y energía dramatúrgica que caracteriza su mejor obra. Esto no significa que Luisa Miller sea una ópera fallida, pero sin duda el drama burgués de Luisa, tal como se mostraba en la obra de Schiller Kabel und Liebe, no inspiró al compositor que trató llevar la historia hacia un terreno menos realista, consiguiendo una ópera imperfecta pero sin duda original y única. El resultado fue la evolución del argumento a una dimensión casi onírica en la que se estuviera desarrollando un cuento perturbador que inexorablemente se transforma en pesadilla. El amor entre Luisa y Rodolfo desemboca así en una tragedia sin esperanza o posible salida de la que son víctimas no solo los protagonistas sino también los padres de ambos. El director de escena Mario Martone ha sabido leer a la perfección este aspecto de la obra en su nueva producción para la Scala. Su interpretación ha sabido sacar a la luz la interioridad de los personajes con simplicidad, gran estilo y extremado respeto hacia las notas de Verdi. Una cama, dos padres, un hijo y una hija, un bosque, una claustrofóbica sala del poder (los bancos de un parlamento), una amante resentida y un demonio malvado: estos fueron los elementos de la acción y de la escena utilizados por Martone dentro de un marco atemporal donde la evolución interpersonal que se desarrolla entre los personajes se hace, escena tras escena, cada vez mas irremediablemente onírica. Una lectura magnifica y muy sugestiva que se vio correspondida con una interpretación musical igualmente efectiva si bien algo menos lograda. La dirección de Gianandrea Noseda fue sin duda tensa, brillante y llena de energía, pasión y respeto de la partitura de Verdi. Careció sin embargo de la justa entonación verdiana, aspecto este que reside, no solo en la forma de resaltar los acentos, sino también en la manera resolver las pausas entre, y, en los números musicales.

El reparto fue efectivo, aunque no todo a la misma altura. Elena Moscu estuvo excelente como Luisa, sobre todo en las secciones que requerían a la intérprete una marcada inflexión lírica en la expresión. Algo que faltó a Marcelo Álvares, tenor que tiene sin duda todos los recursos necesarios para ser un excelente Rodolfo. A lo largo de la representación pareció sin embargo sufrir cierto desgaste vocal así como dificultad en la respiración, aspectos que le llevaron hacia una interpretación algo estentórea del personaje. Contrariamente perfecto el Miller de Leo Nucci, voz que a pesar de los años sigue siendo flexible y potente, así como la Federica de Daniela Barcellona. Esta cantante después de varios años dedicados al repertorio barroco y rossiniano parece tener ya el timbre y la potencia vocal necesarios para enfrentarse con éxito a otros papeles verdianos. Efectivos y vocalmente sin fisuras Vitalij Kowaljow como Walter y Kwangchul Youn en el papel del villano Wurm. Éxito contundente, sobre todo para los cantantes, que se reflejó al final de la velada.

 

Gian Giacomo Stiffoni