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24.VI.2012. Il faut être absolument moderne

Las noches del Real. Teatro Real. 24-VI-2012.  Claudio Monteverdi (arr. Philippe Boesmans): La coronación de Popea (Poppea e Nerone).   Madrid. Teatro Real. 24.VI.2012.   NADJA MICHAEL, EKATERINA SIURINA, sopranos.  MARIA RICCARDA WESSELING, HANNA ESTHER MINUTILLO, mezzosopranos. JADWIGA RAPPÉ, contralto. WILLIAM TOWERS, SERGE KAKUDJI, contratenores. CHARLES CASTRONOVO, JOSÉ MANUEL ZAPATA, JUAN FRANCISCO GATELL, tenores. WILLARD WHITE, bajo. KLANGFORUM WIEN. SYLVAIN CAMBRELING, director.   Claudio Monteverdi (arr. Philippe Boesmans): La coronación de Popea (Poppea e Nerone).   Aforo: 1.854 Asistencia: 95%   Conforme avanza la segunda temporada Mortier, parece cada vez más claro que el principal objetivo del polémico gestor consiste, no tanto…

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Las noches del Real. Teatro Real. 24-VI-2012. 

Claudio Monteverdi (arr. Philippe Boesmans): La coronación de Popea (Poppea e Nerone).

 

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Madrid. Teatro Real.

24.VI.2012.

 

NADJA MICHAEL, EKATERINA SIURINA, sopranos.  MARIA RICCARDA WESSELING, HANNA ESTHER MINUTILLO, mezzosopranos. JADWIGA RAPPÉ, contralto. WILLIAM TOWERS, SERGE KAKUDJI, contratenores. CHARLES CASTRONOVO, JOSÉ MANUEL ZAPATA, JUAN FRANCISCO GATELL, tenores. WILLARD WHITE, bajo. KLANGFORUM WIEN. SYLVAIN CAMBRELING, director.

 

Claudio Monteverdi (arr. Philippe Boesmans): La coronación de Popea (Poppea e Nerone).

 

Aforo: 1.854 Asistencia: 95%

 

Conforme avanza la segunda temporada Mortier, parece cada vez más claro que el principal objetivo del polémico gestor consiste, no tanto en la renovación del repertorio como en la renovación del público del Real. Y si por un lado es cierto que el coliseo madrileño necesitaba urgentemente este tipo de políticas, no menos cierto es que -a la vista de los resultados artísticos cosechados durante estos dos últimos años- los criterios estéticos blandidos desde la dirección no son tan puros ni tan sólidos como se pretendía: no tan puros por apuntar más a la proyección pública que a la realización artística, ni tan sólidos porque en ocasiones muestran incomprensibles concesiones al esnobismo y al derroche de dinero público. Por expresarlo con ejemplos: ¿por qué la carísima cúpula del San Francisco de Asís dio más que hablar el año pasado que la música de Messiaen? O centrándonos en Nerone e Poppea ¿por qué traer al Klangforum de Viena a Madrid durante un mes para tocar una partitura que no habría ofrecido problemas ni a la orquesta titular ni a cualquier otra orquesta convencional? Visto lo visto, parece que desmerecer la ópera italiana romántica y verista solo era una (fácil) coartada para trazar unos umbrales mínimos de categoría artística que en realidad son bastante menos exigentes de lo que se pretendía.

Quizá se trataba de convencer de la modernidad de la propuesta (¡estamos ante un estreno mundial!), pero la verdad es que aquí lo menos moderno fue la parte musical. Estamos de hecho ante una versión de la ópera monteverdiana que mantiene a menudo el recitativo seco y que añade arreglos orquestales que en ocasiones parecen firmados por Raymond Leppard y en otras por el Antón García Abril más “costumbrista”. Es cierto que en ocasiones la diversidad tímbrica realza las palabras (trémolos sul ponticello cuando Popea sugiere a Nerón la muerte de Séneca), pero a cambio tenemos una pérdida del ritmo prosódico original (¡tan importante en la ópera del XVII!) debido al cuadriculado recitativo domeñado por unos músicos y un director absolutamente inexpertos en la ópera barroca y la dictadura del metro impuesta por los arreglos. Gracias a estas circunstancias -y a la falta de nervio y pericia de Cambreling- tuvimos una función de casi cuatro horas de música que en los momentos más tediosos nos recordó dolorosamente a la soporífera versión que registró otro intruso de la ópera barroca -esta vez, rossiniano- hace ya unos cuantos años.

La dirección escénica de Krzysztof Warlikowski también pugnó por demostrar su gaycidad -perdón, modernidad-, aunque en este caso lo irritante fue la errática combinación de buenas ideas -el prólogo, la inserción del duo lésbico del paje y la dama en la muerte de Séneca, como un último anhelo de la juventud del viejo filósofo-, con otras caprichosas -metamorfosis sexual de la nodriza, ¿y de Nerón y Popea?- y otras absolutamente banales -el lictor anuncia la muerte a Séneca recién salido de un pub gay de los años de la movida, un figurante masculino en plan chapero pasea por allí mientras Otón confiesa a Drusila su plan de asesinato-. En la lectura del drama hay más Suetonio que Busenello, y por si faltaban harinas que mezclar tenemos de fondo los filmes nazis de Leni Riefensthal y un travestismo epidémico. En fin, más vale juntar muchas ideas que desarrollar alguna de ellas con un mínimo de coherencia.

La parte vocal se beneficia de la ambigüedad estilística de la propuesta: Charles Castronovo hizo un fantástico Nerón en clave Duque de Mantua, Nadja Michael una estentórea Popea que recordaba a su Salomé y Willard White un carismático Séneca que parecía una reencarnación de Wotan. En una línea estilística más “monteverdiana”, Maria Riccarda Wesseling hizo una noble Ottavia mientras William Towers cantó su Otón en un hilo de voz -proceso gripal-. Entre los cantantes autóctonos, un simpático José Manuel Zapata (nodriza) se estrelló en su nana “Adagiati Poppea” antes de bordar el “Oggi sarà Poppea”. ¿Alguien sabía cómo debe cantarse un Monteverdi reorquestado en el siglo XXI? Creo que nadie lo sabemos. Es un peaje a pagar -y no el más grave, desde luego- cuando queremos ser modernos a cualquier precio.

 

Rafael Fernández de Larrinoa

 

Pie de foto: Charles Castronovo y Juan Francisco Gatell como Nerone y Lucano.

Crédito: Javier del Real.