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6.XI.12. Le nozze de Strehler vuelve a Bastilla

París. Teatro de la Bastilla. 6-XI-2012 Asistencia: 99%     París. Temporada de ópera 2012/2013   9-XI-2012 LUCA PISARONI, EMMA BELL, EKATERINA SIURINA, ALEX ESPOSITO, ANNA GREVELIUS, MARIE MCLAUGHLIN, ZOE NICOLAIDOU. ORQUESTA Y CORO DE LA ÓPERA NACIONAL DE PARÍS. GIORGIO STREHLER y HUMBERT CAMERLO, dirección escénica. EVELINO PIDÒ, dirección musical.    Mozart: Le nozze di Figaro   Aforo: 2.700 Asistencia: 99%     Tras la era Mortier la Ópera de París ha cambiado radicalmente su línea artística yendo al extremo opuesto de las provocaciones y las controvertidas ideas del director belga. La programación de la presente temporada, bajo la dirección…

París. Teatro de la Bastilla. 6-XI-2012

Asistencia: 99%

 

 

París. Temporada de ópera 2012/2013

 

9-XI-2012

LUCA PISARONI, EMMA BELL, EKATERINA SIURINA, ALEX ESPOSITO, ANNA GREVELIUS, MARIE MCLAUGHLIN, ZOE NICOLAIDOU. ORQUESTA Y CORO DE LA ÓPERA NACIONAL DE PARÍS. GIORGIO STREHLER y HUMBERT CAMERLO, dirección escénica. EVELINO PIDÒ, dirección musical. 

 

Mozart: Le nozze di Figaro

 

Aforo: 2.700 Asistencia: 99%

 

 

Tras la era Mortier la Ópera de París ha cambiado radicalmente su línea artística yendo al extremo opuesto de las provocaciones y las controvertidas ideas del director belga. La programación de la presente temporada, bajo la dirección de Nicolas Joel –quien, el pasado día 7, renunció a renovar su cargo debido a los recortes–, se consagra a títulos clásicos del repertorio y a producciones que rehúyen toda excentricidad. Así estas Bodas de Fígaro de la legendaria producción de Giorgio Strehler de 1973, que fueron registradas en DVD en 2010 en Bastilla, y que visitaron La Scala de Milán el pasado mes de abril. La propuesta centra sus esfuerzos en subrayar los elementos fundamentales de la genial trama de Beaumarché y se recrea en la plasticidad y la belleza escénica, con espacios de gran amplitud. La cima de esta idea se alcanza en el tercer acto, en el que encontramos una galería de una extraordinaria profundidad articulada por una serie de arcadas a través de las cuales penetra una cálida luz que enriquece la austeridad de los muros. Únicamente un clave en primer plano rompe el vacío de la sala cuya superficie se reviste de un color neutro para resaltar la riqueza cromática de los siempre exquisitos vestidos de los personajes principales. A los cantantes primarios y comprimarios se añade el cuerpo de baile –en la genial marcha y en la danza “alla española”– y el coro. Con todo ello consigue Strehler un cuadro de enorme viveza y dinamismo de gran impacto visual.

 

Desde el punto de vista vocal, destacamos el trabajo de Ekaterina Siurina (ya presente en 2010), que en el último momento ha tenido que reemplazar a Camila Tilling. La cantante rusa parece encontrarse en su medio natural y se desenvuelve con gracia, vitalidad y una insólita facilidad en el rol de Susanna. Su actuación in crescendo termina por conseguir los más calurosos aplausos del público. Emma Bell alcanza uno de los momentos más emotivos de la representación en su aria “Dove sono”, por su fraseo, su control del aire y la credibilidad que logra dar al momento. Para ello se ve arropada por una orquesta muy bien regulada en los matices, como en el pianissimo del da capo. Es también destacable el Conde de Almavida de Luca Pisaroni (Figaro en la producción editada en DVD) por su presencia y su consistencia vocal en todo momento. Menos acertada, a pesar de un notable papel actoral, la Marcellina de Marie McLaughlin con un canto que se deshace en portamentos. Alex Exposito se encuentra con graves problemas para acoplarse a la orquesta y su canto se retrasa constantemente, especialmente en el primer acto. Digna, por último, Anna Grevelius –por primera vez en la Ópera de París– como Cherubino y muy notable la actuación de Zoe Nicolaidou en su cavatina “L´ho perduta”.

 

Los problemas más graves vinieron, no obstante, de una muy débil dirección musical a cargo de Evelino Pidò, incapaz de llevar adelante los números grupales, siempre desajustados, y de motivar a los músicos, totalmente ajenos a sus indicaciones. Tampoco estuvo acertado con la elección de unos tempi, en exceso pausados, que restaron viveza a la representación. Por último, correcta la orquesta –al margen del desmedido vibrato de la cuerda–, y pobre el coro, incapaz de articular, de hacer comprensible el texto y de conseguir una sonoridad empastada y conjunta de todas las voces.

 

Miguel Morate Benito

 

Pie de foto: escena del segundo acto de Le nozze di Figaro en la producción de Giorgio Strehler llevada a cabo por Humbert Camerlo.

Crédito: Opéra national de Paris/ F. Toulet