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CHRISTIAN THIELEMANN

GALA LEHÁR DESDE LA SEMPEROPER DE DRESDE Staatskapelle Dresden. Christian Thielemann, director. Denoke, Labin, Beczala DEUTSCHE GRAMMOPHON 479 0050 DDD CD 80:40 2011 Sonido: **** / Valoración: **** Distribución: Universal     He aquí un disco sorprendente. Es bien conocida la afinidad de Christian Thielemann con el repertorio germánico romántico, especialmente con pesos pesados como Beethoven, Bruckner, Strauss y Wagner, en cuyas obras ha dado no sólo muestras sobradas de su capacidad, sino incluso de genialidad.  De ahí la sorpresa por la versatilidad y el gran acierto de su dirección en esta selección de uno de los reyes de la…

B ThielemannGALA LEHÁR DESDE LA SEMPEROPER DE DRESDE

Staatskapelle Dresden. Christian Thielemann, director. Denoke, Labin, Beczala

DEUTSCHE GRAMMOPHON 479 0050 DDD CD 80:40 2011

Sonido: **** / Valoración: ****

Distribución: Universal

 

 

He aquí un disco sorprendente. Es bien conocida la afinidad de Christian Thielemann con el repertorio germánico romántico, especialmente con pesos pesados como Beethoven, Bruckner, Strauss y Wagner, en cuyas obras ha dado no sólo muestras sobradas de su capacidad, sino incluso de genialidad. 

De ahí la sorpresa por la versatilidad y el gran acierto de su dirección en esta selección de uno de los reyes de la opereta centroeuropea, Franz Lehár, siguiendo la senda iniciada el año anterior de otra Operetta Gala con una selección de La viuda alegre. La acogida tan favorable de esa vuelta de tuerca en su carrera le llevó a arriesgar más, queriendo presentar a Lehár como un compositor de gran versatilidad y maestría al escoger piezas no sólo de los grandes éxitos de madurez (Paganini, El país de las sonrisas, El Zarevich, Friederike y Giuditta) sino también de obras maestras más tempranas como Der Göttergatte, El conde de Luxemburgo y Amor gitano. El resultado es un programa muy dinámico y variado, en el que la alta inspiración de las piezas no decae nunca, justificando plenamente la elección y la extensión.

Parte fundamental son todos los intérpretes. La orquesta está simplemente perfecta en su cometido, ligero, chispeante, lleno de romanticismo y candor, en perfecta comunión con el director. No se limita a acompañar, sino que se luce (¡y de qué manera!) en el Vals de Giuditta que abre el recital, el Intermezzo de El conde de Luxembrugo, la obertura de Der Göttergatte o la escena de ballet Zigeunerfest.

No van a la zaga los solistas, por separado o juntamente. Escuchando a Piotr Beczala resulta imposible no acordarse de Fritz Wunderlich por la calidez del instrumento de lírico puro, la luminosidad del canto y la firmeza del instrumento en toda la gama, ya desde la inicial “Freunde, das Leben ist lebenswert” de Giuditta, piedra de toque para los tenores del área germánica y preludio de lo que estaba por llegar con “Gern hab ich die Frau’n geküsst” de Paganini y  “Dein ist mein ganzes Herz” de El país de las sonrisas. El tenor polaco conquista con un canto sencillo y directo, de agudos fáciles. La claridad de la dicción y la elegancia de las maneras recuerdan a otro grande de la opereta, el sueco Nicolai Gedda (aquí es evidente la mano de su maestra, Sena Jurinac, de la que habla con devoción). “Warum soll eine Frau kein Verhältnis haben”, de Eine Frau, die weiß, was sie will de Oscar Strauss, es el colofón perfecto a su intervención, ya en los bises.

En un ejercicio de estímulo mutuo en el que saltan chispas los dúos de El zarevich y Paganini con Angela Denoke operan maravillas. La soprano alemana, que está también desarrollando una buena carrera internacional nada asociada al mundo de la opereta, es una compañera a su altura gracias a su instrumento denso y el timbre oscuro, que sientan como un guante a todas sus intervenciones.

Ana Maria Labin es menos conocida, aunque su nombre sube como la espuma y su participación en esta gala la sitúa en la cresta de la ola. Su voz más ligera y cristalina contrasta oportunamente con la de Denoke, siendo un vehículo perfecto para piezas como “Wär es auch nichts als ein Augenblick”, el vals de Eva.

La savia nueva que Dresde insufla a la opereta termina dando una buena sacudida a la solemnidad vetusta que destila últimamente Viena en los conciertos de Año Nuevo.

 

Raúl González Arévalo